HERCÓLUBUS, EL PLANETA QUE NO TERMINA DE ACERCARSE.
Hace tiempo ya que aparecen los carteles anunciando un libro titulado «Hercólubus o Planeta Rojo». En ellos, se deja bien claro que un planeta desconocido se acerca a la Tierra y que ese acercamiento significará el final de nuestra civilización. Sin embargo, ¿quién o quiénes son los que nos traen esta profecía apocalíptica que no acaba de cumplirse? Precisamente este artículo es el resultado de una webquest por las páginas de la irracionalidad más escabrosa.

El Venerable Maestro Rabolú es quien aparece como autor del libro (www.hercolubus.net). En realidad, su verdadero nombre parece ser Joaquín Amórtegui o bien Amortegui, ya que ni sus discípulos se ponen de acuerdo en si lleva tilde o no. Su historia es parecida a la de tantos y tantos profetas modernos: proviene de una familia humilde, trabaja en la
agricultura y, en las altitudes colombianas de Santa Marta, recibe el don de la sabiduría espiritual, lo que sus correligionarios llaman «Verdadera Sabiduría». Podría atribuirse esta iluminación al aislamiento típico de los
andinos, o a la falta de oxígeno de esas latitudes, incluso a la más que ocasional ingesta de hoja de coca, pero no, no es tan sencillo. Parece ser que recibe esta sabiduría del Venerable Maestro Samael Aun Weor, el cual aseguraba ser un antiguo faraón egipcio reencarnado, cuya momia fue llevada
a la Cuarta Dimensión, y desde su «última» muerte en 1977, está allí, en su cuerpo momificado, enviándonos mensajes y señales para garantizar nuestra supervivencia. Señales que, por supuesto, solo ven aquellos tan iluminados como él, que son los que se hacen llamar gnósticos.

Para situarnos mejor en este batiburrillo, en una página esotérica dedicada a Samael y amigos, (http://www.certificadossl.com/egnosticas/gnosis/Gnostica.htm), existe toda una lista de los ensayos escritos por él, que van desde «Tratado de Astrología Hermética» hasta «El Libro de la Virgen del Carmen», pasando por el tarot, la cábala y una pseudoegiptología que da auténtico pavor. Para aquellos lectores amantes del morbo total, pueden escuchar la voz de ambos maestros en http://www.testimonios-de-un-discipulo.com/textos_yAudio.htm,
aunque me pregunto yo cómo han hecho para grabar su voz y colgarla en la red siendo que murió en 1977. ¿Será que ahora, la telepatía viene en formato .wav? Por otro lado, la grabación es muy mala, el tono de los maestros es todo menos atractivo y casi parece el sermón dominical de un cura a la vieja usanza , hablando de Moisés y los egipcios y los profetas.

El libro de Rabolú se ha distribuido por prácticamente toda América y Europa, así como por Egipto, Burkina Faso, Australia, India e Indonesia.

A lo largo del libro, Rabolú va desgranando su teoría y tales desvaríos le llevan a mezclar churras con merinas constantemente. Al principio, el fin del mundo vendrá por la causa de Hercólubus, un gigante gaseoso entre 5 y 6 veces mayor que Júpiter y que con su acercamiento, provocará catástrofes como terremotos, maremotos y erupciones volcánicas. Conforme se avanza, Rabolú culpabiliza de parte de esas catástrofes a las pruebas atómicas en el océano. Según su libro, estas pruebas nucleares han contaminado el mar y han abierto grietas en el fondo submarino, el cual empezará a recibir gases ardientes del centro de la Tierra. Es divertido leer cómo la mayor de esta grieta tiene 90.000 km., es decir, que da dos veces y pico la vuelta al ecuador, sin que nos hayamos dado cuenta de que tenemos el planeta hecho un gruyere. También dice que el eje de la Tierra ha sido desviado ya (por esas pruebas nucleares tan nefastas) y que cuando se desvíe del todo, sobrevendrá el hundimiento de los continentes en el mar. Sin embargo, también nos advierte de que este hundimiento no será de golpe y porrazo, sin previo aviso, sino que será gradual.

