Ofelia García Prieto de D’Elía (78) es la madre del piquetero más polémico. Es una modista jubilada, especializada en trajes de novia y vestidos de 15 años. “Nunca me quise agarrar de ningún cargo”, asegura. “Luis es un buen muchacho. No me puedo quejar. Mi consejo es que tenga cuidado, hay muchos traicioneros.” Se queja porque D’Elía “come cualquier cosa, no toma los remedios para la diabetes”. Creyó que su hijo terminaría siendo sacerdote y su familia se mudó por temor a la guerrilla en los años 70. “Acá hay pobreza porque hay gente que no quiere trabajar ni progresar”, afirma.

Por Emilia Delfino



ADN. Ofelia, cruzada de brazos, en una pose característica también de su hijo. Vive en La Matanza, con su hija Mabel y sus nietos.
“Luis era travieso, como todos los chicos inteligentes. En el colegio le iba muy bien. Tenía una carpeta impecable. Siempre les hacía la tarea a los compañeros y lo cubría a mi sobrino que se rateaba. En sexto grado, la maestra lo vio pasándole un papelito a un compañero en un examen, le agarró la carpeta y se la partió en la cabeza. Eso lo marcó. Me fui a quejar con la directora”, recuerda Ofelia.

Fue la muerte de su padre y la pérdida de su cuñado, Daniel, los hechos que más golpearon al líder de una de las fuerzas de choque más importantes del kirchnerismo. “Luis y Daniel eran amigos desde los ocho años. Mi hijo estaba en Venezuela cuando Daniel tuvo una aneurisma. Cuando volvió al país ya lo estábamos velando”, dice su madre.

—¿Qué espera para su hijo?


—Me gustaría que le den un lugar lindo, en un ministerio, que cuando llegue su turno se jubile y no se meta más en política.


—¿Alguna vez le dijo a D’Elía que se había equivocado?

—Sí, pero se enoja. El siempre tiene la razón.

—¿Qué políticos le gustan?

—Me gustan Daniel Scioli y Sergio Massa. Y los Kirchner.

—¿Tiene una lista negra?

—Menem, Rodríguez Saá, De la Sota, Schiaretti, que le robó la elección a (Luis) Juez, Duhalde.

—¿Todavía observa mucha pobreza a su alrededor?

—Hay pobreza, pero hay gente a la que no le gusta trabajar y progresar. Eso es uno de los males que tenemos. Yo me levantaba a las cuatro de la mañana y terminaba de coser y atender a la familia a las 12 de la noche. Creo que el Estado debería privilegiar la asistencia de los pobres de nacionalidad argentina.

—¿El nacimiento de D’Elía fue un parto difícil?

—La verdad, sí: fue el 27 de enero de 1957, en la Clínica Modelo de Morón. Hacía 44 grados y nació a las 13.30. Después tuve a Ariel y a Mabel.

Ofelia fue a todos los actos de Juan Perón y Evita en la Plaza de Mayo. Su compañero inseparable fue su novio Luis, quien luego sería su esposo. “El era muy peronista, yo adoraba a Evita. Nos casamos y nos fuimos a vivir a La Matanza. Nuestra primera casa la hicimos con el Plan Eva Perón”, recuerda. En la actualidad, la madre del piquetero dice: “La gente del barrio se acerca a pedirme que le consiga mercadería, recomendaciones para hacer documentos. En un momento, no podía salir a la calle. ‘Esa, ésa es la madre de D’Elía’, me señalaban. El que no lo quiere bien me hacía sentir mal, y el que lo quiere bien no me dejaba ni caminar”, se queja.


“A los 18 ya estudiaba magisterio y dijo que iba a trabajar con los derechos humanos”, dice.

—¿A usted eso le gustaba?

—Yo siempre le decía: “Hacé política, pero no te hagas montonero”. Yo les tenía terror, lo quería proteger. “No, mamá, yo no sirvo para estar con esa gente”, me tranquilizaba. Pero en esa época, vivíamos en un barrio de clase media baja que estaba rodeado de casas quinta de gente con plata y había montoneros. Vendimos esa casa y compramos en Marcón y Lavallol de apuro para salirnos de allá.

—Pero le salió combativo...

—Sí, pero bien. Yo creía que iba a ser cura. Después conoció a Alicia en el Patronato de Don Bosco y se casó.

—Cuando lo ve por televisión discutiendo, ¿qué piensa?


—Le grito al televisor: “Andate del programa, no les des bolilla”. Te da bronca. Hay gente muy traicionera, compañeros a los que él les dio mucho, se jugó y lo han traicionado al máximo.

—¿Quiénes lo traicionaron?


—No me pregunte nombres.

—¿Conoce a Eduardo Buzzi?

—Sí, lo conozco. Luis era muy amigo de él. Luis es muy derecho y piensa que todos son como él. A los del campo les gusta agarrar toda la plata y no dar nada a los pobres. A De Angeli no lo puedo ni ver.

—La Justicia llamó a D’Elía a indagatoria ¿cómo fue el día de la toma de la Plaza?


—El estaba fuera de sí. Ese señor Alejandro Gaham lo insultó durante dos cuadras. Cuando lo insultan a él, me insultan a mí. Cualquier persona sale de los cabales en esa situación.


Su padre, el nexo con la Iglesia y la política


Las fotos de Luis Omar D’Elía está por todos partes. El padre del piquetero oficialista fue el nexo de D’Elía con la iglesia de Don Bosco, su cuna política. Fue empleado de Luz y Fuerza y amante de la política. “Luis y los hermanos se criaron en la iglesia. Mi esposo los llevaba para que no estuvieran en la calle. Hacían campeonatos de fútbol y los domingo ayudaban en la misa al padre Ricardi. Mi marido tenía un equipo, donde Luis conoció a Daniel, quien luego se casó con mi hija Mabel”, relata Ofelia. Su esposo falleció el 9 de octubre de 1990 de un cáncer de pulmón. “Era muy católico y humano. Murió con tres tubos de oxígeno, pero tenía fuerza. Tuvo un paro respiratorio.”

“Luis tiene la vocación de su padre y sus abuelos. Mis padres eran españoles, él republicano y ella socialista. El hacía festivales para recaudar fondos para enviar ayuda a España durante la Guerra Civil. Cuando mi esposo se jubiló, puso una olla popular en el barrio de San Pedro, frente el barrio El Tambo. Llegó a alimentar a 150 chicos. Luis les consiguió una casa prefabricada y les hizo la capilla. Cuando Luis empezó a salir a la ruta para los piquetes, teníamos mucho miedo. Mi marido le cuidaba la espalda.”


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