El post que buscas se encuentra eliminado, pero este también te puede interesar

Volver a Malvinas

Volver a Malvinas

Noticias

homenaje

5 Ex-combatientes de Malvinas de Tres Arroyos regresan a las islas

Documento histórico de "El Periodista"




Volver a Malvinas


volveremos





p�tria

Catorce


Catorce son los tresarroyenses que combatieron en la Guerra de Malvinas.

De ese total, cinco volvieron a las islas y dos están fallecidos.

Esta es la lista completa:

Hugo Belón,

Héctor Cellerino,

José Luis Gómez,

Mario Ielmini,

Marcelo Capriata,

Mauricio García,

Jorge Carrizo,

José Luis Minor,

Juan Luis Van Waarde,

Roberto Reducindo (f),

Carlos Melo,

Carlos Muelas,

Luis Alvarado y

Héctor Ricardo Volponi (f)



naci�n


A 28 años de la Guerra de Malvinas, cinco de los ex combatientes tresarroyenses volvieron por primera vez a las islas, en lo que constituyó un acontecimiento histórico.

“El Periodista”, de modo exclusivo para la prensa escrita, tuvo el privilegio de ser parte del emotivo viaje y acompañó a la delegación compuesta por José Luis Gómez, Héctor Cellerino, Mauricio García, Mario Ielmini y Marcelo Capriata durante siete intensos e inolvidables días en el Atlántico Sur.

Un archipiélago que en 1982 los tuvo como involuntarios protagonistas, sirviendo al país en el conflicto bélico suscitado entre Argentina e Inglaterra y que se extendió por 74 días, entre el 2 de abril y el 14 de junio.

Aquel aciago 2 de abril el gobierno argentino, entonces encabezado por el presidente de facto Domingo Fortunato Galtieri, decidió imponer por la fuerza, y de modo sorpresivo, la soberanía nacional sobre Malvinas, un reclamo que el país venía manteniendo desde 1833 por la vía diplomática sin resultado positivo. Ante la inesperada acción, Inglaterra –a instancias de la primer ministro Margaret Thatcher-, decidió movilizar sus fuerzas en pro de la recuperación del territorio. El resultado de la contienda, del que Gran Bretaña emergió victoriosa, fue trágico para ambas naciones: 649 militares argentinos muertos, 255 británicos y 3 civiles isleños.

Al momento de los sucesos, apenas entrada la década del ’80, los tresarroyenses tenían en promedio 20 años, y en el marco del servicio militar obligatorio fueron destinados a pelear en las islas. Ielmini integrando el Regimiento de Infantería Mecanizado Nº 7 de La Plata, y el resto formando parte de la Compañía de Ingenieros Anfibios de la Infantería de Marina, con sede en Puerto Belgrano. En total, catorce tresarroyenses pelearon en Malvinas (ver aparte). A 28 años, de esa lista dos están muertos –Roberto Reducindo y Héctor Ricardo Volponi-, y cinco decidieron volver en la intención quizá de cerrar las heridas, de dejar la pesada mochila, de establecer un hilo conductor entre el pasado y el presente. Y este periódico estuvo allí para acompañarlos en el emotivo regreso.


Volver a Malvinas



Día 1

homenaje

volveremos

A 28 años de la Guerra de Malvinas, cinco de los ex combatientes tresarroyenses volvieron a las islas,

en lo que constituyó un acontecimiento histórico


El 13 de noviembre de 2010, cinco de los catorce ex combatientes argentinos en la Guerra de Malvinas viajaron por primera vez a las islas, a 28 años del conflicto.

En auto hasta Ezeiza primero, en avión hasta Río Gallegos después, y desde allí nuevamente en avión hasta el aeropuerto militar de Mount Pleasant, en las Islas Malvinas.

El vuelo abordado correspondió a Lan Chile, que sólo una vez al mes hace escala en Argentina. Arriba del avión, y aún antes de llegar a destino, se produciría la primera gran sorpresa del viaje. Sentados apenas unas butacas delante de la delegación tresarroyense, un grupo de militares ingleses también volvía a las islas por primera vez.

Quizá por la edad, por alguna seña particular como un tatuaje, tal vez por el idioma o posiblemente solo por intuición, ambos contingentes rápidamente se dieron cuenta de quién era quién. Un militar inglés retirado, residente en Málaga (España), y que atento a esta condición de español de la última hora se hacía llamar Mario y dominaba mínimamente el castellano, entreabrió la puerta para que aflorara el diálogo.

Al principio el intercambio de palabras fue tenso, lentamente se fue aflojando, lo que siguió fue más fluido. Y al final, cuando el hielo definitivamente se había roto, a todos les fue posible reconocerse como pares, víctimas de un mismo suceso sin importar la bandera que defendieran, viajeros hacia un destino esquivo, en busca de remedios que curen males, de sales que cicatricen heridas, de depósitos donde guardar densas cargas llevadas sobre las espaldas, con más o menos angustia, con más o menos dolor, por casi treinta años.

Y en ese contexto las manos se apretaron fuertemente, sobrevino un abrazo, y dos y tres. Mágicamente, casi el centenar de pasajeros del avión volvió hacia atrás sus miradas y se encontró con hombres, que años atrás fueron jóvenes soldados, emocionados, compungidos, reconfortándose unos a otros, en un momento único y especial de sus vidas.

Ya en el aeropuerto, hubo promesa de encuentro en las islas al cabo de la semana.




p�tria



Día 2



naci�n

Volver a Malvinas


La delegación tresarroyense hizo base en Port Stanley (bautizada en 1982 como Puerto Argentino), la capital de las Islas Malvinas (Falkland Islands para los ingleses). El albergue fue una calida casa de nombre Lafone House, que brinda servicio "bed and breakfast". Al cabo de una semana se convertiría en acogedor refugio sobre todo por las noches, al regreso de las visitas por los escenarios de la guerra.

El encuentro prometido entre ingleses y argentinos se concretaría rápidamente, al día siguiente del arribo a las islas, el domingo 14. Esa jornada tuvo lugar la conmemoración del Día de Servicio y Remembranza, instituido por el Reino Unido para homenajear a los soldados ingleses caídos en todas las guerras, no solo la de Malvinas. Los actos tuvieron como escenario la “Cruz del Sacrificio”, sobre la costanera calle Ross Road, emplazada a menos de cien metros de la casa que alojó a los tresarroyenses.

El mítin empezó a las 10.45, con puntualidad inglesa, y contó con la presencia del recientemente asumido gobernador de las islas, Nigel Haywood.

El movimiento se notó desde 20 minutos antes, cuando una nave de guerra entró a la ría y se posicionó frente a la cruz, la policía cortó la calle y una escuadra del ejército inglés desfiló rumbó al acto, mientras decenas de isleños, grandes y chicos, se acomodaban en el lugar para rendir homenaje a los caídos.

Entre el grupo de asistentes estaban los militares británicos del avión, ahora ya vestidos con la formalidad del caso. A la distancia, la delegación argentina seguía las alternativas del evento. Así, hasta que fueron divisados por sus entonces contendientes, quienes los invitaron a acompañarlos. Fue en el preciso instante en que el sonido de una gaita rompió el silencio, erizando la piel, constituyéndose en la banda de sonido de una nostálgica película que atravesaba su segundo día de rodaje.

