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Mundo Gay: historia gay china japon grecia


SEÑORES: VI POR ALLÍ UN POST DE ESPARTA Y LAS PRACTICAS GAYS ASÍ QUE DECIDÍ HACER UN POCO DE HISTORIA.
¿LOS GAYS SIEMPRE EXISTIERON?, ¿SER GAY ES ALGO NUEVO O ALGO QUE VIENE DE "ANTES"?.
bien señores... la respuesta....
es largo, pero valñe la pena leerlo!, esta muy pero muy interesante



Mundo Gay: historia gay china japon grecia


mundo gay


Introducción

En su introducción a la Famosa Adaptación de Omar Khayyam's 'Rubáiyát, por Edward FitzGerald, el editor hace notar que::

FitzGerald (1809-1883) se dio cuenta de que era homosexual en una sociedad que, a pesar de que admiraba y respetaba una civilización [la de la Atenas clásica] que glorificaba y presumía de su homosexualidad, consideraba tal comportamiento tan grave como para ser prácticamente innombrable.

A pesar de que algún avance ha habido desde la época victoriana, aparentemente hoy en día sigue sin conocerse y llegarse a valorar en su totalidad el alcance y la importancia del amor masculino en la Atenas clásica y en toda la antigua Grecia. Puede que este conocimiento sea incluso menor hoy en día de lo que era en la época de FitzGerald, puesto que hoy en día muchas escuelas no incluyen estudios clásicos en sus programas y en las universidades sólo atraen a una escasa minoría.

Es importante, para empezar, definir nuestro vocabulario. El término "homosexualidad", tal y como hoy en día se utiliza e interpreta, no es aplicable a la Grecia clásica por dos motivos. En primer lugar, muchos griegos eran bisexuales. En segundo lugar, la pasión y el amor erótico entre dos hombres adultos, un modelo que ha ganado en tolerancia social en los países más civilizados en las últimas décadas, era inhabitual y considerado ridículo. El amor entre hombres en la Grecia clásica era, por definición entre un hombre adulto y uno joven.

Como en todo, había excepciones, tal y como las bien documentadas entre Alejandro Magno y el novio de su juventud, Hefestión, or the one between the mythical hero of the Trojan war, o la de Aquiles y su mejor amigo y también amante, Patroclo. No obstante, la relación que definía a Grecia, aceptada o incluso considerada un deber social por el Estado, era el amor intergeneracional. En su forma ideal, se trataba de una relación entre un hombre (llamado erastes, el amante, en Atenas, o el inspirador en Esparta) y un muchacho adolescente (llamado eromenos, el amado, o el oyente, respectivamente). No debemos olvidar que incluso entonces, las opiniones estaban divididas y dieron lugar a un vivo debate entre quienes estaban a favor y en contra de la sexualidad entre hombres.


Aquiles y Patroclo



La palabra griega para definir el amor era paiderastia (de donde deriva pederastia), que se forma a partir de pais, muchacho, y eran, amor, que implicaba afecto emocional y sexual hacia un pais. Un sinónimo común para denominar a los jóvenes amados era ta paidika¸ la puerilidad. Las edades de los muchachos que suscitaban las atenciones de los adultos iban desde la adolescencia hasta la temprana edad adulta, tal y como puede verse en las imágenes que nos han llegado en la cerámica y escultura Griega. Las relaciones con muchachos más jóvenes estaban mal vistas, igual que hoy en día (aunque algunos de los amantes jóvenes de los griegos quedaban por debajo de la edad de consentimiento estipulada en muchos países contemporáneos), una característica de madurez de un muchacho era la capacidad de "pensar por sí mismo" frente a las atenciones de un hombre adulto.



Entorno social

El hombre griego no sólo debía casarse y tener, sino también debía tener relaciones afectivas y sexuales con muchachos interesantes, no como sustitución del matrimonio sino como su complemento necesario. Así, su camino a través del jardín del amor debía empezar en algún momento de su adolescencia, cuando era cortejado por varios hombres y escogía a uno como su amante. El siguiente punto del camino era el principio de la edad adulta cuando él, a su vez, cortejaba y se alzaba con el amor de un joven deseable, momento en que el itinerario le llevaba a tomar esposa y tener su propia descendencia (naturalmente, esto se prestaba a infinidad de variaciones, algunas nobles y otras, de lo más sórdido, exactamente igual que hoy en día). Esta variedad en la vida fue reflejada en el "profundo pozo del tiempo," los antiguos mitos sagrados sobre los que se basan los arquetipos de la vida humana y el autoconocimiento.



Zeus y Ganímedes

Todos los griegos conocían la historia de Zeus, que bajó en forma de águila para llevarse a Ganímedes, el muchacho más bonito del mundo, para que fuese su amante en el Monte Olimpo; o la de Apolo y Jacinto, amor de trágico destino, como muchas otras relaciones apasionadas entre dioses o héroes y hermosos jóvenes. No era para los griegos un amor del que no pudiera hablarse sino, al contrario, uno del que se hacía ostentación. Era una de las tradiciones fundamentales de la vida griega, que se practicaba y disfrutaba al máximo. De hecho, era una necesidad social de cuya exploración no prescindían ni poetas ni filósofos. Era un asunto del que se debatía en público como parte integrante de las reflexiones de las mentes más elevadas.

Se consideraba como algo normal que un hombre se sintiese atraído tanto por encantadoras mujeres como por muchachos imberbes. También se aceptaba que algunos hombres se inclinarían más a una de ambas posibilidades. No obstante, los jóvenes muchachos eran considerados el sexo bello por excelencia. El ideal griego de belleza cobraba consistencia en el cuerpo de un muchacho, algo evidente en toda la literatura y el arte griego, desde los inicios más tempranos a los últimos ejemplos. Los debates literarios examinaban la cuestión de qué tipo de amor era preferible, y a menudo se decantaban por el de los jóvenes muchachos. Con excepción de los textos puramente científicos, resulta difícil hallar una obra que no alabe la belleza juvenil masculina, desde las menciones puramente marginales a las descripciones más ricamente elaboradas. Puede apreciarse en las obras de arte hasta qué punto los muchachos eran el parangón de la belleza; se en que se ve con frecuencia en ellas a muchachas con caracteres masculinos. Es más, se ha hallado una gran cantidad de cerámica con representaciones de muchachos, a menudo con kalos (hermoso), mientras que pocas representaciones de mujeres ostentan la forma femenina kale. Incluso el gran escultor Fidias rindió homenaje a su amado esculpiendo kalos Pantarkes en el dedo de la colosal estatua de Zeus en Olimpia.



Educación

Además de por sus encantos físicos, se valoraba a los jóvenes por sus mentes, que se suponían particularmente capaces de razonar y debatir, por lo que merecían ser cultivadas. Así, el Eros masculino era la fuerza motriz no sólo de lo erótico sino también del lado pedagógico de la pederastia griega. La cultura antigua era totalmente androcéntrica. Para el hombre griego, la esposa no era más que la madre de sus hijos y la encargada del hogar. Con muy pocas excepciones, las mujeres (especialmente las esposas) se veían excluidas de la vida pública e intelectual. Las chicas sólo eran consideradas aptas para mantener conversaciones frívolas y, por ende, no merecían recibir educación. Sólo las hetairas, una categoría de artistas cortesanas, libres de responsabilidades domésticas, podían tomar parte en los debates políticos y filosóficos. Por ello, no se prestaba atención al desarrollo intelectual de la mayoría de las chicas, pero el de los chicos era de la mayor importancia.

