Prohibido reir. Claire Scott es una británica que por prescripción médica debe mantener un rostro inexpresivo. No puede reír y si lo hace, sus músculos se debilitan hasta quedarse totalmente dormida.

La razón de su compleja situación es un raro trastorno del sueño conocido bajo el nombre de cataplexia o cataplejía, que produce la pérdida bilateral del tono muscular cuando se producen emociones intensas. En el caso de Claire, la emoción intensa que activa su enfermedad se llama risa. Si suelta una carjada, repentinamente se desploma, como cuando un artista suelta los hilos de su marioneta.

En una entrevista al diario Daily Mail, esta joven madre de tan solo 24 años, ha declarado que el último episodio lo sufrió hace tan solo unas semanas, cuando su hija Ebony, de solo cinco, le contó un chiste que había aprendido en el colegio: «Lo siguiente que recuerdo es a mi marido recogiéndome del suelo. Otras veces me he quedado dormida mientras iba caminando por la calle. Es tan extraño para la gente que me resulta realmente embarazoso».

Lo cierto es que Claire convive con su trastorno desde que era pequeña, padeciendo estos colapsos hasta 50 veces al día. Incluso, tal y como ha señalado en otra entrevista a The Sun, en la comida de Navidad llegó a dormirse en 25 ocasiones. Es lo que tienen las comidas familiares, pensarán.

Su trastorno, catalogado como una variante de narcolepsia, forma parte del grupo de las «enfermedades raras», aquellas que tienen una baja incidencia en la población (afectan a menos de 5 de cada 10.000 habitantes). Sin embargo, este bajo porcentaje no significa que pocas personas las sufran. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), existen cerca de 7.000 enfermedades raras que afectan al 7% de la población mundial. En total, se estima que en España existen más de 3 millones de personas con enfermedades poco frecuentes.