Al final, una foto conjunta con ingleses y argentinos mezclados en el grupo cerró un encuentro solemne, pleno de recuerdos, que tuvo su pico de emoción cuando se acercó a los tresarroyenses la madre de Adrian Anslow, un joven “perdido” en el mar en la guerra de Malvinas, cuando solo tenía 20 años de edad, y que con lágrimas en los ojos les dijo: “Ustedes también son mis hijos”.




homenaje



Día 3



volveremos

p�tria



La mañana del lunes 15 llegó provista de movilidad. La comitiva tresarroyense rentó una Van 4x4, con la idea de desplazarse con autonomía por el territorio, estableciendo un personal itinerario. El vehículo serviría de fiel transporte durante cinco días, hasta el viernes19.

Con volante a la derecha y circulación por la izquierda, siguiendo la norma inglesa, conducir por la isla no resulta fácil para un argentino. Pero Marcelo Capriata, que al igual que Héctor Cellerino fue chofer durante la Guerra de Malvinas, hizo gala de su destreza como conductor. No sólo rápidamente le tomó la mano al arrevesado vehículo, sino que –a pesar de los cambios sustanciales que ha evidenciado la isla desde el conflicto bélico-, se ubicó rápidamente como para que los movimientos fueran exitosos, sin vacilaciones, hacia los distintos puntos de interés.

El primer destino fue el aeropuerto civil de las islas, que en 1982 era el único. Hoy ha sido desplazado por Mount Pleasant a una segunda categoría, y es utilizado sólo por las avionetas de la FIGAS, la línea aérea del gobierno, que se encarga de los viajes interislas.

El aeropuerto fue el primer destino de la Compañía de Ingenieros Anfibios de la Infantería de Marina al cabo de la contienda armada, y en busca de esas huellas del pasado fue la delegación.

Las marcas no tardaron en aparecer. Detrás del aeropuerto hay unas bellísimas playas, en un sitio conocido como Gypsy Cove. El mar es trasparente, la arena blanca y en medio está el hábitat de una población residente de pinguinos magallánicos, única especie de pingüino que vive en madrigueras.

La majestuosidad del paisaje contrasta con resabios de la guerra, que denotan además la presencia de los infantes de marina 28 años atrás. Hay en los alrededores dunas minadas, con carteles que aparecen con frecuencia en la isla: “Danger mine”. Fue una de las principales tareas de la Compañía de Ingenieros Anfibios durante el litigio, y hoy –y quizá por siempre-, los explosivos permanecen allí, latentes.

Cuando terminó la guerra, Argentina entregó a Inglaterra los planos con la ubicación de las minas, y hubo un primer intento de desactivación. Pero algunos accidentes en la tarea, el alto costo económico y la cantidad de trampas explosivas implantadas hicieron desistir del trabajo. Hoy, las parcelas han sido delimitadas al doble de lo que se supone está minado, pero aún así es imposible no sentir respeto y hasta temor frente al alambrado del que cuelgan los carteles que advierten sobre el peligro.

Tras la visita al sector del aeropuerto, la Van se dirigió pasado el mediodía rumbo al oeste, hacia la zona de los montes cercanos a Port Stanley. La idea era reconocer el sendero para lo que sería, en los días siguientes, el ascenso a los montes Longdon y Tumbledown.

En eso estaba la delegación cuando, a la vera del camino, una “posición” o trinchera claramente demarcada llamó la atención e invitó a descender de la combi. Era argentina, así la reconocieron los tresarroyenses desde el vehículo, y lo corroboraría más tarde una placa. Fue el punto de partida de lo que sería, horas después, uno de los momentos más emocionantes de la travesía.

En Mount Longdon, Mario Ielmini pasó sesenta días con sus noches. En pleno invierno isleño, peleando contra adversarios mucho más poderosos: el ejército inglés, el riguroso clima y su propia mente.

En su cabeza, el monte seguía grabado a fuego pese al paso del tiempo. Cuatro o cinco metros detrás de la posición, restos de tela trajeron el pasado al presente. Ropa de combate, retazos de frazada… Sin darse cuenta, poco a poco la búsqueda, y los hallazgos, hicieron que el grupo se alejara de la ruta de tosca consolidada y se adentrará en la turba.

El viento soplaba con convicción, sin dar tregua. Alguien en el grupo calculó un promedio de 50 kilómetros, con ráfagas de 65. Más no era impedimento para la pesquisa. Cada segundo, sin estar previsto, el Longdon atraía a Ielmini como con un gigantesco imán, y al resto detrás. Hasta que Mario se sinceró: “voy al monte”, y el grupo decidió acompañarlo en su búsqueda, discretamente, en silencio.

Ielmini oteó el horizonte. Ubicó dos piedras que seguro soñó tantas noches en tantos años. “Yo estaba para aquel lado”, indicó. El suelo turbero es traicionero, blando, los pies se hunden. Si así se siente sin presión, sin prisa, no es necesario imaginar el obstáculo que debió significar en el marco de una batalla, de un combate, de una retirada, de una avanzada.

Antes de las piedras, apareció la cocina “judía”. Allí se alimentaron Mario y miles de soldados en aquel lejano, y ahora tan cercano, año 1982. De la cocina a las rocas que servían de referencia. Ielmini caminaba como si el sendero lo hubiese recorrido ayer, con la certeza que da saber hacia dónde se va, y en búsqueda de qué. Se paró, se reorientó, y avanzó. En el camino, decenas de agujeros de un metro y medio de diámetro daban impresión: eran las marcas de las bombas que se cernieron sobre las posiciones argentinas en el frente de batalla.

Una hora y algo más tarde, contando desde el horario en que el grupo empezó a caminar, Mario se detuvo frente a un amplio y sucio charco de agua. Lo rodeó, observó, se agachó, retrocedió, volvió a avanzar. A un lado, al otro, buscó puntos de referencia. Y entonces sí, absolutamente convencido, se confesó ante los compañeros. “Es acá, esta es mi posición, acá pasé mis sesenta días en la guerra”.




naci�n




Día 4



Volver a Malvinas

homenaje



El viento continuó soplando con intensidad. Después de la experiencia del Longdon, se impuso un respiro antes de ir por Mount Tumbledown. Así lo entendió la delegación tresarroyense, que prefirió refugiarse del clima con actividades paredes adentro. La visita obligada, el “Falkland Island Museum & National Trust”, en Port Stanley.

Allí hay un área dedicada con exclusividad a la guerra de Malvinas, con fotografías, pertrechos, armas, explosivos, pancartas, diarios y revistas de la época, propaganda bélica, viñetas de humor negro y hasta donativos, con su correspondiente mensaje, que el pueblo argentino envió a sus soldados en el Atlántico Sur.

También se cuenta cómo el conflicto afectó la vida cotidiana de la comunidad isleña. Afuera, en el patio, se exhiben una tanqueta del ejército nacional y un pequeño camión 4x4 restaurados para su exposición




volveremos




Día 5



p�tria

naci�n



Un día peor que el otro. Al frío y el viento se agregó la lluvia. Más no torció la decisión adoptada. Los veteranos tresarroyenses llegarían al Cementerio de Darwin, donde descansan los argentinos caídos en la guerra del Atlántico Sur.

Darwin es un pequeño pueblo rural, distante dos horas en auto desde Port Stanley por caminos de tosca consolidada.