La finalidad del sistema educativo griego, la paideia se resume con las palabras kalos k'agathos, hermoso y bueno), que implican que la belleza del cuerpo y la bondad del alma eran la esencia de la perfección humana (esto es, masculina). Como el amor erótico entre adultos y muchachos intentaba desarrollar esas virtudes, era considerado como el modo más efectivo de cultivar ese ideal. Se decía que Heracles (Hércules) podía desarrollar sus tareas sobrehumanas con más facilidad cuando su amado Iolaos le miraba. Precisamente, la ielaeia, juegos gimnásticos y ecuestres que tenían lugar en Tebas, tenía por objeto conmemorar esa unión.



Mármol de Hércules


La educación de los muchachos tenía lugar en el gimnasio, que era mucho más de lo que hoy entendemos con esa palabra; situado en el centro de todas las ciudades griegas, era el lugar donde muchachos y adultos pasaban buena parte del día dedicados al ejercicio físico e intelectual. Su distribución nos ha sido descrita por el arquitecto romano Vitruvio: constaba de un gran peristilo, esto es un cuadrado con un perímetro de dos estadios (90 metros/270 pies por cada lado); estaba rodeado por tres lados por arcadas sencillas y, por el lado sur, por una arcada doble; dentro estaba el Ephebeion, el lugar donde se entrenaban los epheboi, muchachos ya mayores de edad, esto es, de dieciocho/veinte años. A los lados se hallaban los baños, salas y otras habitaciones a las que acudían filósofos, retóricos, poetas y demás admiradores de la belleza masculina. Tras el peristilo había otras arcadas, una de las cuales se denominaba el xystos, aparentemente destinada al entrenamiento de los adultos; desde allí se accedía a la palestra, el lugar donde se entrenaban los muchachos. Las habitaciones estaban decoradas con obras artísticas de todo tipo, fundamentalmente estatuas de dioses y héroes tales como Hermes, Apolo y las Musas, Heracles y, sobre todo, Eros. El contacto con estas espléndidas obras de arte y la belleza de los cuerpos jóvenes, desarrollados armoniosamente mediante el ejercicio física, son un buen testimonio del entusiasmo de los griegos por la belleza y el eros masculino.

La palabra gimnasio deriva de gymnos, desnudo, y refleja el hecho de que todos los deportes se practicaban sin ropa. Por ello, resulta lógico que el gimnasio fuese el epicentro de la energía erótica. El culto de la desnudez masculina era un fenómeno sumamente habitual de la vida griega y se contemplaba como uno de los hechos diferenciales entre los griegos y sus vecinos bárbaros. No sólo se practicaba la desnudez en los gimnasios sino también en las grandes competiciones nacionales de Olimpia, Nemea y Delfos, así como en el Istmo, así como en celebraciones públicas y privadas, donde los jóvenes coperos solían estar desnudos. La Gimnopedia era un importante festival anual celebrado en Esparta con bailes y presentaciones de muchachos desnudos. Paradójicamente, las autoridades de Esparta intentaban utilizar estos bailes como recompensa para aquellos que luchaban contra la baja natalidad que aquejaba a ese Estado: sólo se admitía como espectadores a los hombres casados.



Diversidad de tradiciones

Por otro lado, uno de los mitos que explica los orígenes de la pederastia es el de Minos, el Rey de Creta, quien la introdujo para combatir el exceso de población que afectaba a su isla. Esta costumbre, que adoptaba la forma de un rito introductorio tradicional, también es la forma de pederastia más antigua documentada históricamente, en un texto de Éforo de Kimé.

El amante anunciaba a sus amigos su decisión de proceder al rapto del muchacho con tres o cuatro días de antelación. Desde ese momento, resultaría vergonzoso ocultar al muchacho o prohibirle acudir al punto de cita, porque esto significaría que no merecía el honor de ser el amante del adulto. Cuando se encontraban, y si el amante era del mismo rango social o de un rango superior al del muchacho, se perseguía al secuestrador sólo por la tradición de mantener las apariencias, pero en realidad los padres estaban encantados de dejarle ir, aunque el ritual imponía seguirlos hasta la casa del amante. Pero si el amante era de rango inferior, el rapto se producía incluso con recurso a la fuerza. Quien sólo destacaba por su belleza era considerado como menos deseable que aquél que destacaba por su valor y su virtud. El muchacho recibía un presente de su amante, que le llevaba donde él deseaba. Los testigos del rapto les acompañaban y a continuación tenía lugar un festín, tras el que volvían a la ciudad. Dos meses después, el muchacho volvía a casa, cargado de ricos presentes. [Tres presentes tradicionales representaban la fundación simbólica de la entrada del muchacho en la vida adulta: una armadura, que simbolizaba la destreza en las artes guerreras; un toro, que simbolizaba la obligación de arar la tierra; y un cáliz, que simbolizaba el embriagamiento divino como camino a los éxitos del espíritu]. Muchos eran los presentes valiosos, y los amigos del amante contribuían a su adquisición. Al volver a su casa, el joven sacrificaba el toro a Zeus e invitaba a sus amigos a un festín. [Debía, en ese momento, responder a la pregunta ritual de si le había gustado o no la relación con su secuestrador, una tradición cuya finalidad probablemente era impedir que los amantes intentasen aprovecharse de su posición]. Pero cuando un muchacho hermoso de buena familia no podía encontrar amante, era una marca de deshonor, porque se presumía que el motivo era que su carácter no le hacia digno de ello. Los muchachos distinguidos con el secuestro gozaban de gran reconocimiento social. Obtenían los mejores puestos en los bailes en grupo y en las carreras y podían llevar los adornos que les habían regalado sus amantes, como prueba de distinción.

Las tribus griegas dóricas, como por ejemplo los espartanos, tenían tradiciones similares, aunque los detalles variaban de un Estado a otro. No obstante, la idea básica seguía siendo la misma: que el amante adulto había de entregar al adolescente una parte de su propio corazón, podríamos decir, transfiriendo su propio areté, esto es, todo lo que en él había de noble y bueno, para facilitar el pasaje del joven de la adolescencia a la madurez. El lazo creado por estas relaciones solía durar más allá de la educación formal del joven. A veces, el hombre más mayor seguía asumiendo responsabilidades para con su pupilo hasta que éste llegaba a la edad de matrimonio, sobre los treinta años.



Armodio y Aristogiton

El poder del amor utilizado con tan buen fin para la educación de los jóvenes griegos también servía para potenciar su motivación, y la de sus amantes, en el campo de batalla. El poder del amor utilizado con tan buen fin para la educación de los jóvenes griegos también servía para potenciar su motivación, y la de sus amantes, en el campo de batalla. El valor de las parejas masculinas, como las que integraban el Batallón Sagrado de Tebas, era bien conocido en toda la antigua Grecia y resultaba un factor importante en la guerra. Las parejas pederásticas también eran denominadas tiranicidas, asesinos de tiranos, porque solían ser las primeras en alzarse contra los déspotas. Armodio y su erastes, Aristogitón, eran quizás la pareja más conocida.



Otros aspectos

Aunque los griegos, con su genio creativo, elevaron un impulso humano habitual y utilizaron su poder para mejorar tanto al muchacho como al hombre adulto, el amor entre hombres tenía también otras implicaciones en la vida diaria, a pesar de que, al igual que hoy en día, el matrimonio ideal no era ni mucho menos la única manifestación de deseo entre un hombre y una mujer. La prostitución masculina, por ejemplo, era habitual desde muy al principio. El estadista Solón de Atenas (634-560 a. C, aprox.), autor de numerosas reformas sociales en su ciudad natal, intentó regular este aspecto de la vida sexual. Sus leyes prohibían el ejercicio de la prostitución de los muchachos atenienses nacidos libros, pero no incluían ni a los esclavos ni a los xenoi (extranjeros), que no tenían la ciudadanía ateniense). Los burdeles que suministraban muchachos tenían autorización oficial y pagaban los mismos impuestos que los que ofrecían mujeres o chicas. Muchos estaban integrados por muchachos cautivos que habían sido secuestrados en guerra y cuyos padres habían sido asesinados o vendidos como esclavos. Los muchachos libres a veces también se veían en la necesidad de ofrecer sus servicios al mejor postor.




