Nada en el mundo podría ser más dulce para la Casa de Saud –profundamente disgustada por la mayoría de las repúblicas seculares árabes– que un emirato amistoso totalmente nuevo en el Norte de África.
Pero la OTAN, la verdadera vencedora de la guerra tribal/civil libia, puede tener otras ideas. Mahmud Jibril –el incierto primer ministro del Consejo Nacional de Transición, hablando en Qatar, ha agradecido explícitamente por su nombre a los vencedores: Francia, Gran Bretaña, EE.UU., Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. De estos cinco primeros, los tres occidentales principales podrían aceptar, en teoría, un emirato dócil –mientras no muestre tendencias ultra fundamentalistas al estilo de Waziristán del Norte, como en el área tribal de Pakistán.

Queda por ver, porque en esta etapa nadie conoce realmente el grado de influencia que podrán tener los islamistas en la Libia post Gadafi. Dentro de una semana, en París, podrán poner sobre la mesa algunas respuestas: es cuando los “amigos de Libia” (FOL, por sus siglas en inglés) se reunirán con el líder del Consejo Mustafa Abdul Jalil y el primer ministro Jibril para hablar en serio sobre lo que preparan para que sea un nuevo protectorado de la OTAN.
Mientras tanto, de Bengasi a las capitales europeas se baila al ritmo de un super éxito de Guns ’n Roses rebautizado ahora Sweet Crude of Mine (Dulce crudo mío). Francia y Alemania ya están presionando a la dirigencia de los “rebeldes de la OTAN” para obtener suculentos acuerdos, Italia comienza hoy (el primer ministro Silvio Berlusconi se reúne con Jalil en Milán) y los británicos y estadounidenses están a punto de hacer lo mismo.

Hasta ahora la Compañía Petrolera Nacional de Libia otorgaba los contratos de servicio para antiguos y lucrativos campos petroleros esencialmete a las subsidiarias nacionales libias. Pero lo que quieren realmente BP, Total, Exxon Mobil y la compañía petrolera de Qatar es una participación seria en nuevos yacimientos, y esos famosos acuerdos para compartir la producción (PSA) que permiten beneficios estratosféricos. Quieren todo el auge que no consiguieron en Iraq –donde algunos de los contratos más suculentos se entregaron a protagonistas rusos, chinos o malasios.

En cuanto a los protagonistas que ya estaban en suelo libio, como Repsol de España y ENI de Italia, planifican volver a operar antes del fin de septiembre. Nadie sabe lo que pasará con las inversiones chinas.
Lo que WikiLeaks ya había revelado

ciertamente volverá a ocurrir en la forma de peleas de perros, como entre compañías estadounidenses y ENI de Italia por los mejores contratos. En gran parte debido a los estrechísimos lazos de “bunga bunga” Berlusconi con Gadafi, ENI ya estaba bombeando casi 200.000 barriles de petróleo al día antes de la guerra tribal/civil.
En todo caso, desde el punto de vista de las corporaciones vinculadas a los “vencedores” de la guerra, la desaparición de Gadafi ya es una garantía segura de contratos ultra dulces y de una serie de concesiones.
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viva la revolucion
la paz mundial!