El empresario kirchnerista lanza su propia agrupación
Es uno de los hombres más cercanos a Kirchner. El ex presidente quiere reagrupar fuerzas y Báez liderará la corriente Pensamiento Nacional.
Cuando los engranajes de una maquinaria crujen, algunas piezas se reubican. Lázaro Báez, el dueño de una de las constructoras más importantes de Santa Cruz, se lanzará a la política para expresar su apoyo a su amigo Néstor Kirchner. Báez es uno de los pingüinos que conforman el corazón del kirchnerismo. Desde que Kirchner llegó al poder en mayo de 2003, se restringió al papel de empresario y socio del ex presidente.
Báez es el factótum en las sombras de Pensamiento Nacional, una corriente política que se apresta a reclutar voluntades en favor del “Ruso”, como lo llama en privado. Según le contó a su círculo más estrecho, el empresario accedió a la convocatoria del radical Roberto Porcaro, quien abandonó las filas de Compromiso K para iniciar la nueva aventura.
La historia oficial afirma que Báez se convenció en un asado que compartió en la quinta Los Abuelos, que Porcaro tiene en la localidad bonaerense de Canning. En ese mismo lugar, Ulloa había ideado el sello ultrakirchnerista que ahora apenas puede montar una carpa en el Congreso. Pero otros sugieren que fue el propio ex presidente, en tren de reagrupar a su tropa y no regalar nada, quien le pidió a Báez que “salga a defender el proyecto nacional”.
Lázaro Báez está al frente de la empresa Austral Construcciones, que se expandió por gran parte del territorio nacional en sintonía con el aluvión K, aunque aún se queja de que no puede competir con las grandes firmas que, desde hace décadas, se reparten la obra pública en el país. Sin embargo, en 2007 la Justicia del principado de Liechtenstein le bloqueó una cuenta en la que tenía 10 millones de dólares.
Dueño de la petrolera Misahar, inició hace un año una verdadera carrera por adquirir tierras en el sur. Debutó con la compra en un millón y medio de dólares de las 11 mil hectáreas de la estancia “Rincón”. Distintas versiones afirman que ya compró alrededor de 140 mil hectáreas en la inmensidad patagónica.
La lógica política y económica del ex presidente no puede prescindir de exponentes como él. Báez representa al tipo de empresariado que recauda a partir de sus vínculos con la política y propaga –con parte de lo que gana– el proyecto político que lo alimenta.
Sin embargo, no todo es lo mismo en la intimidad del santacruceño y jamás se llevó bien con Rudy Ulloa Igor, otro de los incondicionales de Kirchner. “No somos amigos”, admite lacónico.
Los pingüinos afirman que los celos se deben a “cuestiones de rango”. A ojos de Ulloa, Báez disfruta de un trato preferencial. “Es una especie de socio menor. En cambio, Rudy es un hermano o un hijo”, compara un funcionario que se lleva bien con los dos. En algo coinciden: se adaptan al esquema radial que dispone Kirchner, reportan directamente a él y aceptan que su futuro está atado al del ex presidente.
Báez es uno de los poquísimos pingüinos que no reconoce fronteras en los dominios de Kirchner. Integra el staff fijo que asiste a la residencia “Los Sauces”, de El Calafate, cada vez que el matrimonio presidencial viaja al sur. Entra y sale de la Quinta de Olivos cuando el ex presidente así lo requiere.
Su perfil bajo le juega a favor y le permitió pasar varias veces inadvertido en la Casa Rosada. Báez no tiene pudor en reconocerlo. “Soy amigo personal de Néstor Kircher y le debo mucho de lo que soy”, admite en su carta de presentación. Y destila veneno contra Cristóbal López, el otro patagónico que ganó a lo grande con el desembarco K.
Aunque comparten negocios y son los únicos empresarios que el jefe del PJ considera absolutamente propios, Báez no disimula su fastidio con López. “Siempre fue radicheta. Es un oportunista”, dice, aunque eso no le impide visitarlo en el hotel Lucania de Comodoro Rivadavia. Todavía recuerda el tiempo en que era gerente del Banco de Santa Cruz y Cristóbal López le fue a pedir un crédito para sus empresas.
Pero, en privado, Báez se define como “militante peronista” y recuerda que se acercó al Ateneo Eva Perón cuando llegó a Río Gallegos desde Corrientes. “A mi padre lo echaron de la provincia por peronista”, le gusta decir. En ese tiempo, Kirchner era parte de otro ateneo, el Juan Perón. Con su nuevo movimiento, Lázaro parece dispuesto a dar la cara por primera vez y demostrar en los hechos que es un verdadero incondicional. “Siempre voy a estar con Lupin”, asegura. Hace años que comprobó que con Kirchner eso tiene premio.
La relación con el amigo Peralta
En Santa Cruz, Lázaro Báez es un vecino distinguido. Tiene una óptima relación con el gobernador Daniel Peralta quien, en noviembre de 2006, le entregó la mitad de las áreas petroleras que licitó la provincia. El vínculo con su antecesor no había sido tan bueno.
En su renuncia, Sergio Acevedo alegó, en parte, que desde la Nación le reclamaban un trato preferencial para las empresas viales de Báez.
El empresario militó junto a los padres del actual gobernador, Hugo Peralta y Nélida Cremona, en el Ateneo Juan Perón. En los 70, los Peralta se alinearon entre los sectores que jaquearon al gobernador Jorge Cepernic, ligado a la tendencia revolucionaria del peronismo.
Cuando Néstor Kirchner asumió como gobernador tras la destitución de Jaime Del Val, se enfrentó con el entonces ministro provincial Peralta y pretendió borrarlo del mapa. Pero Lázaro, que era gerente del Banco de Santa Cruz, lo refugió del otro lado de la cordillera, en la sucursal de Punta Arenas, hasta que a Kirchner se le pasó la furia.
Fuente: http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=7555
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