Poesía y cultura

Entre los griegos jónicos, las implicaciones de la pederastia no eran tan serias como entre los dóricos (los poemas de Anacreonte reflejan este relajo), pero no por ello era menos frecuente entre ellos el amor a los muchachos. Resulta difícil pasar por alto el estímulo cultural a esta pasión, especialmente fuerte en el siglo V a. C., la edad de oro ateniense, en que inspiró a artistas y poetas como Fidias o Sófocles. Posteriormente, una vez que la ciudad-Estado griega, la polis, perdió su poderío como centro político y espiritual, la vida y el amor se desplazaron a un ámbito más privado y se primaron más los sentimientos individuales. Así se refleja en el tono nostálgico de la poesía más personal de Teócrito.

La mayoría de los poetas líricos griegos, Teógnis, Arquiloco, Alcaio, Íbico, Anacreonte y Píndaro, dedicaron una gran parte de sus trabajos al amor a los muchachos. Estratón, quien vivió en el siglo II de nuestra era en Sardes, antigua capital de Lidia, en Asia Menor, recogió numerosos epigramas y los recopiló junto con sus propios poemas bajo el titulo Mousa Paidika, "La Musa Adolescente", que se convirtió posteriormente en el decimosegundo libro de la "Antología Griega"..

El breve renacer de la cultura clásica, en el siglo II de nuestra era, fue también testigo de una historia de amor real que parecía un reflejo de la leyenda de Zeus y Ganímedes, la del emperador romano Adriano y Antinoo, un simple joven griego, quienes fueron compañeros inseparables durante muchos años, hasta que el joven murió ahogado en el Nilo en el año 130 d. C., a los diecinueve años de edad. Adriano, trastornado por el dolor, ordenó a los sacerdotes que convirtiesen a Antinoo en un dios. Tras su deificación, el joven constituyó el último gran motivo del arte griego, poco antes de su declive final. Las estatuas y retratos nos dan fe de su melancólica belleza y de su naturaleza enigmática. Su culto sobrevivió en las partes orientales del imperio hasta el surgimiento de la cristiandad, en el s. IV, cuando el fervor religioso, unido al político, empezó a destruir todos los restos de la religión y la cultura clásicas. Las enseñanzas de quien predicó el amor fueron utilizadas para dar el golpe de gracia a un amor sin fin, sobre el que cayó el peso de un silencio que iba a durar varios siglos.



LOS AMORES DE ALEJANDRO III DE MACEDONIA

Han venido circulando rumores sobre las intenciones de Oliver Stone de rodar una película sobre la vida del legendario hijo del Rey Felipe II de Macedonia y la reina Olimpia, la orgullosa muchacha de Épico de quien se enamoró en los misterios de Samotracia, en el año 358 antes de nuestra era. Ante ese proyecto se alza únicamente un obstáculo: el Gobierno griego. No desea que el nombre de uno de sus grandes héroes de la Antigüedad resulte devaluado ante la opinión pública por su pasión por las relaciones con hombres y su indiferencia para con el sexo débil.

Alejandro no sólo era famoso por sus hazañas militares casi sobrehumanas (tras dirigir sus primeras batallas siendo aún adolescente, se lanzó a la conquista de todo el mundo conocido y llevó a sus tropas desde las montañas del norte de Grecia hasta las fronteras de la India, sometiendo a todos los oponentes que halló en su camino, desde las ciudades-estado griegas a los reinos del África del Norte, Asia Menor y Persia) o por su crudeza en la batalla, a menudo atemperada por su magnanimidad para con los vencidos, sino también por su devoción hacia sus amigos y compañeros y también por el amor que compartía casi exclusivamente con varones de su clase, desde la más tierna infancia.

Nada fue consecuencia del azar. Nacido en agosto del 356 a. C., bajo el signo de Leo, era el producto por excelencia de una cultura guerrera patriarcal, un auténtico parangón de un mundo dominado por varones, regido por valores masculinos y por una estética masculina. Su tutor, desde los siete años de edad, fue el filósofo Aristóteles, quien trató tanto los excesos como las virtudes de la pederastia. Alejandro personificaría todos estos valores durante el resto de su breve pero tumultuosa vida, llegando incluso a sobrepasar ciertos límites al vivir su gran romance con un hombre de su misma edad, su amigo de la infancia Hefestión.

Lo que hoy puede resultarnos normal, el amor de un hombre por otro, era contemplado en la Antigüedad como una amenaza a la estructura social, en la que el hombre debía emparejarse con un par de adolescentes para educarlos y prepararlos para la vida adulta, atados cortos gracias al poder del amor erótico. Con seguridad, Alejandro tuvo también sus amores jóvenes, pedagógicos o no, aunque no por ello fuese insensible a los deseos que le inspiraron mujeres hermosas: Se casó con Roxana, princesa persa, hija de Oxiartes de Bactria, con quien tuvo un hijo. Posteriormente, tal y como nos cuenta el historiador griego Arriano, Alejandro, mientras estaba en Susa (Persia) "(…) celebró banquetes nupciales para sus compañeros; también tomó él una esposa, Barsina, la hija mayor de Darío y, según Aristóbulo, una más llamada Parisatis, hija de Ocus (…)" [VII.5]. No está claro si estos matrimonios fueron políticos, por amor o por ambos motivos.

El otro gran amor de la vida de Alejandro fue el eunuco Bagoas. Se conocieron cuando Alejandro estaba de campaña contra el rey Darío de los persas. La guerra ya llevaba algún tiempo cuando Darío finalmente huyó mientras cada vez más de sus súbditos le abandonaban, hasta que fue asesinado por uno de ellos. Su general, Nabarzanes, fue de los últimos en abandonarle y, cuando se fue, se llevó consigo al joven Bagoas, bailarín, músico y favorito del rey caído. Pronto resultó claro por qué se había llevado al joven. Nabarzanes marchó a jurar fidelidad a Alejandro y ofrecerle ricos presentes; entre ellos, el hermoso muchacho que, dice la leyenda, pasó de ser el amante de un rey a ser el amante de otro. Aunque ya le habían regalado otros hermosos esclavos antes, Alejandro siempre los había rechazado y tomado la oferta como una afrenta. Esta vez, el carácter del joven corría parejas con su hermoso aspecto, por lo que la amistad surgió entre él y el rey guerrero, una amistad que había de ser para toda la vida. Que esto no es una suposición gratuita nos viene confirmado por muchos historiadores de la época; entre ellos, Plutarco, quien acompañó a Alejandro en esa campaña y escribió un par de años después, tras un concurso de baile que Bagoas había ganado, que Alejandro llamó a Bagoas a su lado. "A lo que las tropas macedonias prorrumpieron en gritos para que le besara, hasta que finalmente lo tomó en sus brazos y lo besó ardientemente."

