¿Irán por Irán?




El informe del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) fechado el 8 de noviembre ha sacudido a las esferas políticas del mundo: señala que Irán se encamina a obtener una bomba nuclear y que no estaría lejos de conseguirla. El presidente israelí Shimon Peres anunció que un ataque militar de su país a las instalaciones nucleares iraníes sería más viable que cualquier gestión diplomática para convencer a Teherán de que ponga punto final a ese programa. Pareciera, sin embargo, que el revuelo ha entrado en una etapa de reflexión.

El gobierno israelí enfrenta un dilema de hierro: si ataca, no contaría con el apoyo de Occidente, ni de China ni de Rusia, desde luego, y ni siquiera de los países amigos-enemigos de Irán agrupados en la Liga Arabe. El propio Sarkozy, coautor de “la solución Libia”, declaró en abril que una intervención de esa naturaleza sería “desastrosa”. Leon Panetta, jefe del Pentágono, lo puso en palabras nítidas el jueves pasado: “Una acción militar contra el polémico programa nuclear de Irán podría tener consecuencias inesperadas” (Ha-aretz, 10-11-11). Panetta agregó que el ataque sólo retrasaría unos tres años como máximo la realización del programa y que “esa acción militar podría fracasar en el intento de frenar a Irán y además provocar repercusiones en otros países de la región y en las fuerzas de EE.UU. estacionadas en la zona”. Debería ser “el último recurso”, subrayó. Las demandas de Israel conocen el vacío.

La alternativa, que la ONU aplique por quinta vez sanciones económicas a Irán, tiene asimismo un futuro nebuloso y no sólo por la oposición china y rusa: la Casa Blanca tiene serias dudas al respecto. Le preocupa el efecto de tales medidas en el mercado de productos energéticos, del petróleo en particular. “Muchos funcionarios del gobierno (de EE.UU.) también temen que la imposición de sanciones nuevas y duras sea interpretada por Teherán como una declaración de guerra, lo que aumentaría la influencia de los elementos extremistas en Irán y podría alentar una ola de ataques terroristas contra objetivos estadounidenses y occidentales.” Y no sería imposible una severa réplica iraní, que amenazaría el libre tránsito de buques tanque por el Estrecho de Ormuz. El 40 por ciento del petróleo que consume el mundo pasa por ahí (www.haaretz.com, 10-11-11).

Hay otras incertidumbres. El informe de la OIEA está plagado de talveces y podrías (//graphics8.nytimes.com, 9-11-11): “Hay indicios de que algunas actividades indicativas del desarrollo de un artefacto explosivo nuclear continuaron después de 2003, y algunas podrían seguir en curso”. O: “El OIEA tiene información de un Estado miembro de que Irán ha emprendido la fabricación de cápsulas pequeñas como contenedores de un componente de material nuclear. El Organismo fue además informado por otro Estado miembro de que Irán también habría experimentado con tales componentes a fin de evaluar su capacidad de generar neutrones”. Y así.

El Dr. Olli Heinonen, un científico finés que trabajó 27 años en el OIEA, opinó que el documento “no tiene mucha información nueva” (www.haaretz. 10-11-11). Esto significaría que estaba en posesión del organismo desde hace tiempo y que su director anterior, el egipcio Mohammed ElBaradei, no la hizo pública tal vez porque pensó que era inconcluyente. De todos modos, los gobiernos de los países miembro del OIEA no la desconocían. Y el informe muestra que “el progreso (iraní) es lento” –señaló Heinonen–, empantanado como está en el cuello de botella del enriquecimiento de uranio.

Funcionarios israelíes acusan hoy a ElBaradei de agente iraní y de haber ayudado a Irán a obtener un arma nuclear por haber retenido la información recogida en el último informe del OIEA (www.nytnews.com, 9-11-11). En una entrevista otorgada meses atrás al semanario alemán Der Spiegel, ElBaradei formuló la denuncia especular: indicó que los funcionarios estadounidenses y europeos retenían documentos importantes y que “no estaban interesados en negociar con el gobierno de Teherán, sino en cambiar el régimen por todos los medios necesarios” (www.spiegel.de, 19-4-11).

La posición sobre Irán de Yukiya Amano, actual director general del OIEA y sucesor de ElBaradei, se registra en las filtraciones de WikiLeaks al británico The Guardian. Geoffrey Pyatt, representante estadounidense ante el organismo, informa el 16 de octubre de 2009 al Departamento de Estado que Amano le manifestó que “estaba sólidamente junto a EE.UU. en toda decisión estratégica clave, desde el nombramiento de los altos funcionarios hasta el manejo del programa supuestamente nuclear de Irán” (www.guardian.co.uk, 2-12-10). De la primera reunión que sostuvo con Amano después de su elección, Pyatt subraya “el muy alto grado de convergencia entre sus prioridades y nuestra propia agenda en el OIEA”. “Es un amigo de EE.UU.”, como se suele decir.

Es notorio que Israel posee armas nucleares –de 200 a 400, según diferentes estimaciones– y también que, como Corea del Norte, no es parte del tratado de no proliferación de armas nucleares, lo cual, a diferencia de Irán, le ahorra las visitas de los inspectores del OIEA. Como señala Gideon Levy, columnista del diario israelí Ha-aretz, “hay países que tienen permiso y otros que tienen prohibido” poseer armas nucleares. Las grandes potencias, por su parte, incumplen el cuarto capítulo del tratado de la ONU, que las obliga a desmantelarlas. Levy señala los dos pesos y las dos medidas de esa hipocresía: para Israel y EE.UU., la Unesco es mala porque aceptó a Palestina como miembro pleno. El OIEA es bueno porque alerta sobre el peligro nuclear iraní.
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