Toda esta sarta de sinsentidos se apoya (según las escuelas gnósticas que siguen a Rabolú y Samael) en el Evangelio de Lucas, el cual (Lc. 21,25-28.34-36) nos advierte sobre la Segunda Venida y, del mismo modo, se atribuye a Hercólubus ser el propio Ajenjo, el apocalíptico astro bíblico que acabará con todos nosotros y que pondrá a los pecadores y a los fieles cada uno en su sitio. También hay referencias constantes al budismo, denominándose algunos de sus seguidores como Boddhisatwa de los dos Venerables Maestros.

Sin embargo, la publicidad del Venerable Maestro está muy bien diseñada.
Según parece, su editor portorriqueño Joseph Lando Ramírez, abusó de la confianza de Rabolú, editando vídeos donde se salía de los márgenes marcados por el propio Rabolú. Un año antes de su muerte, el Maestro le envía una carta destituyéndolo como editor suyo, carta que puede leerse, íntegra en su extensión, en http://www.geocities.com/Athens/Crete/7842/c_rabolu.html y que muestra cómo se puede ser un enloquecido iluminado y tener también sentido comercial.

La propaganda del libro tampoco le hace ascos a la «Conspiranoia», psicopatología muy de moda que lleva a quien la sufre al convencimiento de que la NASA, la CIA, el fumador de Expediente X o los Supremos Dominadores están intentando boicotear sus descubrimientos mediante la censura o con métodos aún más punitivos. Convencidos de que los astrónomos conocen la existencia de Hercólubus, aseguran que su silencio es debido a que se generaría una psicosis colectiva a nivel mundial. Lo más risible de todo el asunto es la presencia de un virus relacionado con el tema. Puede verse en http://www.geocities.com/Athens/Crete/7842. Buscad a la derecha el enlace a Virus Hercólubus y leeréis cosas como «Desde el 04 de septiembre de 2001 está circulando en Internet un nuevo virus denominado "HERCÓLUBUS.Vbs" que
infecta los sistemas Windows de 32 bits (95/98/Me/NT/2000). Este nuevo virus está diseñado para dañar todo lo posible la obra del V.M. Rabolú, "Hercólubus o Planeta Rojo", para lo que hace uso de frases relacionadas con este tema y así poder engañar mejor a la gente e infectar lo más posible. De
esta manera, intereses siniestros pretenden sembrar el miedo y la desconfianza entre la gente acerca de todo documento o información sobre "Hercólubus o Planeta Rojo" e impedir que la Humanidad pueda tener acceso a esta obra del V.M. Rabolú que tanto bien puede traer para ella». Me pregunto quiénes son los que tienen «intereses siniestros» y, además, si alguien está sembrando el miedo entre la gente, es el propio Rabolú, con sus imaginerías cataclísmicas. De todos modos, el virus parece ser que sí existió en su día.
Según una empresa del Perú, llamada PER Systems, S.A.
(http://www.perantivirus.com), el virus es un gusano que viaja por correo electrónico y, tras abrir el archivo «Mensaje_Cósmico.vbs», se dedica a borrarnos algunos archivos y, después a formatear nuestro disco duro. ¿Será
que el primero de los cataclismos gravitacionales del gran planeta afectará a Internet?

Quizá lo más divertido de mi webquest sea constatar que los mayores enemigos de Rabolú y los suyos son el Grupo Elron
(http://***/grupoelron3), los cuales se autodenominan "Organización científica independiente, sin fines de lucro, religiosos o políticos, dedicada a erradicar los falsos conceptos en todos los campos del conocimiento". De no ser porque continúa diciendo "a través de las enseñanzas de los Maestros de la Luz", casi creería que eran un grupo escéptico. Este grupo, de caótica filosofía (pido disculpas por llamar filosofía a semejante sarta de sandeces), entremezclan el literalismo bíblico con los extraterrestres, el espiritismo, la videncia, el budismo y
la sanación espiritual. Según ellos, el Nuevo Testamento no predice un cataclismo que destruya a la humanidad, ni «Tampoco habrá un "Juicio final", ni de las mayorías ni de las minorías, porque al llegar al Big Crunch, dentro de 25.000 millones de años, todos los espíritus habrán alcanzado el 5º nivel espiritual, y entonces ¿para qué va a ver un juicio si todos ya somos Maestros de Luz?». Su página no tiene desperdicio: podéis disfrutar de ella en http://***/grupoelron3/studies41.html.