Este nuevo amor no afectó en modo alguno la profunda devoción que le ataba a Hefestión, que sólo concluyó con la muerte de este durante las fiestas veraniegas de Ectabana, en Persia, mientras volvían desde la India hacia su tierra natal. Alejandro, que hasta entonces había resistido sin inmutarse privaciones y heridas que habrían derribado a hombres más débiles, se sintió destrozado por esta pérdida. Se dice que yació sobre el cuerpo de Hefestión un día y una noche, hasta que finalmente hubo de ser separado del mismo por sus amigos. Durante tres días más, permaneció mudo, llorando, sin probar bocado. Y cuando por fin se levantó fue para raparse el pelo y ordenar que se retirasen todos los adornos de la ciudad de las paredes. Finalmente, prohibió cualquier música en la ciudad y ordenó que todas las ciudades del imperio realizasen funerales. Después, despachó mensajeros al oráculo de Amón en el oasis de Siwa, en Egipto, para pedir que se le concediesen honores divinos a su amigo difunto. El cuerpo de Hefestión fue embalsamado y transportado a Babilonia para proceder a su quemado en una pira funeraria. Poco podía imaginarse Alejandro que la misma Babilonia sería su última etapa. Se vio obligado a permanecer allí durante los tórridos meses del verano, con sus plagas de mosquitos, y allí enfermó y murió rápidamente. Por nuestras cuentas, en el año 323 a. C., Alejandro Magno contaba 33 años de edad.

noticias. gay


Hay quien dice que cuando nació Aquiles, su madre, Tetis, le sumergió en el río Estigia para hacerlo invulnerable a cualquier arma pero que, mientras lo hacía, lo sostenía por el talón, que jamás llegó a mojarse, y que fue donde le hirió fatalmente una flecha. Otros dicen que la historia no es así, sino que Tetis lo sumergió en fuego esperando que se volviese inmortal como ella pero que su padre, Peleo, rey de los Mirmidones, entró en la habitación y la interrumpió. Furiosa por la interrupción, la madre huyó al océano, su antigua morada. Peleo, que necesitaba un tutor para el niño, lo llevó a su amigo Quirón, el sabio centauro que había criado ya a tantos otros héroes. El niño creció alimentado con tuétano de oso para adquirir valor y con tuétano de cervatillos para ser un veloz corredor. Con seis años, mató a su primer jabalí y podia corer más rápido que los ciervos salvajes en las cacerías. Creció y se convirtió en el héroe más valiente, hermoso y rápido de todos los héroes.

Cuando Paris, el príncipe troyano, tomó a la bella Elena y toda Grecia se alzó para exigir que fuese devuelta a su hogar legítimo, el rubio Aquiles condujo a los ejércitos de Grecia al sitio de Troya, y allí combatió con valentía durante nueve años, hasta que se negó a combatir con los otros héroes. El general griego Agamenón, se había apoderado por la fuerza de la Hermosa Briseida, que le había correspondido como botín de guerra y era su esclava favorita. "Adelante, Agamenón, róbame el premio que me corresponde" dijo Aquiles, con su corazón cegado por el odio "pero que sepas que los griegos me buscarán cuando me necesiten, y no me hallarán". Y así, el valiente Aquiles se quedó sentado en su tienda mientras arreciaba la batalla y un héroe tras otro iban cayendo bajos los ataques de Héctor, el general troyano, y sus tropas. Y hasta el último de los griegos habría fallecido de no ser por lo único que aún conmovía el corazón de Aquiles: su amor por Patroclo, su mejor amigo y su amante. Sólo cuando su amante le fue arrebatado por la muerte volvió al campo de batalla, para vengar a quien quería más que a cualquier otro.

Habían sido amigos desde la infancia, desde los días en que Aquiles había vuelto desde el bosque a vivir en casa de su padre. Un día, Menecio, viejo amigo de su padre, pidió refugio en la corte del rey Peleo. Según parecía, su joven hijo, Patroclo, había peleado con un amigo a consecuencia de una partida de dados y, sin querer, lo había matado. Menecio y Peleo habían navegado juntos a Argos y eran buenos amigos, por lo que que los dos atribulados viajeros hallaron asilo. Posteriormente, en una ceremonia sagrada, Peleo purificó a Patroclo, redimiéndolo de su crimen. El joven fue nombrado escudero de Aquiles, tras lo que no tardaron en hacerse los mejores amigos y, tras ello, amantes.



Puesto que su madre era una diosa, sabía que iba a tener lugar una gran guerra entre griegos y troyanos. También sabía que si su hijo luchaba contra los troyanos, moriría. Así que envió a Aquiles a la corte del rey Licomedes, donde este fue vestido de muchacha y escondido entre las hijas del rey. Era un buen truco pero los generales griegos eran más listos. El astuto Calcas ya había avisado de que jamás podría tomarse Troya sin la ayuda del hijo del rey Peleo. Así que tres (uno de los cuales era Ulises) se dirigieron a Esquiro, la isla del rey Licomedes en la que se rumoreaba que el muchacho se había ocultado. El rey les ofreció buscar donde quisieran y no hallaron nada, pero Ulises discurrió una treta. Trajo una pila de regalos a los aposentos de las mujeres, entre los que ocultó un escudo y una lanza. Mientras que las muchachas iban cogiendo los delicados productos, hizo que un cómplice tocara la trompeta de guerra. Aquiles, que creyó que estaban atacando la isla, se quitó sus ropas de mujer y cogió las armas. Una vez descubierto, Licomedes le permitió marchar, y fue nombrado almirante de la flota griega. Tenía tan solo quince años. Pero, mientras vivió con las hijas del rey, se enamoró de una de ellas, llamada Deidameia, a quien había hecho un hijo. Una vez que la flota griega puso rumbo a Troya, los barcos se dispersaron a consecuencia de una tormenta. Aquiles aprovechó el retraso para volver a Esquiro y casarse con Deidameia.

Poco después, los barcos se juntaron y navegaron hacia Troya, donde llegaron tras no pocas dificultades. Pero Aquiles no estaba solo. Habían enviado a Patroclo a vigilarle y, desde entonces, se volvieron inseparables. Al rezar a los dioses, Aquiles les pidió que borrasen a la raza humana de la faz de la tierra, excepto a Patroclo y a él mismo. Tan pronto como los griegos llegaron a la costa troyana, emprendieron combate con sus defensores. Entre ellos estaba Troilo, el hijo de Príamo, rey de Troya, que tenía diecinueve años. Existía la profecía de que si vivía hasta los veinte años, Troya no caería, pero eso no iba a ocurrir. Aquiles fue presa de deseo hacia él cuando peleaban. "Te mataré, a menos que cedas a mis caricias" le amenazó el héroe. El joven se negó y corrió a esconderse en un templo a Apolo, pero allí irrumpió Aquiles, ofendiendo al dios y, ante la resistencia del joven, acabó decapitándolo sobre el altar.

Tras desembarcar en Troya, los griegos llegaron a la conclusión de que no se podía atacar la ciudadela, así que pasaron los nueve años siguientes saqueando las ciudades cercanas. Aquiles siempre estaba en primera línea de frente y llevó a sus hombres, los mirmidones, de victoria en victoria. Bajo su mando, los griegos tomaron más de veinte ciudades y, al final del noveno año de lucha, cayó la ciudad de Lirneso. Briseida, princesa real, fue hecha prisionera y cuando se repartieron los despojos, le tocó a Aquiles. No fue suya mucho tiempo.

Aquiles venda a Patroclo


Cuando Agamenón hubo de renunciar a su propia concubina para apaciguar a los dioses, su furia no tuvo límites y se desfogó con Aquiles arrebatándole a Briseida. Aquiles juró que desde ese momento no guerrearía más, y sacó a sus hombres de la lucha. La suerte de los griegos dio un revés y el control de la situación pasó a manos troyanas.