Para ir a Darwin el camino atraviesa campos, establecimientos dedicados con exclusividad a la cría de ovejas, que acaban de parir y andan con sus corderos pastando en extensiones infinitas sin alambrados.

La lana de las ovejas de Malvinas está entre las más cotizadas del mundo y es el segundo aporte a la economía isleña, después de la pesca y antes del turismo.

Luego de un largo trayecto recorrido, antes de arribar al pueblo de Darwin, un pequeño cartel da cuenta del cementerio argentino, remontando una cuesta. Es un lugar en el que, no caben dudas, ha sido ubicado para no ser visto.

Después del conflicto Inglaterra ofreció enviar los cuerpos de regreso al continente. Pero nuestro país se negó. Consideró que los cadáveres constituirían una presencia argentina en las islas.

Cuando el grupo tresarroyense llegó a la necrópolis, las condiciones del clima habían cambiado notoriamente, esta vez para bien. Cesó la lluvia, calmó el viento que mutó en suave brisa, y hasta la temperatura se elevó. El mejor día en Malvinas, justo para estar en el peor lugar.

Al campo santo se llega caminando por un prolijo sendero de piedras, que concluye en una tranquera. Dentro del predio hay 273 tumbas, de los cuales 123 están identificadas con la frase “Soldado Argentino solo conocido por Dios”. A esa cifra deben agregarse las 323 víctimas del hundimiento del Crucero General Belgrano, y 89 cuerpos que fueron enterrados en otros lugares o directamente no fueron recuperados, para totalizar las 649 bajas argentinas en la guerra.

Los veteranos tresarroyenses caminaron con detenimiento entre las cruces, buscando nombres de amigos, conocidos y compañeros de armas. La calma y el bucólico paisaje hicieron que el caminar sea lento, con la cabeza baja. Un sentimiento afloró. No era tristeza, sino recogimiento.

De frente al cenotafio, buscando entre una larga lista de nombres, la mención de un héroe tresarroyense concentró la atención: Héctor Ricardo Volponi.

Al final, los infantes de marina oriundos de Tres Arroyos efectuaron su homenaje. Desafiando la prohibición de dejar ofrendas, con las manos cavaron un pozo entre las piedras y enterraron allí una bandera argentina, para luego cubrirla en su totalidad. La enseña les fue provista por un ex combatiente que sufrió una amputación en Malvinas, y por tanto aumentó su significado. Un presente que quedó fuera de la vista de los vivos, para ser recibido por los que allí yacen.




Volver a Malvinas



Día 6



homenaje

volveremos



Cualquiera fuera el clima, el día tiene destino: la cima de Mount Tumbledown. Es el único hito que falta por cubrir, y los infantes de marina que pasaron allí los últimos 15 días de la guerra estaban ansiosos por subir.

Los infantes, como se dijo, tuvieron como principal tarea el montaje de campos minados. Primero se ubicaron en la zona del aeropuerto, luego en el oeste de Port Stanley o Puerto Argentino, y cuando se acabaron las minas para instalar trampas explosivas, fueron destinados al frente de batalla. En ese contexto, Mauricio García y José Luis Gómez recalaron en Mount Tumbledown.

Al intenso viento y un frío que helaba las manos, se asoció la lluvia. Para colmo de males, neblina y escasa visibilidad.

Gómez y García encabezaron la expedición. En el camino, los rastros de la guerra surgieron rápidamente: cables de comunicación, municiones, posiciones, esquirlas, agujeros de bombas.

El grupo se dispersó, la visión se limitaba a no más de 10 o 15 metros. Gómez y García se adelantaron y el resto no los pudo seguir, simplemente porque el rastro se diluyó entre la niebla.

La decisión fue sabia, esperar el regreso o que mejoraran las condiciones, cosa que no sucedería. Debajo de un techo de roca, detrás de dos cocinas judías pertenecientes a la Armada Argentina abandonadas en el campo de batalla y allí dormidas por casi tres décadas, se improvisó un campamento.

Cuando los marinos que se habían adelantado regresaron, lo hicieron empapados y algo desilusionados: el tiempo no les permitió buscar sus posiciones, ni siquiera referencias que pudieran conducirlos a destino.

En el camino de vuelta, prestando atención al piso para no caer en las trampas de la turba, el grupo descubrió un borcego de guerra. Sin exponerla en voz alta, todos se hicieron internamente la misma pregunta: ¿Cuál habría sido el destino de quién lo llevaba puesto? Y un nudo apretó la garganta




p�tria



Día 7



naci�n

Volver a Malvinas



La última jornada completa de los veteranos tresarroyenses en Malvinas. Al día siguiente sería tiempo de emprender el regreso, aunque aún quedaba tiempo para la sorpresa.

Temprano a la mañana, Gómez y García, junto al resto, decidieron hacer una nueva incursión por la zona donde estuvieron 28 años atrás, previo a ser destinados al Tumbledown, en el oeste de Port Stanley.

Ahora sí las condiciones meteorológicas resultaron favorables para la búsqueda. Y como el que busca encuentra, aparecieron sus trincheras. Aunque inundados, parcialmente derrumbados, los “pozos de zorro” -posiciones que se comunican unas con otras-, y sitios de tiro hechos de piedra arrojaron conclusiones positivas.

Una posición general, entre dos piedras, donde terminaron durmiendo todos los soldados cuando se les llenaron sus refugios de agua despejó toda duda. Ahí estuvieron, ahí permanecieron por más de treinta de los setenta días en la guerra. Ahora sí el viaje se volvió completo, ahora sí cerraban un círculo abierto de búsqueda y encuentro, tantas veces soñado.

El grupo decidió que por la tarde el conflicto quedaría a un lado. Sería tiempo de una última caminata por la ciudad, comprar algún presente para la familia, y compartir los últimos momentos con las relaciones hechas en el viaje. Como Arlette Betts, la dueña de Lafone House, magnífica anfitriona y ahora una entrañable amiga; o Sebastián Soccodo, uno de los seis argentinos que viven en Malvinas, y diligente colaborador.

La tarde fue para disfrutar de la naturaleza en estado virgen, como lo está en Malvinas. En plena primavera, este lejano rincón del planeta respira vida. Vida que se impone sobre la muerte, vida que llama a la alegría, vida que es esperanza.

Llegó la hora de volver a casa, con tranquilidad de conciencia, aliviados en el peso y el dolor. En Longdon, en Tumbledown, en Darwin…, en algún lugar de Malvinas quedó parte de una pesada mochila, que los tresarroyenses cargaron sobre sus espaldas por casi treinta años.




homenaje

volveremos

p�tria


naci�n

La delegación tresarroyense en Ezeiza, antes de la partida a Río Gallegos,

escala en el vuelo hacia las Islas Malvinas

Volver a Malvinas



homenaje

Lafone House, la cálida casa que albergó a los tresarroyenses en Malvinas.

Su dueña y anfitriona, Arlette Betts, se convirtió en gran amiga del grupo

volveremos



p�tria

Arlette Betts, la magnífica anfitriona del grupo tresarroyense en Malvinas en una foto grupal,

rodeada de los ex combatientes locales y el enviado especial de este periódico

naci�n


Volver a Malvinas

Port Stanley, la capital de las Islas Malvinas

homenaje


volveremos

Ex combatientes ingleses y argentinos de Malvinas en una foto conjunta,

tras compartir experiencias y emociones

p�tria



naci�n

Acto del Día de Remembranza y Servicio,

donde se homenajeó a los ingleses caídos en todas las guerras, no solo en Malvinas

Volver a Malvinas


homenaje

El recientemente asumido gobernador de las islas, Nigel Haywood,

durante el Acto por el Día de Remembranza y Servicio

volveremos



p�tria

Las bellas playas de Gypsy Cove.

