El Frente Nacional Campesino y un pedido irrealizable

El sacrificio del Frente Nacional Campesino y un pedido irrealizable


El Frente Nacional Campesino y un pedido irrealizable



El 4 de abril, una columna de militantes del FNC salió desde Fortín Belgrano, Salta, con destino a Buenos Aires, pasando por Formosa, Chaco y Santa Fe -en un itinerario de más 1.700 kilómetros. El objetivo de semejante "sacrificio" fue el de "pedir que se tomen medidas que pongan en marcha un nuevo modelo agropecuario en la Argentina, en el marco de la profundización del proyecto nacional y popular conducido por la Presidenta Dra. Cristina Fernández de Kirchner".

Lamentablemente, el pedido es irrealizable. Entendemos que el FNC lucha por cambiar el actual "modelo" de la gran agricultura comercial de exportación, por otro que respete a los "campesinos" asentados en el mercado interno. Pero los dirigentes del FNC deberían saber que el perfil agroexportador del país está indisociablemente unido a su carácter dependiente y atrasado, y éste a la incapacidad de la burguesía nativa de desarrollar una lucha consecuente por la industrialización nacional y contra el estrecho lugar que el imperialismo nos deja en el mercado mundial. Los Kirchner vienen diciendo desde que llegaron al gobierno que hay que reconstruir la burguesía nacional, porque esta sería la base del proyecto nacional y popular y de la alianza entre el capital y el trabajo que promueven. Pero lo cierto es que ya transcurrieron ocho años de administración K y crecimiento económico récord, sin una sola señal que aliente a pensar en que esto sea posible -hecho que confirma una vez más la tesis de que la burguesía, en el capitalismo avanzado, se ha vuelto necesariamente conservadora, por más dependiente que sea el país en cuestión.

Por el contrario, lo que se observa en Argentina no es el desarrollo nacional asentado en la ampliación de la industria mediante la reinversión de la ganancia (plusvalía), sino la fuga de capitales -que, dicho sea de paso, no hace más que acentuarse en este 2011. Tampoco observamos el desarrollo de la industria, sino su transformación en una factoría que ensambla componentes importados. Menos aún vemos la estatización del comercio exterior para nacionalizar definitivamente la renta agraria, o la estatización de los recursos estratégicos de la nación como la minería, el petróleo, las telecomunicaciones, etc. Sí vemos una política fenomenal de subsidios a los capitalistas extranjeros y nacionales que buscan promover el consumo -y no la inversión que amplíe la base industrial. También observamos permisos leoninos para la explotación de nuestros recursos. La pata del modelo fue la devaluación que abarató el salario y salvó a la burguesía de la competencia mundial, en el contexto de precios históricamente altos de las materias primas. Así se logró frenar la importación de ciertos bienes y alentar la exportación de otros como los agropecuarios, que componen la mitad de las exportaciones nacionales y es de donde se obtienen las divisas que permiten mantener la política monetaria y los subsidios.

Al pedir un cambio en el modelo agropecuario, el FNC pide, sin saberlo, un cambio en la política nacional de conjunto, porque es imposible que Cristina Kirchner se suicide descartando la gallina de los huevos de oro "verde". Este hecho exige, a su vez, un cambio en la clase social en el poder, ya que la burguesía "nacional" se ha mostrado una vez más incapaz de realizar el desarrollo nacional. Por esto, el FNC debería repensar su ubicación política en la lucha de clases en Argentina, y en vez de pedirle peras al olmo, sosteniendo a un gobierno ajeno a sus intereses, reforzar su alianza con los asalariados del campo y la ciudad, luchando de manera independiente por un gobierno de trabajadores, ya que es esta la única clase social que se ve facultada para luchar consecuentemente por el desarrollo nacional y contra toda forma de explotación nacional y extranjera.

La única profundización que el gobierno de Cristina Fernández prepara para el campo es la de la expropiación de los pequeños productores y del semiproletariado rural, y su sustitución por soja, pinos, eucaliptus y vacas. Esta tendencia se agravará al calor de la crisis mundial, que ya está comiéndose el superávit comercial. ¿Va la Presidenta, en este contexto, a modificar alguna política de "fondo" para el campo, como piden las organizaciones campesinas?

¡Por la unidad del movimiento obrero con el movimiento campesino y semiproletario!

¡La tierra para quien la trabaja! ¡Basta de desalojos en el campo!

¡Por un partido de combate para luchar contra nuestros verdugos de adentro y de afuera!


Miguel Ramírez

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