Agamenón, profundamente arrepentido, despachó mensajeros para pedir a Aquiles que volviese a la batalla, prometiendo devolverle a Briseida. Aquiles no transigió y las cosas se pusieron feas para los griegos. Los troyanos estaban a punto de prender fuego a los barcos griegos cuando Patroclo pidio permiso a Aquiles para tomar su armadura prestada para que, al verle, cundiera el miedo en las filas troyanas. Aquiles accedió pero con la condición de que Patroclo habría de volver tan pronto como hubiesen apartado a los troyanos de los barcos. En el fragor de la batalla, a Patroclo se le olvidaron esas instrucciones y siguió luchando hasta rechazar al enemigo a las mismas murallas de la ciudad. Apolo, patrón de los troyanos, intervino y atacó a Patroclo, a quien Héctor remató de un solo golpe.

Cuando Aquiles oyó las amargas noticias, lloró y se revolvió en el suelo, transido de dolor. Sus amigos trajeron el cuerpo de Patroclo del campo de batalla pero él no les dejó enterrarlo. Se echó sobre él, rodeándolo con sus brazos, sollozando desesperadamente. Su madre, Tetis, vino a consolarle. "Hijo mío, ¿cuánto tiempo seguirás llorando con la mirada extraviada de pena, sin comer ni dormir? Yacer con mujeres y enamorarse de ellas también es bueno." Pero Aquiles no podía pensar en otra cosa que no fuese su compañero enamorado, a quien recriminó amargamente haber jugado con su vida: "No tuviste consideración por mi pura reverencia hacia tus muslos, ingrato a despecho de nuestros muchos besos."

Tras ello, Aquiles se levantó, donó la armadura nueva que había traído su madre, recién sacada de las forjas del dios Hefestos, y se volvió a lanzar al combate; derrotó a los troyanos y mató a Héctor, su general e hijo mayor del rey Príamo. Poco después, sería él quien moriría a manos de Paris, el hermano de Héctor, quien horadó su talón con una flecha envenenada guiada por Apolo, que no había olvidado la muerte de Troilo. Así, se cumplió la profecía y el espíritu de Aquiles se unió al de su amigo en los Campos Elíseos. Sus cenizas se mezclaron en una urna de oro, y fueron enterrados por los griegos en una tumba común.

Mundo Gay: historia gay china japon grecia


Erictonio que fue el primero en atar cuatro caballos a un carro, era el más rico de los mortales. Tuvo un hijo llamado Tros, señor de Troya, que tuvo a su vez tres hijos perfectos. Ilo, fundador de Ilia, Asaraco, y el semi-dios Ganímedes, el más hermoso de los humanos. Tros amó a Ganímedes desde lo más profundo de su corazón y dispuso que guardianes y tutores lo cuidasen mientras luchaba, cazaba con los perros o nadaba en las fuertes corrientes de las rompientes del cálido Mediterráneo.

Un día, al mirar desde su trono en lo alto del Olimpo, Zeus espió a Ganímedes, que estaba con sus amigos refrescándose bajo la atenta mirada de sus tutores mayores en los prados del Monte Ida. Instantáneamente, el Rey de los Cielos se prendió de amor por el los muslos del joven troyano. Con una rápida sacudida, Zeus se convirtió en una fuerte águila. Se dejó caer directo sobre el mundo de los humanos. Proyectando relámpagos en todas direcciones, el águila majestuosa se abalanzó y agarró delicadamente al joven por sus talones. Los tutores mayores intentaron detenerlo mientras los perros se ponían a ladrar como locos. Sin prestarles mayor atención, el dios y el joven se alzaron cada vez más alto hasta desvanecerse en el cielo azul.


En un abrir y cerrar de ojos, ambos llegaron al Olimpo. El águila dobló sus alas, se sacudió y volvió a recuperar su forma divina. Llevó a Ganímedes al lecho y le nombró su copero. Para hacerle sitio, sin embargo, Zeus tuvo que expulsar a Hebe, hija de Hera, quien servía las bebidas en los banquetes divinos. La llamó torpe y le acusó de haber tropezado. Hera lo vio todo y se volvió fuera de sí de rabia y celos.

Los demás dioses se regocijaron de contar con Ganímedes, pues su belleza les colmaba de gozo. Y Ganímedes vio cuán delicioso era servir néctar a los inmortales y, cuando llenó la copa de su amante, se cercioró de que primero apretaba sus labios contra ella, girándola suavemente mientras la ponía en la mano de Zeus.

Abajo, en la Tierra, el corazón de Tros estaba lleno de amargo dolor, pues no sabía a dónde había llevado su hijo aquella tempestad divina. Lloró sin parar, tanto que el propio Zeus se conmovió por su dolor. Le envió a Hermes como mensajero, para informarle de que el muchacho se hallaba ahora entre los dioses, inmortal y joven para siempre. Zeus dio a Tros a cambio de su hijo una pareja de yeguas blancas que eran inmortales y podían andar sobre las aguas, las mismas que llevan a los inmortales. El corazón de Tros se llenó de alegría y cabalgó con sus nuevos caballos tan rápido como el viento.

Hera, fuera de sí, dio rienda suelta a su rabia destruyendo a los troyanos. Pero Zeus, agradecido por el amor de Ganímedes, le hizo un sitio en las estrellas como Acuario, el Aguador. Y ahí sigue hoy en día, sonriendo y vertiendo néctar, resguardado aún hoy por el ala de la constelación del Águila.


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Jacinto, el joven hijo del rey de Esparta, tan hermoso como los mismísimos dioses del Monte Olimpo, gozaba del amor de Apolo, arquero. El dios solía bajar por las orillas del río Eurotas, dejando desierto su santuario en Delfos, para pasar tiempo con su joven amigo y deleitarse con los placeres de los jóvenes. Cansado de su música y de su gran arco, Apolo hallaba descanso en pasatiempos sencillos. Ora llevaba a Jacinto a cazar a los bosques y calveros de las laderas de las montañas, ora practicaban gimnasia (una disciplina que posteriormente Jacinto enseñaría a sus amigos y por la que fueron famosos los espartanos). La vida sencilla despertó los apetitos de Apolo, a quien el muchacho de pelo rizado resultó más encantador que nunca. Apolo le entregó su amor sin restricciones, olvidando que se trataba de un simple mortal.

Una vez, durante una calurosa tarde de verano, los amantes se desnudaron, se untaron con aceite de oliva y probaron suerte en el lanzamiento de disco, cada uno de ellos intentando superar al otro. El disco de bronce volaba cada vez más alto. Finalmente, reuniendo todas sus fuerzas, giró sobre sí mismo hasta que dejó libre el brillante disco, que se alzó rápidamente, cual pájaro, cortando en dos las nubes hasta que, brillando como si fuese una estrella, empezó a caer.

Jacinto corrió a cogerlo, tanta era la prisa que tenía por lanzarlo, para demostrar a Apolo que, por joven que fuera, no era menos diestro que el dios en este deporte. El disco cayó por fin a tierra pero era tanta la fuerza que llevaba que rebotó y golpeó violentamente a Jacinto en la cabeza. Este gimió dolorido y cayó al suelo. La sangre manó en grandes cantidades por su herida, tiñendo de profundo carmesí el oscuro cabello del hermoso joven.