A su alrededor todavía sobreviven los campos minados durante el conflicto bélico

naci�n



Volver a Malvinas

Mario Ielmini camina conversando con "El Periodista" por Mount Longdon

homenaje



volveremos

Ielmini y su exacta posición en Mount Longdon,

donde vivió sesenta días durante la guerra

p�tria


naci�n

Marcelo Capriata, junto a Héctor Cellerino, fue chofer en la Guerra de Malvinas.

Casi tres décadas después volvió a conducir por los caminos isleños,

con volante a la derecha y circulación por la izquierda

Volver a Malvinas


homenaje

Momento de emoción en el cementerio. Pese a la prohibición de ofrendas,

una bandera argentina fue enterrada en un pozo cavado con las manos

por los tresarroyenses, en homenaje a los compañeros caídos

volveremos


p�tria

El cenotafio del Cementerio de Darwin con la lista de las víctimas.

Entre ellas un tresarroyense, Héctor Ricardo Volponi

naci�n


Volver a Malvinas

El silencio todo lo domina en el Cementerio Argentino de Darwin

homenaje


volveremos
Mount Tumbledown con frío, viento y lluvia. Un día como tantos en 1982.

Gómez y García ascendieron al monte en busca de sus posiciones en el campo de batalla


p�tria

naci�n

Volver a Malvinas


Para la mayoría de los argentinos, las Islas Malvinas son dos: Soledad y Gran Malvina (East Falkland y West Falkland, según la denominación inglesa).

Es el primer error, y demuestra lo poco que sabemos sobre el archipiélago que fue escenario de una guerra por la soberanía en 1982 y que, desde entonces, ingresó al temario de conversación nacional.

Las Malvinas no son 2 islas, sino 740. Si, así como se lee: 740, aunque las dos principales son las que se lucen y, por tanto, resultan las más conocidas.

En Malvinas, según el censo de 2006, viven 2478 personas, 2115 de las cuales residen en la capital de las islas, Port Stanley (bautizada por nuestro país como Puerto Argentino). Las 500 restantes viven en el campo en las islas mayores, o en los distintos islotes que conforman el archipiélago.

La unión entre islas se da de dos maneras principales: Mediante un ferry que une Newhaven (en la Isla Soledad) con Port Howard (en la Gran Malvina) cruzando el Estrecho San Carlos, o directamente en avión, a través del servicio ínter islas brindado por las avionetas de la FIGAS, propiedad del gobierno isleño, que tienen capacidad para ocho pasajeros y están preparadas para aterrizar en improvisadas pistas en los establecimientos rurales.

Las islas mayores son más extensas de lo que podría suponerse, y pueden ser recorridas en auto a través de una red de caminos que conecta con los “camp” (derivación de campo) y los principales puntos de interés turístico.


homenaje



Estilo inglés



volveremos

Para la mayoría de los argentinos, las Islas Malvinas son dos: Soledad y Gran Malvina.

Es el primer error: 740 son las islas e islotes que componen el archipiélago






El clima en Malvinas es cambiante, y duro. Constituye, junto con la distancia y la soledad, la principal adversidad para los habitantes del archipiélago.

El modo de vida es a la inglesa. Desayuno abundante y a trabajar, una merienda llamada “smoko” a media mañana y cena temprano, no más allá de 19.30 horas, para irse a la cama alrededor de las 22.

A media tarde, al fin de la jornada laboral y antes de volver a casa, los isleños hacen escala en algunos de los pubs y se toman una cerveza, en lo que constiuye un clásico lugareño. El más emblemático es el Globe Tavern.

La gastronomía es diversa. Obviamente pescados (mejillones, ostras, vieiras, cangrejos, trucha de mar, róbalo patagónico –conocido localmente como mullet-, y hasta manjares como la merluza negra y el calamar de Falkland), delicados corderos y tierna y jugosa carne vacuna. Los platos se sirven con verdura fresca, que los habitantes cultivan en invernaderos en los patios de sus casas, o se consiguen en el mercado provenientes de Chile o producidas localmente en un emprendimiento de hidroponía.

Aunque al parecer con anterioridad han existido casos de rechazo y agresión hacia los argentinos que visitaron las islas, en verdad no es la realidad que vivió el grupo de tresarroyenses que estuvo en el archipiélago en la segunda semana de noviembre, y que integré. Por el contrario, los lugareños devinieron respetuosos y hasta amigables. Siempre de un modo de ser sobrio y conservador, que podría parecer distante desde una óptica latina, pero que resulta normal en su cultura.

El tránsito sorprende a cualquier argentino. Primero porque el volante del auto inglés (abundan las 4x4) va a la derecha. Y porque la circulación es por la izquierda. Pero más que nada causará sorpresa por el respeto por el peatón, y por el otro.

La ley se cumple: ser hallado en estado de alcoholización mientras se conduce puede tener consecuencias graves. La detención, el escarnio social, el retiro de la licencia y, en ausencia de ésta última, incluso la pérdida del empleo.

También son severas las sanciones que impone el Código Rural para aquellos que atenten contra el medio ambiente. El cuidado de la flora y la fauna está normado por ley, y el cumplimiento es estricto, riguroso.

Reclamadas por Argentina desde 1833, que las considera parte integrante de su territorio, actualmente las “Falklands” constituyen un territorio de ultramar del Reino Unido con autonomía, excepto en la defensa y las relaciones exteriores. Ambos temas permanecen bajo la responsabilidad del Gobierno Británico. La autoridad suprema recae sobre la reina, y la ejerce un gobernador, a quien lo asiste una Asamblea Legislativa y un Ejecutivo. Se eligen ocho miembros a la legislatura cada cuatro años. La asamblea maneja los asuntos internos, y el gobernador mantiene responsabilidad sobre los asuntos externos y la administración civil.


p�tria



La capital y los habitantes



naci�n

En Malvinas, según el censo de 2006, viven 2478 personas, 2115 de las cuales

residen en la capital de las islas, Port Stanley o Puerto Argentino.


Volver a Malvinas

Port Stanley es la capital de las "Falklands", término acuñado por ingleses e isleños.

En ningún lado aparece la palabra Malvinas, salvo en la denominación de un hotel, el Malvina House,

y rápidamente aclaran que es el nombre de la dueña y no tiene ninguna otra connotación





Aunque así se los conoce en Argentina, a los habitantes de Malvinas no les gusta que los llamen “Kelpers”. La palabra viene de “Kelp”, el alga típica de la isla, y por tanto la traducción sería “algueros”. Expresan que tampoco son “ingleses”, y mucho menos “argentinos”. Prefieren que los llamen “islanders”, es decir “isleños”.

Port Stanley es la capital de las “Falklands”, término acuñado por ingleses e isleños. En ningún lado aparece la palabra Malvinas, salvo en la denominación de un hotel, el Malvina House, y rápidamente aclaran que es el nombre de la dueña y no tiene ninguna otra connotación. Stanley posee una cuidada urbanización, de casas de madera construidas sobre pilotes, confortables, sin lujo.

