Por las urgencias cotidianas y las bondades que ofrece la ciencia, podríamos deducir que vivimos más aislados de lo que los especialistas y las frases de ocasión aconsejan. Entonces, el siglo XXI, ¿nos encuentra unidos o separados?

"Podríamos decir que, en un aspecto general, los vínculos sociales se degradaron y perdieron valor como modo de iniciar contacto con nuestros pares", define Carlos Peláez, licenciado en Psicología y docente de la Universidad de Buenos Aires. "Desde ciertos modelos vinculares de la posmodernidad y el mercado, se favoreció el hecho de estar solo. Lo individual suele ser menos problemático, pero no para el sujeto que está solo, que, en esa soledad, se empobrece".

El problema surge con los avances tecnológicos: estamos muy conectados, pero pobremente comunicados en cuanto a establecer contacto real con el semejante. Cada vez más, los lazos se basan en la utilidad, y menos en la significación emocional, intelectual o espiritual. Por ende, confundimos conexión con comunicación.

"La vinculación con compromiso emocional, dentro de un diálogo cara a cara, se va perdiendo en la medida en que la sustituimos por modos virtuales: la televisión, el teléfono, el chateo. Lo preocupante es que estos sustitutos electrónicos gestan vínculos incompletos”, explica Alfredo Moffatt, psicólogo social. "La TV te deja en receptor pasivo pues no te escucha, sólo somos televidentes; el celular no permite el contacto; y, en la Red, ‘el otro’ es una suposición, sólo se intercambian palabras escritas", agrega.

Sin embargo y por otra parte, según un estudio español publicado en 2007, Internet ayuda a sociabilizar. El sociólogo Manuel Castells, codirector del estudio, resaltó que el proyecto "ha verificado lo que ya se sabía, que las nuevas tecnologías no encierran a la gente en casa sino que activan la sociabilidad". Según Castells, considerar que el uso de Internet "aísla y enajena" es una "patraña sin ninguna base científica".

A su vez, el doctor Antonio Lucas Marín, del área de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, apoya tal teoría al enunciar que la Web eleva la capacidad comunicativa a niveles insospechados.

En una vereda opuesta, se ubica el crítico literario, semiólogo y comunicólogo, Umberto Eco cuando aseguró en 2004 que la exacerbación de dicho canal desembocará en una incomunicación total.



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