Es curioso, cuando menos, que esta bandada de pájaros (en el peor sentido de la palabra) haya sido capaz de medir el tiempo que tardará la gravedad en frenar la expansión del universo. Lamentablemente, no he encontrado ninguna referencia a qué clase de investigación han realizado, aunque desde aquí lanzo mi propia profecía al respecto: Esa investigación no tendrá nada que ver con la materia oscura, ni con la constante de Hubble, ni con los modelos de Friedmann y dudo mucho que sepan qué demonios son esas cosas. Es más, estoy convencido de que ni siquiera les interesa saberlo.

Como colofón para los astrónomos (aficionados o profesionales), reseñar la página http://capellatorres.iespana.es/capellatorres/Hercolubus.htm, donde alguien se hace eco de los seguidores de Rabolú y comenta: «lógicamente este "temido" planeta en forma de ángel exterminador, no anda sólo por el Universo. Está integrado dentro de un sistema planetario. Vamos a referir lo más sustancioso de él: Se compone de la estrella "Tylar" alrededor de la cual giran los planetas Hercolubus, Phema, Epsilón, Hegama, Tylon y Lylio .
Es un sistema solar parecido al nuestro y se está acercando a una gran velocidad hacia la Tierra, por lo que en un futuro próximo provocará terribles cataclismos en nuestro planeta».

Lo que me queda claro, después de mi paseo por nuestro planeta X, Ajenjo, Hercólubus o, más fácilmente, Planeta Rojo, es que toda la cantidad de páginas web dedicadas al tema, blogs y foros con comentarios al respecto, personas más o menos anónimas que cuelan esta sinrazón en su ocio y se preocupan por si es cierto, no puede hacerse por unas pocas manos. Hay un movimiento importante a este respecto. Su modo de ver el universo es ora judeocristiano, ora budista; en todo caso, caótico y ecléctico, pero funciona: la ignorancia no explica la proliferación de cultos apocalípticos.
Debe haber otras causas. Permitidme que aventure una: La existencia de planetas nuevos en el Sistema Solar o cercanos a él no es algo nuevo. Es un tema recurrente en el mundo de lo paranormal. Desde las presuntas lunas de Venus o el segundo satélite que tiene la Tierra, hasta el conocido Planeta X de Percival Lowell, cada dos por tres surge alguien que está convencido de que nuestro sistema solar es algo así como un imán que atrae todo lo demás del universo. Es el nuevo modo de antropocentrismo:
Copérnico nos sacó de ser el centro del Universo y situó éste en el Sol. La astronomía posterior al telescopio nos mostró un universo enorme, donde solo éramos un granito más en una playa inmensa. Darwin nos reveló que no éramos
especiales, sino que éramos meros animales, una casualidad esculpida por millones de años de selección natural. ¿Qué nos queda? Si la Tierra no es el centro del universo, por lo menos, que sea un sitio donde pasen cataclismos y destrucciones masivas.

Para muchos, no podemos ser solo pobrecitos seres humanos. Ha de haber algo más que aminoácidos y proteínas. Entonces recurren al espíritu, un espíritu que se une al Cosmos y que les revela verdades que la ciencia (materialista, escéptica, ciega, fanática, censora, inquisitorial...) nunca podrá revelar.
La ciencia ha llegado ya al verdadero planeta rojo, pero para esos Iluminados, Marte es mucho menos interesante que un hipotético monstruo extrasolar capaz de destruirnos. Y, sin embargo, el planeta de marras sigue sin aparecer. Yo me alegro, porque no creo que mi espíritu (¿tengo de eso?)
vaya a sentirse muy cómodo en otro lugar del universo, ni en otra dimensión, ni en ningún otro sitio. Y si, algún día, un asteroide nos manda a todos al otro barrio, pues antes de palmar constataré, de nuevo, que no somos nada importante, que al universo no le importan nada los seres humanos y que
nuestro paso no ha de dejar huella entre las estrellas. Eso sí, al menos, moriré humilde y sabiendo lo que me digo, mientras otros mueren creyendo que su Venerable Maestro les ha enseñado a detener al Planeta Rojo.

Fuente: El Escéptico Digital