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Carlos Barragan le responde a Horacio Gonzalez

Nuestros primos traviesos de TVR le pusieron a Horacio González mi canción para Beatriz Sarlo. Horacio escribió su opinión sobre el caso. En qué no estoy de acuerdo con este tipo que es más grande de lo que cree.


Carlos Barragan le responde a Horacio Gonzalez





Misterios de la vida 1


Anoche soñé con Beatriz Sarlo. En mi sueño ella vive en una casa de madera, alta, con muchas ventanas con cortinas blancas que el viento hace flamear y por donde entra un sol que parece de la Ibiza que conozco por las películas. Sarlo charla conmigo mientras fuma sentada en una cama blanca, es más joven que ahora, viste también de blanco y la veo contenta, descalza y relajada. En un momento me ofrece algo para comer y cuando acepto me dice que vaya a buscar la comida a una especie de aparador. Lo abro y me encuentro con un montón de recipientes plásticos, son tupper me digo, y hay demasiados, muchos, todos de color celeste y sólo algunos contienen algo –poco- para comer. Ese detalle me inquieta: la desmesurada cantidad de tuppers parece ser lo único que está mal en la luminosa y aireada casa de Sarlo. Y el sueño termina.





Misterios de la vida 2


Despierto y leo en Página12 una extensa columna que Horacio González le dedica a la televisión, a TVR y más específicamente a mi canción sobre Sarlo. La canción que presenté con una cita que falseaba aquella famosa noción de que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Dije que le había escrito una canción porque como dijo Von Clausewitz “la música es la continuación de la política por otros medios”. Y Horacio González, un bocho, director de nuestra Biblioteca Nacional se sentó a escribir sobre mi canción después de haber sido invitado a TVR. Me dio “orgullito” -como dijo Cristina- convertirme por un rato en materia para la mente de HG. Pero más que eso me da orgullo y felicidad esta nueva lógica que estamos viviendo: intelectuales mezclados con gente como nosotros, como Schultz, como Rago, como yo, como usted. Intelectuales como Horacio González, y como Beatriz Sarlo, como Laclau y como Abraham. Cada uno con mayor o menor suerte para describir, comprender o analizar qué nos está pasando aquí y entre nosotros. Intelectuales que no discuten “cosas de intelectuales” sino las cosas que nos ocurren a todos.





Misterios de la vida 3


La última vez que vino Horacio González a 678 discutimos con él. Discutimos si debíamos discutir con Beatriz Sarlo que en definitiva lo que hace con sus opiniones es descalificarnos y agredirnos. Cuestión para el caso Sarlo ¿se sigue discutiendo con quien te trata de bruto y acusa de impostora a una presidenta que es una señora que uno quiere mucho? Cuestión para otros casos ¿se sigue discutiendo con quien te trata de ladrón y corrupto? En el estudio de Canal 7 algunos estuvieron seguros de que ya no se podía seguir discutiendo con gente así. HG defendió la calidad intelectual de Sarlo como razón suficiente para continuar la articulación de ideas. Estoy de acuerdo con él. Creo que es necesario hacer el esfuerzo de despojarse de dolores personales y no cortar el flujo de palabras. Porque creo imprescindible que estos tiempos discurran con los canales lo más abiertos que se pueda. Como la discusión implica la construcción de un momento que nos excede, deberíamos entender esos insultos –recibidos por ser oficialistas- como parte de los argumentos, o por lo menos entenderlos como huecos argumentativos. Aunque nos molesten. Aunque no podamos.





La crítica de mi razón

En su columna Horacio González observa con felicidad que en la tele, para hacer una parodia o generar un segmento de humor, se muestre la tapa de La Dialéctica del Iluminismo de Adorno y Horkhaimer.
La canción Beatrice, como muchas de mis canciones, está pensada para molestar y revelar. La molestia deviene siempre de la revelación, y no es un invento mío sino un mecanismo reiterado en cualquier construcción humorística crítica. En este caso mi hipótesis de revelación –por ponerle un nombre pedante- es que Sarlo por venir de la cultura académica desprecia o no comprende lo popular. Pero HG pone un reparo que voy a ilustrar con este párrafo de su columna “no es que me falte sentido de humor, me he reído del clip y me reí también de mí mismo. Pero los lectores de todos esos grandes libros sin los cuales la civilización sería más pobre y hosca no deberíamos concordar con que a propósito de un juicio que yo también considero poco afortunado sobre la Presidenta, se brinde como alternativa la quintaesencia de una oposición –es cierto que con la desenvoltura de una parodia musical–, entre las culturas populares y los grandes legados de la cultura crítica. Esta oposición que se desprende de la canción de Barragán es absurda. El solo hecho de la existencia de esa canción de Barragán lo desmiente en su trama profunda, aunque la declare en su intención literal.”Coincido con HG en que la paradoja de utilizar elementos de la cultura crítica para descalificar la cultura crítica autodestruye y reduce al absurdo la propuesta. Y es cierto que finalmente la mía es una operación medio rudimentaria y antigua: contraponer la alta cultura a la cultura popular. HG no lo cita, pero agrego estos versos de la canción que confirman su idea “el humo del chorizo peronista te hace mal/ prefieres ver el fuego de Alphaville que es de Godard”. Así que sí, ahí tiene razón HG, quien al terminar su argumentación me deja un sabor amargo cuando confiesa que no se fue contento de TVR por mi canción.





Horacio es Horacio. Beatriz, no.

Pero Horacio González se equivoca en algo. Escribe “Aceptarla (la oposición cultura crítica Vs cultura popular) para desligarnos de la promesa implícita que sostiene la activa y profunda ligazón de todos los planos de la cultura sólo resentiría a las razones populares para un cambio social.” Y pasa por alto que la canción tiene un destinatario con nombre y apellido, y no es una simple propuesta de abandonar los libros y tomar las alpargatas. Y se equivoca porque –y perdón pero sólo tengo el proverbio del ladrón- HG cree que todos son de su condición. Es HG quien no tiene prurito en articular conmigo -que vengo a ser la cultura popular- y encima lo hace en términos más que amistosos. Es HG quien detesta segmentar el saber en niveles estancos. Y creo que HG es injusto consigo mismo si se piensa de la misma madera que Sarlo, porque ella no da señales de estar considerando “las razones populares para un cambio social”. Por eso mi canción esta dedicada a Sarlo y no a la cultura académica. A favor de la postura de HG acepto que quizá no sea el bagaje cultural de Sarlo lo que le impide alguna comprensión, o la invita a ciertos desprecios populares. De ser así, entonces mi canción falla por prejuicio o falta de datos.





Gracias

Para terminar creo que esta cariñosa generosidad, esta atención, de HG hacia mí es desmedida, aunque no me parece desmedida sino acertada hacia el conjunto de la sociedad que necesita de intelectuales como él que sean interlocutores afectivos y no analistas de laboratorio universitario. Una travesura última: realizando la misma operación que Horacio diré que es absurdo su pedido de hábeas corpus por la amistad entre el saber elevado y el popular. Porque desde el momento en que me invita a comer un choripán humeante mientras leemos la Dialéctica del Iluminismo rompe ese vacío. Por la sola índole de su columna ya somos muchos los que estamos compartiendo libros y chorizos con él.

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