La localidad se extiende por varios kilómetros a lo largo y pocas cuadras a lo ancho, de frente a una ría que golpea con sus aguas la costanera calle Ross Road.

Aún remota, aún pequeña, Stanley cuenta con todos los servicios. No se carece allí de nada que podría exhibirse como logro en una ciudad continental. Y lo que falta se pide y llega en una semana a través de los vuelos de avión procedentes de Inglaterra o Chile. A los efectos de las comunicaciones, posee servicios de telefonía fija, celular, televisión por cable e Internet.



homenaje



Pujante economía



volveremos

La economía en las islas mejoró sustancialmente a partir de la guerra en 1982.

Tras la finalización del conflicto le fue concedida por Inglaterra la comercialización de las licencias de pesca.

Hasta entonces, solo la explotación lanar les permitía sobrevivir.

Hoy atraviesan tiempos de bonanza, al punto de ser autosustentables, salvo en la defensa







La economía en las islas mejoró sustancialmente a partir de la guerra en 1982. Tras la finalización del conflicto le fue concedida por Inglaterra la comercialización de las licencias de pesca. Hasta entonces, solo la explotación lanar les permitía sobrevivir. Hoy atraviesan tiempos de bonanza, al punto de ser autosustentables, salvo en la defensa. Hay una base militar, Mount Pleasant, a una hora de Port Stanley, que es casi una ciudad y alberga a 1500 soldados (no contemplados en la cuenta anterior de habitantes de las islas).

La bonanza no sólo se dice, se ve. Y es posible traducirla en números que llaman la atención.

La pesca, el turismo y la agricultura, en ese orden, son los mayores contribuyentes a la economía. Actualmente existen también exploraciones de hidrocarburos y proyectos de acuacultura, que podrían diversificar la matriz.

Las licencias de pesca generaron ingresos por 103 millones de pesos en la temporada 2007/08. Cada año, más de treinta países obtienen licencias de pesca para operar en las aguas de las Malvinas, y continúa en aumento la contribución de las compañías pesqueras locales.

En cuanto al turismo, aporta alrededor de 35 millones de pesos al año. El mayor sector lo constituyen los cruceros, que arriban a razón de 90 al año.

La ganadería ovina, que por 160 años resultó el sustento básico, quedó relegada a un tercer lugar en la aportación general, aunque no por ello menos importante. En 1,1 millón de hectáreas destinadas a la ganadería, conviven 505.500 lanares y 5500 cabezas de ganado en unos 89 establecimientos de campo. La producción anual de lana en los últimos diez años se calcula en 1800 toneladas. En 2002 se inauguró un matadero acreditado por la Unión Europea y, durante 2007/08 se exportó la carne de 12.000 corderos y 18.000 ovejas.

La moneda de circulación en las islas es la Libra Malvinense, equivalente en valor a la Libra Esterlina (se toma uno a uno) y su relación con el peso argentino es de 6,80 pesos respecto de cada libra. Un banco, el Standard Chartered Bank (SCB) brinda los servicios financieros y oficia de casa de cambio.



p�tria



Educación, seguridad, salud y empleo



naci�n

La pesca, el turismo y la agricultura, en ese orden, son los mayores contribuyentes a la economía.

Actualmente existen también exploraciones de hidrocarburos y proyectos de acuacultura,

que podrían diversificar la matriz

Volver a Malvinas

La educación es gratuita y obligatoria; la salud también es gratuita, y comprende incluso los remedios;

raramente se registra un caso de inseguridad y el empleo es pleno. Datos de las Malvinas hoy






La educación es obligatoria y gratuita para niños de 5 a 16 años. De 4 a 11 van a la escuela primaria, de 12 a 16 a la escuela secundaria. Para los que no viven en Stanley, existe el internado y también dos escuelas de campo, además de profesores itinerantes.

Los que desean seguir estudios superiores, pueden hacerlo en el Reino Unido por dos años y luego continuar una carrera universitaria si los resultados lo permiten. El gobierno cubre los aranceles de los cursos.

También es gratuita la atención en salud, incluidos los remedios. Si la dolencia superase las posibilidades de atención en el hospital isleño, el paciente es derivado a Chile o Inglaterra, haciéndose cargo el gobierno de los costos que demande la intervención médica e inclusive del traslado aéreo.

No hay inseguridad, y así lo reflejan las estadísticas. Las casas quedan abiertas por las noches, y los autos con las llaves puestas. Tampoco existe el desempleo, asegurándose que todo aquel que quiere trabajar posee empleo. El 90% de los habitantes es de origen británico. El 10% restante son extranjeros, que efectúan las tareas que no quieren hacer los isleños. Entre estos se encuentran santhelenos (provenientes de la isla de Santa Helena, famosa por albergar en su destierro a Napoleón), chilenos y filipinos.



homenaje



Presente y futuro



volveremos

A los habitantes de Malvinas no les gusta que los llamen "Kelpers".

La palabra viene de "Kelp", el alga típica de la isla, y por tanto la traducción sería "algueros".

Expresan que tampoco son "ingleses", y mucho menos "argentinos".

Prefieren que los llamen "islanders", es decir "isleños"






En el documental titulado “La Guerra y la Paz” –estrenado en avant premiere a dos salas llenas del cine y luego emitido por Canal 9 CELTA tv-, que se filmó para retratar el regreso de cinco ex combatientes tresarroyenses por primera vez al archipiélago a 28 años del conflicto bélico, el veterano José Luis Gómez pronunció una frase que sirve de disparador para reflexionar sobre el presente, y quizá también sobre el futuro de las Malvinas.

Dice Gómez: “Venimos a un lugar que reclamamos como propio, pero nos encontramos con gente que no se parece en nada a nosotros”.

Argentina reclama con justeza la soberanía sobre el territorio. Un territorio que está habitado por personas que no son argentinas, y tampoco quieren serlo. Aunque tampoco desean ser inglesas, identidad a la que adscriben tal vez por seguridad, por comodidad, pues se definen asimismo como isleños, no como británicos, soñando con una hipotética idea de independencia. Inglaterra tiene allí una incómoda colonia, en un mundo que todos desean sin colonialismos. Complejas situaciones, de difícil resolución, en un laberinto que las partes llevan años recorriendo sin encontrar la salida, aunque todos acuerden que sólo será posible hallarla en paz, por la vía del diálogo.


p�tria

naci�n

Volver a Malvinas


Cómo es la vida de un argentino en Malvinas, según Sebastián Soccodo, uno de los seis convecinos que habitan en el lejano y mítico archipiélago del Atlántico Sur


¿Cuánto tiempo llevás en Malvinas, Sebastián? ¿De qué manera llegaste?

Nací en Solano, partido de Quilmes, provincia de Buenos Aires. Vivo en las islas desde julio de 2001, llevo más de 9 años en Puerto Stanley. Llegué aquí buscando un futuro mejor para mi familia, mi señora y mi hija (que en ese entonces tenía un año) quizás un poco empujado por la situación económica, ya que transitábamos una época de plena crisis en Argentina.


No todo el mundo elige este destino, ¿que te llevó a pensar en él?


