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Slavoj Zizek

ENTREVISTA: Slavoj Zizek Filósofo
"Occidente practica una tolerancia virtual"
J. RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 23/03/2007
Slavoj Zizek es un provocador nato, pero él se define
como "un intelectual clásico". "En el fondo, soy lo
contrario de esos chicos malos del instituto, aquellos
que dentro del libro de filosofía escondían una
revista porno", afirma. "Yo soy al revés. Dentro de
las revistas porno escondo la filosofía. Disfruto con
Hegel y finjo que disfruto con Hollywood. Son mis
colegas los que disfrutan con Hollywood y fingen que
lo hacen con Hegel". Este pensador esloveno no para de
moverse y hablar. La conversación comienza en su
hotel, sigue en un taxi, pasa por tres ventanillas de
facturación del aeropuerto de Barajas, se prolonga en
la sala de espera y termina en el control de
seguridad.

Nació en Liubliana (Eslovenia) en 1949 y allí vive un
tercio del año. Otro más reside en Buenos Aires (su
mujer es argentina) y el tercero lo hace "en aviones".
Venía de Moscú vía Praga y se marchaba a Santiago de
Compostela para, al día siguiente, viajar a Francfort
y Los Ángeles. Ha sido profesor en La Sorbona y en
Harvard, pero quiere dejar las clases. En Eslovenia
tiene el mejor trabajo del mundo: "No hacer nada", es
decir, investigar para el Instituto de Estudios
Sociales. Junto a Hegel y a Lacan, tiene a Marx entre
sus referentes, pero el Gobierno comunista de
Yugoslavia lo consideró poco ortodoxo para confiarle
la formación de los jóvenes y lo apartó de las clases:
"Además no creo en el diálogo filosófico. La filosofía
siempre ha sido dogmática. En todo caso es un
malentendido. Aristóteles malinterpretó a Platón, Marx
a Hegel y Hegel a Kant. ¿Platón? Los de Platón son los
diálogos más falsos de todos. Consisten en alguien que
habla y otro que a cada rato dice: 'Por Zeus, estás es
lo cierto".

Con un inglés cortado a motosierra pero imparable,
Zizek pasó por Madrid para dictar una conferencia en
el Círculo de Bellas Artes dentro de un ciclo sobre la
inmigración. En la sala no cabía un alma. Había gente
de pie y gente sentada en el suelo. ¿El título de su
charla? Teme a tu prójimo como a ti mismo. En el taxi
matiza: "No es un consejo, es una descripción de la
ideología dominante. Hay dos palabras fetiche:
tolerancia y agresión. ¿Pero qué significan en
realidad? Agresión significa aproximarse demasiado.
Por eso Occidente ejerce la tolerancia a distancia,
virtualmente. Somos solidarios con los africanos en
África, no con los de nuestro barrio".

Para Zizek, el ejemplo máximo de esa ideología es EE
UU. Allí, dice, todo puede ser una agresión: "Tocar a
alguien, mirarlo demasiado... Igual que queremos
pasteles sin azúcar queremos a un prójimo
descafeinado. En California la gran moda es un invento
llamado Mastubatón: 400 personas se masturban en un
lugar público, pero no tienen derecho a tocarse. La
entrada cuesta 20 dólares y, por supuesto, el dinero
se destina a una obra de caridad. Esa lógica
masturbatoria es la que rige hoy las relaciones
sociales. Vivimos en un solipsismo colectivo. Eso es
también Internet: todos conectados pero todos
aislados".