Horrorizado, Apolo corrió hacia su amigo, se inclinó sobre él, dejó reposar su cabeza sobre sus propias rodillas e intentó desesperadamente cortar el torrente de sangre que salía de la herida, pero todo fue en vano. Jacinto cada vez estaba más pálido y sus ojos, siempre tan vivos, perdieron su brillo mientras su cabeza caía hacia un lado, como si fuese una flor del campo que se marchitase bajo los rayos del sol de mediodía. Con el corazón destrozado, Apolo gritó: "¡Te llevaron las garras de la muerte, amado amigo! Ay de mí, pues por mi culpa has muerto. ¿O debo culpar a mi amor? Ay, culpa de un amor que demasiado ama. ¡Si tan sólo pudiese expiar mi culpa uniéndome a ti en el viaje a los reinos desolados de la muerte! ¿Por qué he sido castigado con la maldición de la vida eterna? ¿Por qué no puedo seguirte?

Muerte de Jacinto

Apolo sostuvo a su moribundo amigo junto a su pecho, mientras sus lágrimas caían a borbotones sobre su pelo manchado de sangre. Jacinto murió y su alma voló al reino de Hades. El dios se agachó y susurró suavemente junto a la cabeza del joven muerto: "Siempre vivirás en mi corazón, hermoso Jacinto. Que tu recuerdo viva también entre los hombres". Y, a una orden de Apolo de la sangre de Jacinto brotó una flor roja a la que nosotros llamamos jacinto y en cuyos pétalos puede aún leerse "Ay", el sollozo de pena que surgió del pecho de Apolo.

Así, la memoria de Jacinto pervivió entre la burguesía de Esparta, que honró a su hijo, a quien festejó durante tres días con las fiestas jacinteas. El primer día, lloraron su muerte y los dos últimos, celebraron su resurrección.

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Mundo Gay: historia gay china japon grecia

La historia de Harmodio y su amante, Aristogeitón, es antigua (tenía 2514 años en el año 2000, para ser exactos). Es una historia real y tuvo lugar durante el reino de Hippias, tirano de Atenas.

Hipparcus, hermano del tirano, deseaba al hermoso Armodio, a quien atosigaba Harmodius and Aristogiton - Museo Archeologico Nazionale, intentando lograr sus atenciones. Pero Armodio, que sólo tenía ojos para Aristogeitón, no estaba interesado, y dijo a Hipparcus que le dejase tranquilo. Pero Hipparcus no estaba acostumbrado a que le rechazasen. Su despecho propició el que montase en cólera contra ambos amantes, y se mofó de ellos en presencia de gran número de personas en un Festival, llamándoles "enclenques y mujercitas delicadas". Aristogeitón se prometió vengar los insultos, y organizó un complot con un grupo de amigos de confianza, para derribar a los hermanos opresores, que eran odiados por muchos atenienses, durante el desfile del festival Penathenaia que iba a celebrarse al día siguiente.

A la mañana siguiente, en la Acrópolis, donde Hippias estaba presidiendo el desfile, se dieron cuenta de que uno de los conspiradores saludaba amistosamente al tirano. Temiendo haber sido descubiertos, no siguieron con el plan trazado de antemano sino que bajaron corriendo de la colina a la ciudad, donde arrinconaron a Hipparcus, que estaba organizando la procesión junto al Leocorion, y le mataron. No obstante, el joven Armodio fue dado muerte al momento por uno de sus guardias, y Aristogeitón fue hecho preso. Fue encerrado rápidamente y torturado para que revelase el nombre de los otros conspiradores contra el tirano. Hippias personalmente estuvo presente en la sala de torturas que ordeno se le aplicasen sin piedad. Aristogeitón, que rechazo totalmente el delatar a su amigos, escupió e insulto al déspota, causante de la muerte de su amado. Hippias, en un ataque de furia quebró sus miembros y le apuñalo hasta la muerte.

Hippias aun se mantuvo en el poder durante unos cuatro años, y su gobierno fue tan cruel como siempre si no más. Pero los atenienses no olvidaron a Aristogeitón como el valiente que había sido el detonador del complot. Cuando el tirano fue derrocado, los ciudadanos rindieron honores a los dos amantes como salvadores de la ciudad. Su ejemplo fue mostrado como modelo a los jóvenes atenienses, y una estatua de ambos fue encargada por Clistenes, el fundador de la democracia recién nacida. Cuando fue saqueada por los conquistadores persas veinticinco años más tarde, otra estatua fue fundida por el pueblo. En Italia puede apreciarse una copia de esa, que ha sobrevivido al paso del tiempo, en el Museo nacional de Nápoles.

A consecuencia de este hecho, y de muchos similares en los que los amantes pederásticos mataron a otros tiranos, los griegos solían decir que sólo los tiranos y los bárbaros (los segundos, por vergüenza de la desnudez) odiaban la pederastia.

fuente:http://www.historia-homosexualidad.org/historia-gay/historia-homosexualidad/costumbres-gay/grecia-gay/grecia-gay.html

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La tradición china del amor entre hombres, como la griega, se remonta a la prehistoria. Uno de los términos chinos para el amor masculino, "los placeres del melocotón mordido" surge en la dinastía Zhou, cuando, hacia el año 500 de nuestra era, le ofrecieron al Duque Ling de Wei un melocotón que su favorito, Mizi Xia, había mordido, y que le gustó. Hay multitud de relatos de la pasión recíproca entre nobles que, en su momento, eran consideradas una tradición ennoblecida por el paso del tiempo. No tenemos hoy en día constancia de si estas manifestaciones de amor entre hombres en China estaban estructuradas en base al género o la edad.

La dinastía Han (260 a. C. - 220 d. C) prosiguió con la tradición de una bisexualidad sin tapujos, como atestiguan numerosos emperadores. La historia del Emperador Ai y su favorito, Dong Xian, da origen a otro término para designar el amor entre hombres, la "pasión de la manga cortada". Dong Xian se quedó dormido sobre la manga del ropaje del emperador. Cuando el emperador quiso levantarse, prefirió cortar la manga de su ropa antes que despertar a su amigo.

Esta situación prosiguió durante las siguientes dinastías, con oscilaciones entre épocas de más tolerancia y otras de menos. Estas relaciones se articulaban normalmente en base a patrones de edad, aunque no parece que éstos hayan sido un requisito formal, como era el caso de las tradiciones griega o japonesa.

En épocas más recientes, los antecedentes literarios e históricos son más completos y nos permiten una perspectiva del amor entre hombres en otros círculos, como entre los académicos y las clases bajas. Los matrimonios entre hombres resultaban especialmente comunes en la provincia de Fujian. El hombre adulto pagaba una dote a los padres y se llevaba al muchacho a vivir con él hasta que éste, a su vez, llegaba a la edad del matrimonio.

La tradición del amor entre hombres sobrevivió hasta los primeros años del siglo XX, cuando sucumbió a la occidentalización generalizada de las costumbres y de la moral, cuando fue objeto de censura tanto en la China continental como en Taiwan; pasa a considerarse una importación occidental y, como tal, contraria a la moral tradicional china.
fuente:http://www.historia-homosexualidad.org/historia-gay/historia-homosexualidad/costumbres-gay/china-gay/china-gay.html

Mundo Gay: historia gay china japon grecia

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Toshiro Mifune, el popular actor famoso por sus papeles de samurais taciturnos, de rápidos reflejos, jamás pronunció una palabra al respecto. Akira Kurosawa, el famoso director cinematográfico, guardó un silencio inescrutable. Ninguna de las varias centenas de películas de samurais producidas en el pasado siglo intentó siquiera sugerir la figura del nanshoku, el amor del samurai*. Desde su posición central en la educación, el código de honor y la vida erótica de la casta de los samurais, el amor hacia los muchachos ha caído del nivel de lo intocable al de lo inmencionable, al del "amor que no puede mencionar su nombre". Pero el hecho ineludible es que el lazo sexual entre un guerrero adulto y un joven aprendiz era uno de los aspectos fundamentales de la vida de los samurais, un amor para el que los japoneses tienen tantos nombres como quizás los esquimales para la palabra "hielo".