Mi señora es nativa de las islas, de ahí entonces la posibilidad de vivir en Malvinas. Por supuesto que el hecho de estar casado con una persona de aquí me facilitó la entrada. La conocí en el secundario, yo iba a cuarto año y ella a quinto en la Escuela Técnica Nº 3 de Claypole; comenzamos a salir, fuimos novios, nos juntamos, luego llegó el casamiento y al poco tiempo nació nuestra hija. Mi esposa dejó Malvinas cuando tenía tres años, tras la guerra. Su padre era argentino y la madre isleña. Cuando se desató el conflicto, el jefe de familia decidió trasladarse con toda su gente a Buenos Aires, donde mi actual mujer creció y estudió. Y respecto a porqué decidimos este destino, quizás en ese momento era nuestra única opción. Años antes, mi cuñado había llegado también a este lugar y le fue bien, por eso pensamos en que sea aquí. En ese entonces representaba la única oportunidad clara de mejorar, y la tomamos; se dio en la isla, pero tranquilamente pudo ser en otro lado.


¿Cuántos argentinos viven actualmente en Puerto Stanley?

De acuerdo al último censo realizado en 2006, se calculaba que 29 argentinos vivían en las islas, pero yo imagino que en ese número se contaban a aquellos nativos de nuestro país nacidos antes de la guerra, que por lo tanto serían isleños. Que yo conozca, hay seis argentinos


¿Qué hiciste cuando llegaste aquí? ¿Cuál fue tu primera impresión?

La primera impresión fue el frío (risas) ya que llegué en julio. Había mucha nieve, contrastante notoriamente con el clima de lluvia y humedad que se vive a diario en Buenos Aires. Nunca me olvido de esas sensaciones. Una vez instalados en la casa de nuestros familiares (que nos brindaron una habitación para que nos acomodáramos y comenzáramos a buscar trabajo) al mes y medio conseguí una posibilidad laboral en una granja de Puerto Stanley, como empleado rural o peón. Mi señora por ese entonces también accedió a trabajar en una pequeña cadena de supermercados que existe en las islas. A partir de entonces pudimos empezar a relacionarnos con la gente del lugar, adaptarnos los tres a otro idioma, otras costumbres. No dominaba particularmente el inglés, así que tuve que aprender aquí, no sabía prácticamente nada. Pero con el correr del tiempo y los diferentes trabajos fui aprendiendo. Lo mismo le pasó a mi mujer: si bien ella nació acá, cuando se fue tenía apenas tres años. De esta forma, paulatinamente, aprendimos cómo era convivir en las islas


¿Dónde trabajás actualmente?


Actualmente mi puesto laboral está en la Municipalidad, desde hace unos cinco años, como asistente de capataz; es un trabajo con una cierta responsabilidad, pero me siento a gusto. Básicamente en la dependencia que integro nos ocupamos del mantenimiento de los espacios públicos. Entre otras cosas también me toca realizar tareas de conservación en el Cementerio Argentino en Darwin, que está a cargo de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas. Con ellos es mi trato en todo lo que tiene que ver con el buen estado de ese sector. Mi actividad principal, en resumen, pasa por procurar que esté todo limpio, arreglado, que las propiedades del gobierno se mantengan en condiciones.


¿Tenías algún tipo de miedo, cuando llegaste, de que tu condición de argentino pudiera presentar algún obstáculo o condicionante?

En realidad, cuando llegamos a las islas mi mente estaba más enfocada en buscar un futuro mejor para nosotros antes que en lo que pudiera pensar la gente acerca de mí por el hecho de ser argentino. Si bien lo tenía en cuenta, nunca le di mucha importancia. Hubo más de uno que me advirtió acerca de hablar con tal o cual persona, porque no le gustaban los argentinos, y quizás hoy con algunos de ellos compartimos una charla o hasta una cerveza. Desde mi experiencia, nunca tuve problemas con nadie, siempre fui aceptado en todos lados. De hecho, trabajo en un lugar como la Municipalidad y allí jamás se presentaron inconvenientes.


Se puede decir que actualmente sos una suerte de receptor de veteranos de guerra argentinos que llegan a las islas, ya que coordinás viajes de ex combatientes…


Es una actividad algo reciente. Comencé a trabajar con los ex combatientes hace dos o tres años, no sólo con ellos sino también con toda la gente de habla hispana que viene a visitar las islas. La idea apunta a brindarles algún tipo de apoyo o ayuda en el caso de que no manejen el inglés correctamente; si alguien necesita una mano, acá estoy. Pero mi relación con veteranos de Malvinas es fluida, conozco muchísimos y por lo comentarios que escucho están encantados de poder tener una referencia aquí. Me toca a mí porque quizás me expuse a ellos, pero podría haber sido cualquier otra persona.


¿Cómo es vivir en Malvinas? ¿De qué manera transcurre un día en tu vida y la de tu familia?

En casa, nosotros normalmente nos levantamos entre seis y seis media de la mañana, desayunamos, despertamos a los chicos (en la isla nació su segundo hijo, varón, de seis años). Los dos trabajamos desde las 8.30 de la mañana hasta las 16.30, y los niños tienen sus actividades escolares desde las 9 y hasta las 15.30, con una hora de intermedio para comer. Lo que solemos hacer es dejarlos en la guardería aproximadamente a las 8, y una vez allí se ocupan de trasladarlos al colegio. Al mediodía los paso a buscar y almorzamos todos juntos; por la tarde se repite más o menos la misma situación. Cuando termino mi labor recojo a mis hijos de la escuela, a mi señora de su trabajo, y retornamos a casa. Luego hacemos la tarea con ellos o vamos a la pileta, y tras esto nos dedicamos a armar la cena. Esa es, a grandes rasgos, nuestra rutina de todos los días aquí. Una vida normal.


Hablemos de ingresos y egresos económicos, Sebastián. ¿Cierran los números personales?

Nosotros alquilamos una vivienda que pertenece al gobierno de las islas y pagamos una renta que más o menos ronda las quinientas libras; traducido a moneda argentina, unos tres mil doscientos pesos. Aparte de eso, como gastos notorios de la casa tenemos el de la calefacción. Aquí las calderas funcionan a kerosene, y en ese aspecto el combustible representa una erogación de unas doscientos cincuenta libras por mes. En eso nada más sumamos unas mil por mes (siete mil pesos más o menos), y un sueldo promedio es de mil doscientas, o sea que en cubrir estos gastos se va prácticamente mi ingreso laboral. Por tal motivo, en una familia normalmente tienen que trabajar el hombre y la mujer a la par. Mi esposa, aparte de su tarea normal de lunes a viernes, cumple funciones de seguridad los sábados y en mi caso además del desempeño en la Municipalidad tengo el mantenimiento del Cementerio, el trabajo con los turistas, porque la vida aquí es bastante cara. De cualquier manera estamos tranquilos, y contamos con la ventaja de que cuestiones como la salud o la educación son gratuitas. Inclusive si el problema en cuanto a cuestiones sanitarias requiere de una mayor complejidad, se derivan los casos hacia Chile o bien a Gran Bretaña , con la mayor parte de los gastos pagos.


¿Qué pasa con aspectos como la seguridad o el empleo, temas tan recurrentes para los argentinos?

Para muestra puedo decir que generalmente dejo la llave del auto puesta en el vehículo. Acá no hay inconvenientes, todavía se confía bastante en la gente, nadie te va a sacar nada. En realidad el crimen no existe. En cuanto al empleo, con este tema de la posibilidad de encontrar petróleo o del turismo hay trabajo. Para el que quiere, existen posibilidades laborales.


