Resumen

Isabella tenía cinco años y el 29 de marzo fue arrojada de un sexto piso en la ciudad de San Pablo, Brasil, después de que alguien tratara de asfixiarla.

La investigación policial reveló que el padre y la madrastra de Isabella habían ido a un supermercado junto a los otros dos chicos. Al regresar, el padre subió primero a Isabella y luego bajó a buscar a los dos nenes. Poco después, Isabella cayó por del sexto piso, en donde la tela metálica que servía de protección tenía un agujero. La autopsia reveló que alguien trató de asfixiarla y que fue arrojada con vida por la ventana.

Algunos de los testigos indicaron que antes de la caída escucharon a un chico decir “¡Basta, papá, basta!”. Desde la defensa del padre y la madrastra dicen que una tercera persona pudo subir luego de que Alexander dejara a su hija.


Policía investiga muerte de niña de 5 años en Brasil

SAO PAULO (AP) - La policía dijo el martes que sospecha que una niña de cinco años fue asesinada antes de ser arrojada desde el apartamento de su padre en un sexto piso, y que a lo mejor ni siquiera fue lanzada.

Los exámenes preliminares revelaron que había marcas en el cuello de la niña e indicios en sus pulmones que dejaban entrever que habría sido estrangulada, dijo el inspector policial Calixto Calil Filho.

Y en vista de que los huesos de las muñecas eran al parecer los únicos que tenía rotos, el inspector dijo que es posible que se hubiese tratado de simular que fue arrojada desde el apartamento.

"Es posible que alguien la haya puesto en el piso", agregó.

La policía investigaba la muerte de Isabella de Oliveira Nardoni como homicidio porque había sangre en su dormitorio y un gran hoyo en la malla de seguridad de la ventana.

Y aunque la policía formalmente no ha señalado sospechosos, el inspector dijo que dos vecinos le dijeron el martes que escucharon a una niña que gritaba "¡Detente, papá!" poco antes de que fuera hallada en el piso debajo de la ventana del departamento de su padre el domingo en la madrugada.

El abogado del padre, Ricardo Martins, dijo que las llamadas de auxilio podrían haberse malinterpretado, pues la niña pudiera haber estado llamando a su padre para que la ayudara, dicendo "¡Detente! ¡Papá!" en vez de "¡Detente papá!"

El padre de la niña, Alexandre Alves Nardoni, afirmó que un intruso debe haberse metido después de que él dejó a la niña en su cama y cerró el apartamento mientras bajaba al estacionamiento.

Calil Filho dijo que esa afirmación "es dudosa porque no hay señales de ingreso forzado y nadie se robó nada".

Pero el abogado de Nardoni dijo que la madrastra de la niña había perdido las llaves del apartamento a donde la familia se había mudado hace dos meses, en una insinuación de que alguien podría haberlas usado para entrar.
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El asesinato que desató la catarsis

Brasil estuvo ayer en vilo. El país contuvo la respiración durante ocho horas, las empleadas por la Policía Militar, el Grupo de Operaciones Especiales (GOE) y la Compañía de Ingenieros de Tráfico (CET) en la reconstrucción en São Paulo del asesinato de la pequeña Isabella, de cinco años, supuestamente a manos de su padre, Alexandre Nardone, de 29 años, y de su madrastra, Ana Carolina Trotta, de 24. Incluso fue cerrado el tráfico aéreo sobre la zona norte de la ciudad, donde se encuentra el número 138 de la calle Santa Leucidia, un edificio de clase media desde cuyo sexto piso la pequeña fue arrojada el 29 de marzo pasado, después de que alguien hubiera intentado asfixiarla con las manos durante siete minutos.

El drama de Isabella ha sido revivido durante todo este mes por la opinión pública brasileña, genuinamente conmocionada por el caso. Todos los indicios policiales apuntan a que fueron el padre y la madrastra de la niña quienes la asesinaron a sangre fría, al parecer porque la nueva esposa de Alexandre, que tiene otros dos hijos pequeños con él, no soportaba a Isabella.

Por este drama se han interesado psicólogos y sociólogos, ante la enorme repercusión que el crimen está teniendo. A la policía no le está resultando nada fácil proteger la casa de la niña asesinada y las comisarías donde han tenido lugar los interrogatorios de más de 60 personas. Estos edificios están permanentemente rodeados por una población enfurecida dispuesta a hacer justicia sumaria con los supuestos autores del crimen. Vera Márcia, miembro de la Sociedad de Psicoanalisis de Brasil, dijo ayer que se trataba de una “verdadera catarsis colectiva”, que, según ella, refleja “el luto de una sociedad por los valores que se están desmoronando”.

"Crimen monstruoso"

n el asunto intervino ayer el presidente de la República, Luiz Inácio Lula da Silva, quien, preocupado por las dimensiones nacionales del asesinato, que calificó de “crimen monstruoso”, advirtió, sin embargo, que nadie debe ser considerado culpable antes de que lo hagan los jueces, en alusión a los progenitores de Isabella. “Si mañana se descubriera que son inocentes, ya estarían sentenciados para siempre”, dijo Lula.

Según la policía, el padre y la madrastra de Isabella habían estado felices y en armonía, junto con los otros dos hijos del matrimonio, en un supermercado, como aparece en las imágenes captadas por las cámaras de television del centro. Al llegar a su casa, cerca de las 11 de la noche, el padre subió primero a Isabella y luego volvió a bajar para recoger a los otros pequeños. Poco después, Isabella cayó por la ventana del sexto piso, en cuya tela metálica aparecía un boquete. Al parecer, la niña fue asfixiada por alguien que la sujetó durante siete minutos por la garganta y después arrojada por la ventana, aún con vida; la niña murió a medianoche en el hospital.

El hecho de que ayer fuera interrumpido el tráfico de helicópteros y aviones sobre el lugar de la reconstrucción del delito se explica porque la policía necesitaba el suficiente silencio para averiguar si desde los pisos contiguos era posible escuchar una presunta discusión entre los cónyuges momentos antes del crimen, según declararon algunos vecinos. Entre los testigos, hay quien asegura haber escuchado a un niño decir “¡basta, papá, basta!”.

La defensa siempre ha sostenido, según ha declarado el padre, que una tercera persona pudo subir al piso después de que él dejara a la niña.

Sin embargo, la policía descarta esta hipótesis, ya que ha encontrado rastros de vómito de Isabella en la camisa que el padre llevaba aquella noche y huellas de las sandalias del hombre sobre la cama a la que se subió quien arrojó a su hija por la ventana.
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