Los samurais solían llamarlo "bi-do", "la hermosa senda" y guardaron celosamente la traducción. En 1482, Ijiri Chusuke argumentó:

En nuestro Imperio Japonés, esta senda florece desde los tiempos del gran maestro Kobo. En los monasterios de Kioto y Kamakura y en el mundo de los nobles y los guerreros, los amantes se juraban un amor eterno y perfecto que dependía únicamente de su mutua buena voluntad. Que los miembros de la pareja fuesen nobles o de castas bajas, ricos o pobres, carecía de importancia. En todos los casos, lo que les movía era el espíritu de esta senda. Esta senda ha de ser respetada con sinceridad y no podemos permitir que desaparezca.

Conocida igualmente con el término wakashudo, "la senda de la juventud", era una práctica realizada por todos los miembros de la casta samurai, desde el guerrero más simple hasta el señor más noble. Se ha dicho incluso que nunca se habría preguntado a un daimyo, señor, por qué tomaba muchachos como amantes, sino por qué no lo hacía. No es ésta una pregunta que hubiese embarazado, por ejemplo, a los tres grandes shogunes que unificaron Japón, Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi, o Tokugawa Ieyasu, ni tampoco a Miyamoto Musashi, autor del "Libro de los cinco anillos"

En sus aspectos claves, el wakashudo (que a menudo se conocía por su forma abreviada, shudo, y su sinónimo nanshoku, el término habitual para el amor masculino, escrito con los anagramas de "hombre" y "color" era una institución notablemente similar a la de la pederastia que conoció su máximo esplendor dos mil años antes en la Grecia clásica. Al igual que la pederastia, era una relación pedagógica propulsada por la energía de una atracción erótica mutua. E, igualmente, no se trataba únicamente del amor a las mujeres. No es menos cierto que habitualmente los samurais se casaban a una edad más avanzada, como lo hacían también los guerreros griegos.
Para los japoneses, como para los griegos, el amor entre un hombre adulto y un joven imberbe era de lo mejor de la naturaleza humana, siendo a veces una senda para alcanzar esos ideales y otras, un fin en sí mismo. Simonides, en una famosa canción de taberna del siglo V a. C., declara BCE declares:

He aquí las cuatro mejores cosas que un hombre puede pedir de la vida:
Salud sin tacha para toda la vida, belleza exterior e interior,
Ganarse la vida honradamente y, mientras se es aún muchacho,
Disfrutar de la compañía de heróicos amantes


Estas palabras hallaron su reflejo dos mil años después en un poema más confuciano, aunque menos exuberante, de autor anónimo, escrito en 1653, el autor de Inu Tsurezure, "Las horas ociosas de un perro"

Es natural que un samurai haga todos los esfuerzos posibles para destacar con la pluma y la espada. Pero también es importante para nosotros es no olivdar nunca, ni siquiera en el último momento, el espíritu del shudo. Si lo olvidásemos, no podríamos conservar la decencia, ni la elegancia de nuestro hablar ni los refinamientos de un comportamiento educado.

En algunos aspectos importantes, las tradiciones eran diferentes: en Japón, era el joven quien debía dar el primer paso, mientras que para los griegos sólo el más mayor debía cortejar al joven. Hagakure, "Escondido tras las hojas", el famoso manual para samurais de Yamamoto Tsunetomo de principios del s. XVIII, estipula que:

Un hombre joven debería probar a uno más mayor durante como mínimo cinco años y, si está seguro de las intenciones de esa persona, pedirle relaciones formales (…). Si el joven puede entregarse y vivir así durante cinco o seis años, es una persona adecuada


Parecería así que este proceso debía empezar a una edad muy temprana temprana, puesto que estas relaciones solían concluir formalmente en el momento de la ceremonia de mayoría de edad, habitualmente al llegarse a los dieciocho o diecinueve años. En este momento, se procedía a tonsurar al joven (a cortar los mechones delanteros del pelo para simular su retroceso, un modo de simbolizar la accesión a un determinado status de una sociedad cuyos integrantes, como la de hoy en día, compara las fechas de nacimiento para establecer las prioridades de sus miembros), con lo que éste, a su vez, podía desarrollar el papel del adulto en una nueva relación shudo. Como en los tiempos antiguos, los miembros de la pareja seguían siendo amigos íntimos, incluso después de concluida la fase erótico/pedagógica y algunas de estas relaciones resistían el paso del tiempo, convirtiéndose así en historias de amor que duraban toda una vida.

Paradójicamente, el wakashudo era también parte integrante de la tradición de la devoción que un siervo tenía para con su señor, y Yamatomo Tsunetomo, opinaba así acerca de estas relaciones:

Entregar su vida a otro es el principio básico del nanshoku. No hacerlo es causa de vergüenza. Y al hacerlo, no te queda nada para ofrecerle a tu maestro. Por ello, ha de ser a la vez motivo de placer y de disgusto

El shudo de los samurais tiene sus orígenes en el periodo Kamakura, hacia el año 1200, y alcanzó su apogeo al principio del shogunado Tokugawa, en 1603, declinando posteriormente a medida que el país se unificaba y disminuía la importancia de la casta guerrera. La historia del amor entre hombres en Japón, sin embargo, no sólo abarca todo el periodo de los samurais, sino que lo sobrepasa. Aunque no podemos conocer sus orígenes prehistóricos, existen documentos escritos desde el periodo Heian (Paz y Tranquilidad) (794-1185). Esta era, caracterizada por un gobierno ilustrado, quedó marcada por la fundación de Kioto como gran capital imperial, vio el florecimiento de la cultura y la vida ciudadana. De esta época es Genji Monogatari, "La historia de Genji", que contiene una de las primeras alusiones conocidas al amor masculino, en la que un pretendiente despechado se consola con el hermano menor de su amante:

Tú, por no menos tú, no me abandones. Genji sentó al muchacho a su lado. El muchacho estaba encantado, tales eran los encantos juveniles de Genji. En cuanto a Genji, así se cuenta, el muchacho le resultó más atractivo que su fría hermana

Del mismo modo, Ise Monogatari, "La Historia de Ise", escrita en 951, contiene un poema a un hombre separado de su compañero:

“No puedo creer
Que estés tan lejos
Porque yo
Jamás podré olvidarte
Y tu cara
Estará siempre frente a mí,”

Así, las menciones al amor entre hombres se hicieron cada vez más habituales. En el s. XII, vemos las primeras menciones de Kukai como padre de nanshoku. Kukai o, como se le llamó tras su muerte, Kobo Daishi, "el gran maestro de Kobo", era elfundador de la escuela japonesa del budismo vajrayana, fundó la escuela esotérica Shingon en 816 en el Monte Koya, tras su vuelta de China, donde recibió las enseñanzas del sexto patriarca. Por impresionante que sea la labor de Kukai en el campo de la lingüística (tradujo los textos sagrados del chino al japonés y produjo el primer alfabeto japonés), no tenemos base para atribuirle también la introducción del amor entre hombres. No obstante, existe la leyenda de que experimentó el disfrute del nanshoku en China (conocida universalmente desde épocas remotas por su rica tradición homoerótica, que abarcaba desde los favoritos del emperador hasta los matrimonios de dos varones de clase baja, reconocidos por el estado) y que implantó posteriormente esta práctica en Japón a su vuelta. De hecho, el topónimo monte Koya se convirtió en un sinónimo del seudo en la poesía y en la prosa del Japón medieval.