¿Por qué las primeras minorías son chilenos, santhelenos, filipinos y no argentinos?

La verdad es que se busca mano de obra barata. No lo digo en el mal sentido, pero se da el hecho de que una persona que por allí en Chile vive con trescientas libras al mes, viene aquí y cobra mil. Lo mismo quizás haya pasado con la gente de Santa Helena u otros países. Ellos también se metieron; creo que si algún argentino viniera a buscar trabajo aquí, sería tratado como cualquier otro.


¿Se requiere algún tipo de visa temporaria o admisión?

Se necesita en principio un contrato de trabajo. Sin eso no se puede entrar, pero lo mismo ocurre en cualquier otra parte del mundo.


¿Tenés planes de comprar o construir una casa?

Hace unos meses tuvimos acceso a un terreno a través de un plan que impulsa y subsidia el gobierno, y salimos adjudicados. Por eso ahora nuestro proyecto familiar para el 2011 es la casa propia; el sueño está cada vez más palpable. En Puerto Stanley una parcela vale aproximadamente unas 20 mi libras (ciento cuarenta mil pesos), ese dinero nos costó a nosotros, como decía, con subsidio del gobierno. En forma particular es probable que se incremente un poco más. En cuanto a la construcción de la casa, hemos pensado en una vivienda de cuatro habitaciones, con todas las comodidades, con un valor aproximado de gasto de unas cien mil libras (setecientos mil pesos). Pagamos un depósito del diez por ciento durante el primer año, el segundo otro tanto, y el resto después, en el tercero. Los créditos hipotecarios se otorgan a veinte o veinticinco años a través del banco local. De esa manera la financiamos.


¿Qué tan presente está en la gente hoy, a veintiocho años, la guerra de Malvinas?

Creo que quizás en las fechas importantes afloran los sentimientos, al fin y al cabo la guerra no pasó hace tanto. Es un tema cotidiano. En el trabajo por allí se comienza hablando de una determinada cuestión y por ahí aparece el recuerdo de la contienda.


¿Qué te contaron de lo que pasó? ¿Qué versión tienen los isleños de los hechos?


Lo que por allí me ha sorprendido es que si bien ellos se sintieron invadidos por los argentinos y estaban en guerra, tuvieron actos de humanidad increíbles, como por ejemplo dar de comer a un soldado, o bañarlo, asistir a esa gente que debería ser tu “enemigo”. De humano a humano, les brindaron una mano a muchachos nuestros que la estaban pasando mal.


¿Hacia dónde va la soberanía de Malvinas según lo que escuchás, o lo que piensa la comunidad de las islas?


Respecto al tema de la soberanía no tengo en claro qué va pasar, sí sé que la gente de aquí quiere ser independiente, hoy en día permanecen bajo ese “ paraguas británico “ más que nada por una cuestión de seguridad, pero sin lugar a dudas no desean depender de ninguna de las dos naciones.


¿Económicamente los números le dan a las islas para aspirar a eso?

Exactamente. Los números cierran, la única cuestión a dirimir es la de la seguridad, y por la que se mantienen con Gran Bretaña como “madre”.


Si estás pensando en construir la casa propia, evidentemente tu futuro está aquí. En ese contexto, ¿qué extrañás de Argentina?

De Argentina extraño quizás compartir un asado con la familia, el contacto con mis seres queridos. Generalmente vamos una vez por año a visitarlos, y si no se puede viajar traemos a alguno de ellos aquí para que conozcan el lugar. De paso sirve para que entiendan el porqué de nuestra vida en Malvinas, porqué dejamos las raíces y porqué decidimos establecernos.





homenaje

volveremos

p�tria


La idea de la independencia de las Malvinas, según John Fowler, reportero del “Penguin News”. Exclusivo de “El Periodista de Tres Arroyos”


¿Dónde estaba usted, qué estaba haciendo, cuando se enteró del desembarco argentino en Malvinas en 1982, John?

Yo en ese momento estaba a cargo del sistema de educación de las islas, por este motivo integré parte del grupo que fue convocado a la casa del gobernador para una reunión, totalmente inesperada, en horas de la tarde. El encuentro sucedió el día 1 de abril de 1982. Esperamos una media hora sin que nadie se acercara a hablar con nosotros, y luego vino el gobernador, al que se veía un poco preocupado, y nos informó que había recibido un mensaje de parte de la Cancillería Británica, que indicaba que se aguardaba una invasión a las islas para la madrugada del día siguiente, 2 de abril. Fue un shock enorme, no estábamos preparados para algo de este tipo, una cosa muy extraña, porque nadie sabía qué iba a ocurrir. Una situación que hasta ese entonces uno solamente podía imaginar a través de lo que se ve en las películas bélicas. Hablaban de invasión, pero ¿qué tipo de invasión? Teníamos que esperar, con mucho miedo, respecto de lo que acontecería en las horas siguientes


¿Qué recuerda de lo conversado con su familia, una vez conocida esta noticia de primera mano en casa del gobernador de las Islas?

Recuerdo algunas cosas que hice. Por ejemplo, yo vivía por el sector oeste, en Puerto Stanley, y durante la reunión en casa del gobernador vinieron dos oficiales de la Real Marina Británica para decirnos que la invasión se esperaba por el lado este de la localidad, en las playas. O sea que nada iba a ocurrir, aparentemente, por donde vivíamos nosotros. Los primeros ruidos de la contienda se escucharon del lado de la isla en el que habitaban los oficiales de la Marina, contrariamente a lo que nos habían dicho, en el sector opuesto. Recuerdo que me sentí un poco enojado con ellos por su mala información, y supuse que si la invasión avanzaba por ahí todo pasaría muy cerca de mi casa, camino a las dependencias de la gobernación de la isla, que eran la meta del desembarco.

Recuerdo además que me comuniqué con una pareja de profesores malvinenses que, la semana anterior a todos estos sucesos, habían vuelto de Buenos Aires. Debieron viajar, puesto que la mujer tuvo que ser atendida en el Hospital Británico de allí, porque iba a dar a luz gemelas, y en ese entonces el centro de salud local no estaba preparado para atender este tipo de casos de parto, dobles o triples. Lo cierto es que las niñas nacieron en Buenos Aires y fueron registradas como ciudadanas argentinas. Ellos vivían justamente en la parte de la ciudad en donde ocurriría la invasión; entonces llamé a esta pareja, hablé con ellos, empacamos sus cosas, fui a buscarlos y los trasladé a mi domicilio, en donde pasamos la noche. Al día siguiente, al volver allí, su casa se encontraba totalmente destruida, con vestigios de proyectiles, esquirlas…Y a veces pienso lo que habría sucedido si hubiesen permanecido esa noche ahí. Estaríamos diciendo que fueron los primeros muertos de esta guerra, incluidas las gemelas argentino-británicas. Aún hoy sigo analizando este acontecimiento de una manera entre trágica e irónica, una suerte de símbolo o paradigma de toda la guerra


Usted sufrió un episodio que lo tocó muy de cerca, cuando las esquirlas prácticamente destruyeron el techo de su casa, y murió gente allí, los únicos tres civiles fallecidos en la guerra, e incluso se salvó por el azar o destino su señora…

Es un episodio que he contado frecuentemente, hasta el punto de no tener ganas de volverlo a mencionar. Fue un accidente ocasionado por el mal manejo de un cañón naval, un error del sistema computarizado; fallecieron tres señoras, las únicas civiles que murieron en toda la guerra. Pudimos escuchar el ruido de este proyectil, obviamente, y suponíamos que se dirigía hacia nuestra casa. Una de las víctimas del hecho estaba junto a mi esposa, en el piso del dormitorio. Mi señora recibió algunos golpes en su espalda producto de la caída de unos trozos de madera, pero quien estaba con ella murió inmediatamente.


