La maniobra de Cristina



De haber anunciado hace tres meses que se proponía compartir el dinero adicional aportado por el aumento de las retenciones a la soja exportada con las provincias y las municipalidades en el contexto de un plan social ambicioso, la presidenta Cristina de Kirchner podría haber atenuado el deterioro de su imagen, ya que las dudas en cuanto al destino de los fondos contribuyeron mucho a perjudicarla, pero parecería que antes de darse cuenta de la gravedad de la situación en que se encontraba quería usarlo para fortalecer todavía más al Poder Ejecutivo nacional en detrimento de todos los demás. Así las cosas, la promesa de aprovechar los aproximadamente 4.000 millones de pesos anuales que se recaudarán si el precio de la soja se mantiene muy alto para construir hospitales, caminos rurales y viviendas baratas puede tomarse por una concesión. También lo fue en cierto modo el tono relativamente moderado que empleó en la alocución que se difundió por la cadena nacional: si bien de forma indirecta Cristina comparó a los productores rurales con los carapintadas y, una vez más, los acusó de no querer ayudar a los pobres, en esta ocasión por lo menos se abstuvo de dedicarles epítetos realmente hirientes, acaso por miedo a desatar más cacerolazos en las calles de la Capital Federal.

Según la presidenta, es deber de los agricultores permitir que "la renta extraordinaria" que esperaban disfrutar sea repartida entre quienes menos tienen, pero sucede que otros sectores también se han beneficiado mucho del crecimiento de los últimos años sin que se le haya ocurrido exigirles ser igualmente solidarios. Puede entenderse, pues, el fastidio que sintió el titular de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, al ver por televisión a empresarios prósperos aplaudir "cómo les sacan la plata a otros". La noción primitiva de que todo el campo está nadando en dinero y por lo tanto es legítimo apropiarse de una tajada enorme tiene más que ver con los arcaicos prejuicios ideológicos de los Kirchner que con la realidad. Al aferrarse a ella, el gobierno ha impedido que el país aproveche bien lo que Cristina misma dice que es una oportunidad histórica posibilitada por el boom, acaso coyuntural, de los granos y oleaginosas.

De todos modos, si el gobierno cree que la mejor manera de reducir la pobreza es redistribuyendo el ingreso, lo más lógico sería hacerlo sobre la base de las ganancias de cada uno, pero puesto que en tal caso tendría que abandonar su pretensión de decidir quiénes tienen derecho a enriquecerse y quiénes deberían resignarse a ver sus ingresos congelados, no tiene interés en modernizar el sistema impositivo. Como resultado del esquema propio del "capitalismo de los amigos" elegido por los Kirchner, muchos agricultores quedarán atrapados en la miseria mientras que otros, incluyendo a la presidenta y su marido, seguirán ganando millones de dólares por año gracias a sus inversiones en actividades que son mucho más rentables y carentes de riesgo que algunas vinculadas con el campo.

Si en las próximas semanas se apagan las protestas de los ruralistas no será porque luego de tres meses el gobierno decidió que no todo el dinero que en adelante le suministren las retenciones terminará en la caja oficial sino porque los hombres del campo quieren concentrarse en su trabajo. En este conflicto, el gobierno cuenta con una ventaja clave: a diferencia de los agricultores, lo único que le interesa es "derrotar" al adversario de turno aun cuando sean siderales los costos para el país de lo que tomaría por una victoria épica. En cambio, los agricultores sí se preocupan por el impacto, que ha sido devastador, del paro en las economías rurales y no quieren que sufran desabastecimiento los centros urbanos. No se justifica, pues, el triunfalismo que según parece se ha apoderado de muchos funcionarios del gobierno nacional. Para los Kirchner, los tres meses de paro ya han sido desastrosos y las consecuencias a mediano plazo podrían serles igualmente malas. Además de liquidar la popularidad de Cristina y alejarla de muchas figuras importantes del peronismo que, como es natural, temen tener que pagar un precio muy elevado en las próximas elecciones por los muchos errores cometidos por el gobierno nacional, la larga protesta ha afectado negativamente la economía nacional, virtualmente asegurando que sea forzoso el aterrizaje que le aguarda.


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