Aunque resulta dudoso que se pueda determinar el origen del shudo en el monte Koya, no hay duda de la existencia de este amor en los monasterios budistas. De hecho, el amor entre hombres, que tomaba la forma de relaciones sentimentales entre los monjes y los chigo, sus acólitos, es notablemente anterior a la adopción de esta práctica por la casta de los samurais (lo que iba a dar lugar en los años posteriores a una rica literatura erótica que se conoció como chigo monogatari, "historias de acólitos". El sacerdote tendai Genshin carga contra los que "se acercan al acólito de otro y, con maldad, lo violan" en un texto impreso nada menos que en 985 (10)Por supuesto, cabe plantearnos si deploraba la violación en sí o el hecho de mantener relaciones con un acólito que no es el propio. A pesar de las condenas de que fue objeto, la práctica continuó, apoyada en la lógica de que los votes de castidad realizados por los monjes se referían únicamente a la castidad para con el otro sexo, tal y como expuso el escritor y poeta Kitamura Kigin setecientos años después:

Buda predicó que el monte Imose (metáfora del amor de las mujeres) debía ser evitado, por lo que los sacerdotes del dharma tomaban esta vía como un aliviadero para sus sentimientos, puesto que sus corazones no eran de madera ni de dura roca

En otro paralelismo con la cultura griega, la práctica del amor entre hombres llegó a crear un corpus voluminoso de prosa, drama y poesía. Desgraciadamente, aunque no deba sorprendernos, poco de ello se ha traducido, a pesar de que los proyectos recientes de estudios en materia de homosexualidad están empezando a recuperar el retraso acumulado. Además del trabajo de Kitamura Kigin, que recopiló una antología de poesía sobre el amor entre hombres, denominada "Azaleas de las rocas", tenemos también "El gran espejo del amor entre hombres", de Ihara Saikaku, una colección de cuarenta relatos cortos sobre el amor entre hombres y muchachos, publicada en 1687. Estos dos títulos son los dos únicos ejemplos de literatura homoerótica japonesa traducidos al inglés, pero existen aún centenares de trabajos por traducir, incluido un gran número de obras de teatro kabuki y noh.

La historia de Japón durante el fin del s. XVI está protagonizada por señores guerreros feudales, hasta el ascenso al shogunado de Tokugawa Ieyasu en 1603, que puso fin a las disputas; tras ello, el país entró en un periodo de tranquilidad que iba a durar doscientos cincuenta años. Uno de los efectos de esta pacificación fue el declive del poder y la influencia de la casta de los guerreros. Paralelamente, la burguesía pudo prosperar en este marco de estabilidad, adoptando muchos de los usos y costumbres que habían sido hasta la fecha patrimonio exclusivo de los samurais. Las técnicas de lucha de los bushi¸ "los guerreros", se reconvirtieron en deportes o disciplinas espirituales (judo, kyudo, kendo, etc.) y la practica del shudo cedió a favor de una cultura de muchachos actores itinerantes cuyos favores eran requeridos (o comprados) por legiones de varones maduros acaudalados. Tal era el fervor de los admiradores de estos actores que hubieron de aprobarse leyes definiendo los límites de los cortes de pelo o de los ropajes de los actores, con el fin de no inflamar las pasiones del público y los burdeles masculinos se convirtieron en una nota habitual de los barrios de mala nota de las grandes ciudades.

Este cambio presagió el declive y la desaparición de las formas del amor entre hombres reconocidas y aceptadas por la sociedad japonesa:

(…) el declive del shudo había empezado ya a principios del s. XVIII, cuando Japón estaba aún en medio de su largo periodo de aislamiento voluntario. El shudo como senda espiritual empezó a declinar, mientras que florecía cada vez con más intensidad una homosexualidad llena de sensualidad. El hecho de que tras el s. XVIII los kagema' (muchachos actores) se vistiesen en su mayoría de chicas, mientras que durante el periodo Genroku se habían vestido como elegantes y hermosos muchachos, nos indica igualmente hasta qué punto se había degenerado la tradición homosexual.

Y este giro de los acontecimientos también tiene sus paralelismos con lo que había ocurrido en Grecia, evocándonos la dinámica del declive y caída de la pederastia en el mundo grecorromano. Allí también, el amor entre hombres perdió su identificación con la ética guerrera y los ideales pedagógicos y con sus principios morales. También se comercializó y sucumbió a la decadencia y los abusos de los últimos tiempos del imperio romano. La reacción de estos excesos se tradujo en una percepción sumamente consolidada de la sexualidad como algo utilitarista y antierótico, que caracteriza el dogma cristiano en sus principios; la misma doctrina que, mil quinientos años después, propinaría también el golpe definitivo al nanshoku.

La influencia occidental tendría un papel destacado en este giro de los acontecimientos. Desde sus muy primeros contactos con la remota isla-imperio, los exploradores y mercaderes europeos deplorarlon la "laxa moral" y la "depravación de sus anfitriones. El escritor portugués Luis Frois, en su "Historia do Japao", documenta un encuentro en 1550 entre la expedición del fraile jesuita San Francisco Javier y el daimyo de Yamaguchi, Ouchi Yoshikata:

"El señor los recibió con muestras de alegría y dijo que le gustaría oír la nueva doctrina de los kirishitan´ (cristianos). El hermano Juan Fernández leyó en japonés el relato de la Creación y los Diez Mandamientos. Después de haber mencionado el pecado de la idolatría y otras faltas cometidas por los japoneses, llegó al pecado de Sodoma, que describió como "algo tan abominable que es más sucio que el cerdo y más bajo que el perro y otros animales carentes de razón". Yoshitaka pareció entonces molesto y les hizo una señal para que salieran. Pero el rey no dijo ni una palabra y Fernández dijo que debería ordenar que les matasen".

Aunque la presencia de los misioneros cristianos, escasa pero en aumento, prestó apoyo a quienes criticaban las prácticas del amor entre hombres, no fue sino con la restauración Meiji de 1867, un resultado directo de la apertura de Japón al mundo exterior bajo la amenaza de las armas de fuego estadounidenses, cuando la moralidad cristiana occidental empezó a dominar el pensamiento japonés, con el consiguiente punto final para el wakashudo. Tahuro Inagaki, en su obra La estética del amor adolescente escribe que:

Sin que nos demos cuenta, hemos perdido esta tradición cultural… Cuando íbamos a la escuela, solíamos oír alguna historia de dos estudiantes que se habían peleado a cuenta de un hermoso muchacho y que habían acabado sacando las navajas (…) Pero desde la nueva era de Taisho (1912-1926), no hemos vuelto a oír este tipo de cosas. El shudo, que era parte de nuestras vidas, ha llegado a su fin.

fuente:http://www.historia-homosexualidad.org/historia-gay/historia-hom

11 comentarios - Mundo Gay: historia gay china japon grecia

@HabermusNegrus
es tan largo que si lo leo de una me van a dar convulsiones

Va a favoritos!
@pablobahamonde
Hay que andar con el culo contra la pared...
@navy
mundo gay







este tiraba para ambos lados jajaja en esa epoca no le hacia asco a nada hasta a un caballo de volteaba.
@ithildor
buenisimo!!!...usted cada dia mejorando su calidad de post!...+10!...

y coincido con \"HabermusNegrus\"...voy a dejar un poco pa\' mas tarde!
@linorn
GUAU!!!!
ya sabia la mitad, pero lo de los samurais... sin palabras!!!