Artista fue violada y asesinada por “confiar en los demás”, durante un proyecto artístico


Violada y asesinada por confiar


Objetivo. La artista se vistió de novia y se fue de viaje por los lugares más peligrosos del mundo para demostrar que “quien confía en los demás sólo recibe cosas buenas”. Se equivocó.

Hay quien en nombre del arte se ha pegado un tiro en el brazo, como hizo en 1971 el artista estadounidense Chris Burden. Hay quien, como el italiano Vito Acconci, se ha pasado varios días enclaustrado bajo el suelo de una sala de exposiciones.
La artista serbia Marina Abramovic tampoco se ha quedado corta: en una de sus acciones se acuchilló el cuerpo en una galería de arte hasta que uno de los espectadores la detuvo. Pero nadie ha pagado nunca un precio tan alto en nombre del arte como el que Giuseppina Pasquialino di Marineo, alias “Pippa Bacca”, acaba de pagar.
Como corresponde a un artista, “Pippa” era diferente. Siempre iba vestida de verde, su color favorito. Y a sus 33 años derrochaba candidez y optimismo a raudales. El planeta, para esta milanesa, era un lugar maravilloso.
Se ganaba el pan como operadora a tiempo parcial de un call center. Pero su verdadera vida empezaba después del trabajo, cuando se sumergía en el mundo del arte y daba rienda suelta a su innata creatividad.
Lo llevaba en los genes: era sobrina de Piero Manzoni, el famoso y provocador artista que en 1960 escandalizó al mundo al envasar 30 gramos de sus excrementos en 90 latas y venderlos a precio de oro. Lo que “Pippa” no sabía es, que al igual que su tío, que falleció a los 30 años de un infarto, también ella estaba condenada a morir joven.
Fue en el semisótano donde tenía su taller -y que su madre le acababa de regalar tras vender por una suculenta suma un cuadro del cotizado tío Manzoni- donde “Pippa” parió el que sería su último proyecto artístico: decidió que en nombre de la paz recorrería, junto a la también artista Silvia Moro, varios países escenarios de recientes conflictos bélicos vestidas las dos con inmaculados trajes blancos de novia y desplazándose “a dedo”.
“Quiero demostrar que cuando uno confía en los demás recibe sólo cosas buenas”, aseguró “Pippa” antes de partir.
La idea de la performance era que las dos artistas atravesaran a dedo los Balcanes y recorrieran todo Oriente Medio hasta llegar a Jerusalén vestidas siempre de novias, de tal manera que los trajes nupciales se convirtieran en una especie de lienzo en el que quedara plasmada la experiencia del viaje.

Viajar “a dedo”

“Pippa” pidió permiso en su trabajo para ausentarse hasta finales de abril. Y el pasado 4 de marzo ella y la también artista Silvia Moro dieron el pistoletazo de salida a su viaje performance. Salieron de Milán y, siempre vestidas de novias y haciendo “dedo”, cruzaron Eslovenia, atravesaron Croacia, dejaron atrás Bosnia y recalaron en Bulgaria. Y, desde ahí, dieron el salto a Turquía.
Pero a finales de marzo, en Estambul, las dos artistas decidieron separarse transitoriamente. Silvia quería visitar pequeños pueblos en busca de bordadoras que dejaran en su vestido muestras de su arte. “Pippa”, por su parte, quería seguir lavando los pies a comadronas, un gesto simbólico que ya había realizado en otras etapas del viaje. Las dos amigas se separaron y quedaron en reencontrarse en Beirut el sábado 5 de abril.
Pero el mundo pacifista que “Pippa” ingenuamente soñaba no resultó estar a su altura. Lo descubrió el 31 de marzo en Gebze, una localidad a unos 60 kilómetros de Estambul, Turquía.
Después de un rato haciendo dedo en una gasolinera sin que nadie accediera a llevarla, un tipo calvo de 38 años, divorciado, padre de dos hijos y con antecedentes penales por robo, le abrió la puerta de su furgoneta negra. “Pippa”, confiada, subió al vehículo.
“Con una sonrisa en los labios, porque sonreía siempre”, recuerda el encargado de la gasolinera. El hombre –que luego fue detenido- la condujo hasta un bosque a las afueras y allí la violó y la estranguló. El cadáver fue encontrado el sábado de la semana pasada.


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