Un productor medio de soja obtendrá márgenes brutos por hectárea que oscilan entre los 720 y los 1.300 pesos por cosecha, según la zona y el tipo de siembra -directa o convencional- que utilice de acuerdo con proyecciones técnicas oficiales.

En un estudio realizado por la Dirección de Estudios Agrarios de la Secretaría de Agricultura, se analizaron los costos de la producción de una hectárea de soja con rendimientos entre 3,4 y 25 toneladas por hectárea, con un precio hipotético a cosecha de 670 pesos la tonelada. Con un ingreso bruto de 2.278 pesos por hectárea en la región pampeana más fértil, este productor medio es propietario del campo; y si arrendara a otro la tierra, sus costos se reducirían dramáticamente.
El ingreso bruto surge de multiplicar el valor del grano por las toneladas cosechadas, y deducidos los gastos, se obtiene el margen bruto de ganancia.
El proceso comienza con la adquisición de la semilla RR (transgénica, resistente al herbicida glifosato). Para sembrar son necesarios alrededor de 75 kilogramos de semilla por hectárea: unos 115 pesos en total.
La compra de agroquímicos que insume el cultivo de la soja no supera los 300 pesos por hectárea (inoculantes con bacterias fijadoras de nitrógeno para las raíces, herbicidas, glifosato para eliminar las malezas, fungicidas y otros protectores para combatir enfermedades, e incluso algunos fertilizantes.
La siembra directa en la región pampeana cuesta alrededor de 67 pesos por hectárea. Son necesarias además tres pulverizaciones terrestres de herbicidas, fertilizantes y fungicidas con un costo total de unos 45 pesos, y una aplicación aérea (cuando el cultivo está crecido o no hay "piso" porque ha llovido y las máquinas se enterrarían) que según la zona, ronda entre los 18 a 25 pesos por hectárea.
La soja "de primera", que se sembró hacia fines de octubre y durante noviembre, se cosecha a partir de abril, según sean cultivos de ciclos cortos, medianos o más largos.
El contratista de la cosecha cobrará el 8 por ciento del valor del tonelaje obtenido. En esta fase, el productor afronta otros gastos de la comercialización que totalizan unos 60 pesos por hectárea (comisión del 3 por ciento que cobra la cooperativa o el acopiador, y un 2,5 por ciento de impuestos, se suman labores de reducción de la humedad del grano y fletes cortos o largos para trasladar el grano).
La incertidumbre climática aumentó la tendencia a asegurar los cultivos contra granizo y otras contingencias que implica sumar además el 3,3 por ciento del valor asegurado a cosecha más impuesto al valor agregado. El productor también debe pagar durante el año un impuesto inmobiliario en cuotas, más tasas de mantenimiento de caminos, los gastos de estructura que implican movilidad, administración y sostenimiento de la infraestructura.
Si el campo abona el Impuesto a las Ganancias con una alícuota del 35 por ciento, los números, a lo largo del año, toman otra magnitud.

fuente http://www.laopinion-rafaela.com.ar/opinion/2008/01/08/c810811.php