En las entrañas del ordenador que lleva al hombro,
Zizek carga el ensayo que acaba de terminar, sobre la
violencia, y el que acaba de empezar, que, adelanta,
empieza con Heidegger y termina con El Código Da
Vinci. Así es Zizek. Afirma que va a dejarlo todo para
consagrarse a escribir sobre el idealismo alemán, pero
se le iluminan los ojos hablando de Stalin Subway, un
juego con el que pasa las horas junto a su hijo de
cinco años: "Los juegos de ordenador requieren una
concentración y un orden que te permita inventar un
país y mantenerlo en pie". Zizek siempre va un libro
por delante de sus editores, que en España son media
docena. Autor de títulos como Lacrimae rerum (sobre
cine), Bienvenidos al desierto de lo real (sobre el
11-S) o La tetera prestada (sobre Irak), dice no tener
recetas: "Mi propuesta es: tomémonos el tiempo de
pensar por qué hemos llegado aquí y quién nos ha
traído. No nos dejemos atrapar en la trampa
humanitaria, que es otra de las grandes ideologías de
hoy. La caridad es ahora parte del capitalismo global
y sus figuras principales son George Soros y Bill
Gates. Su lógica es: te quito todo el dinero y luego
te doy las vueltas. En esto sigo siendo marxista, pero
lo que me interesa de Marx no es la lucha de clases,
sino la lucidez con que señala las contradicciones del
capitalismo". Mientras salta de un tema a otro, Zizek
insiste en definirse como un modesto pesimista: "Sólo
digo: mantengamos la mente abierta, no aceptemos las
fórmulas. Merecemos algo más que un capitalismo con
rostro humano".

Cuando se le pregunta por la alianza de
civilizaciones, el filósofo, que en 1990 fue candidato
a la presidencia de Eslovenia, reconoce que es la
primera vez que oye hablar de ella: "Zapatero es hoy
el gran representante de la tercera vía. Y más
simpático que Blair, pero él también ha levantado un
muro en Marruecos. ¿Alianza? Suena a vacío: celebremos
nuestras diferencias, subrayemos los valores que nos
unen, bla, bla, bla. La política consiste en actuar,
no en plantear teorías bienintencionadas. A veces los
hechos consumados crean las condiciones que los hacen
posibles. Si esperas a que esas condiciones existan,
nunca harás nada. Es lo que hizo el propio Zapatero al
sacar a las tropas de Irak o al decretar la igualdad
entre hombres y mujeres en su Gobierno". Para Zizek,
la única alianza posible es una "entre los disidentes
del liberalismo y los disidentes del Islam".

Azote de Bush con sus artículos en The New York Times,
el filósofo afirma que la gran catástrofe de los
países árabes es el declive de la izquierda laica. "El
panarabismo de los años cincuenta era un movimiento
laico. Hoy prácticamente han desaparecido los laicos
del mundo árabe, en buena parte porque EE UU se alió
con los islamistas para acabar con los demócratas, en
los que veía un nido de comunistas. Los agentes de la
CIA de ayer son los terroristas de hoy. Ahora sucede
lo contrario. Para la izquierda europea, los laicos
árabes antiislamistas son agentes americanos".

"Hablo demasiado, ¿no?". Con un ojo en el reloj del
aeropuerto, pregunta por El laberinto del fauno y
cuenta que coincidió en un estreno con Guillermo del
Toro, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu:
"Con Del Toro congenié al momento. A los otros dos no
les bastaba con ser directores de cine, además querían
ser intelectuales. Me pasó lo mismo con los
Wachowski", concluye refiriéndose a los directores de
Matrix, una película a la que dedicó Las dos caras de
la perversión, su segundo ensayo más famoso. El
primero es El arte del ridículo sublime, consagrado a
David Lynch: "No me interesa la gente que está fuera
del sistema, sino los marginales que todavía trabajan
dentro. El gran ejemplo era Robert Altman". A Lynch no
lo conoce personalmente: "Estuve a punto. Había leído
mi libro y no había entendido nada, pero le intrigó.
Quería conocerme. Incluso alguien quiso que hiciéramos
una película con una conversación entre nosotros. No
creo que hubiera funcionado. Sus entrevistas están
llenas de clichés y yo no creo en el diálogo. Al final
no quise conocerlo para que me decepcionara. Es un
genio. Eso sí, está loco".


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4 comentarios - Slavoj Zizek

DonNito
tomá merlopo, guardate estos 5 puntines en el bolsillo . Si seguis posteando material de calidad como este, te sigo tirando
Rukm0556
Oh, finalmente entendí, Merlopo por Merleau Ponty, bien, muy bien.
quet1m
acabo de leer este post, es buenísimo.

Queremos más de esto!

+4
Timo
más ,sobre \"esta clase\" de escritores!!!!