¿Cuál fue el rol que, en medio de la guerra, cumplió la comunidad isleña, los civiles?

Fue una situación difícil, porque en gran parte la gente de Stanley (cuando se enteró de lo que iba a pasar) se fue al campo, donde suponían que estarían más seguros, ya que pensaban que lo peor ocurriría en el poblado. Entre ellos se encontró alguna gente en Darwin, en Goose Green, que pasaron unas cuantas semanas presos en el Club Social. La mayoría, después de las primeras sensaciones, debíamos quedarnos en nuestro lugar. Cuando llegaba la hora de oscuridad, teníamos que proteger las viviendas para que no se notara la luz desde afuera, y por eso nos hallábamos un poco aislados de la comunidad, en grupos muy pequeños. A tal punto que era complicado recibir noticias acerca de lo que estaba sucediendo al otro lado del pueblo. La cadena de radio BBC constituía la única fuente de información de la que disponíamos. Hay un libro que se llama “74 días” en el que se cuenta la historia de una familia ubicada a más o menos un kilómetro de donde yo habitaba. Al leerlo, tiempo después de finalizada la guerra, me sorprendía de las cosas que narraban acerca de lo que les había ocurrido y yo, tan cerca de allí, a pesar de la tan corta distancia que nos separaba, no me había enterado. Fue totalmente difícil tener una idea acabada de lo que pasaba. Grupos de vecinos se congregaban en nuestra casa por las noches para estar más seguros, por lo que considero que había un sentimiento de comunidad muy agradable. En algunos aspectos se forjó una estrecha relación entre los habitantes, superior a lo normal, conscientes de lo que estaba sucediendo y con un profundo sentido de pertenencia a nuestro lugar y sociedad, con la necesidad de darnos apoyo el uno al otro. Pasamos momentos muy dolorosos


¿Dónde lo encontró el final de la guerra?

Yo estaba en el Hospital de Puerto Stanley, con mi familia, viviendo allí con otras personas, ya que nuestra casa había sido dañada a tal punto que no podíamos quedarnos, ya que no contábamos con luz ni agua. Desde el Hospital podíamos ver a las tropas argentinas volviendo de las montañas, con escenas realmente horribles del sufrimiento, y siempre esperando noticias, buscando información, que alguien nos dijera que todo había terminado. Finalmente eso ocurrió a través de la llegada de un helicóptero transportando a oficiales del alto mando británico, pero pasamos días de confusión.


Comentarios Destacados

@martin151 +19
heroes excelente imagenes

44 comentarios - Volver a Malvinas

@martin151 +19
heroes excelente imagenes
@rogrigoG -11
ya aburren estos documentales donde cuentan lo mismo que los demas...
@MrAaronRivera +5
naci�n

porque con el tiempo el odio desaparece, esto algo de lo que deberían aprender los demás. estos hombres son todos hermanos todos excombatientes unidos por las experiencias y consecuencias psicológicas de la guerra
@el_mas_carpero -21
Muy buen post +5

Pd: Listo para defender mi patria de los chilenos y mexicanos saltamuros Volver a Malvinas
@coverDelcover -12
homenaje

y esto q son los ingleses esos ahi sentados y los ex combatientes compartiendo el mismo hogar sonriendo para la foto ? mis disculpas pero altamente cualquiera esta foto
@MrAaronRivera +4
rogrigoG dijo:ya aburren estos documentales donde cuentan lo mismo que los demas...


anda estudiar acordate que tenes exámenes
@posero69 +4
una nostalgia penetrante debe ser...
@MrAaronRivera +4
MrAaronRivera dijo:naci�n

porque con el tiempo el odio desaparece, esto algo de lo que deberían aprender los demás. estos hombres son todos hermanos todos excombatientes unidos por las experiencias y consecuencias psicológicas de la guerra


no puedo creer que lo votaran negativo, no puedo creer que exista mas odio entre los users de taringa que entre estos hombres que combatieron el uno contra el otro
@cachigorosito
MrAaronRivera dijo:
MrAaronRivera dijo:Volver a Malvinas

porque con el tiempo el odio desaparece, esto algo de lo que deberían aprender los demás. estos hombres son todos hermanos todos excombatientes unidos por las experiencias y consecuencias psicológicas de la guerra


no puedo creer que lo votaran negativo, no puedo creer que exista mas odio entre los users de taringa que entre estos hombres que combatieron el uno contra el otro

dejalos que se maten entre ellos, total son 4, pero debe haber 1.000.000 mas de hombres que piensan igual.
@antonyy20 +8
el_mas_carpero dijo:Muy buen post +5

Pd: Listo para defender mi patria de los chilenos y mexicanos saltamuros volveremos

Te haces caca en una guerra de verdad niñato jajaja. La guerra deja estúpido al vencedor y rencoroso al vencido.
@0zerobyte +8
el_mas_carpero dijo:Muy buen post +5

Pd: Listo para defender mi patria de los chilenos y mexicanos saltamuros p�tria

Pobre imbécil , cada ves manchando más la imagen de tu país, que asco de persona eres.
@Crew_ +7
NO TENEMOS CHANCES YA NOS GANARON LA GUERRA YA ESTA
PERO SON NUESTRAS PERO NO LAS VAN A DEJAR
@Arbenig +3
Lo mejor que podria pasar es que las malvinas sean independientes, tanto de Argentina como de R.U, haci se acaba todo esto, creo yo.

FAV'S y +10 e_e
@Hizumi +4
Volveremos, No Matando, Si no como Gente Pacifica y Civilizada para Convivir Tranquilamente con Ingleses y Kelpeers
@rama22Ip +4
naci�n
Chilenos traidores! yo no olvido ni perdono.
@rama22Ip +2
Lo mejor que podemos hacer es cortar todas las rutas aéreas que pasan por encima de argentina para llevarle suministros a las malvinas desde chile, haciendo eso, tarde o temprano van a ceder.
@gonziib +1
buen post, te dejo 10
@Potuss +3
homenaje

Esto es dar el ejemplo...
@rama22Ip
DrFeinstone dijo:
rama22Ip dijo:Lo mejor que podemos hacer es cortar todas las rutas aéreas que pasan por encima de argentina para llevarle suministros a las malvinas desde chile, haciendo eso, tarde o temprano van a ceder.


Ya no dependen tanto de la logística como antes , no se si seria solución , pero suena lógico

La otra vez la presidenta anunció que iban a cerrar las rutas aéreas pero se ve que no las cerró nada.
Sin esas rutas las islas no tienen forma de abastecerse, inglaterra queda lejíisimos como para mandarle cosas.
@inglipecio
el_mas_carpero dijo:Muy buen post +5

Pd: Listo para defender mi patria de los chilenos y mexicanos saltamuros naci�n

anda a la puta que te pario
@FrancoSantos95
Este tipo de personas se merecen ser reconocidas, merecen que la gente conozca sus nombres, el mundo esta muy injusto hoy en día