"No nació la que me gane"



Invicta y campeona mundial minimosca, la piba de Wilde fue elegida mejor boxeadora del año. En 2012, asoma como figurita popular y se prepara para un gran desafío.


No nació la que me gane




En la segunda generación de chicas en el deporte y con el camino allanado por La Tigresa Acuña, pisa fuerte La Tuti Bopp. Tiene 27 años, belleza de calendario y su técnica en el ring le abre el portal al mundo, en un deporte que se resiste a quedar como anticuado. Con dos coronas mundiales (es minimosca o 48 kilos), un lomito picante y la sonrisa que da bien en el living de Susana (donde ya estuvo tres veces aporreando a Miguel del Sel travestido), Tuti ya sabe del aliento popular. “El reconocimiento es como una caricia. Al ser un deporte de hombres, a veces te desmerecen”, explica y ceba mate dulce en su casa de Villa Domínico.

“Que no me rompan la nariz”, fue lo primero que le dijo a Delfino Pérez, su entrenador, cuando entró al gimnasio a los 17 años. Pronto, se dieron cuenta de que le resultaba fácil aprender. Así, hizo carrera en el amateurismo (con medalla de oro en dos Panamericanos y bronce en dos Mundiales). Y en 2008 se hizo profesional.

No hay dramas ni necesidades para explicar por qué se puso los guantes. “Hubiese seguido el profesorado de Educación Física. Me iba bien en vóley y handball, tenía agilidad pero mido 1.50 metro. Y no me veía en un equipo”. Mientras, ayudaba a un amigo en una carnicería, o trabajó de camarera. “Cuando vi que todo dependía de mí, pensé ‘esto es lo mío’”.

–También hace falta disciplina para boxear, ¿te costó bajarte de la farra?

–No, porque ya había sido bastante bolichera. Vengo de padres separados, y como mi vieja se la pasaba laburando, yo quería ir a los bailes con mi hermano mayor. Ibamos a los boliches de Avellaneda, a veces me dejaban entrar, a veces no. Ya había vagueado todo lo que tenía que vaguear. Y después de entrenar, volvía a casa sin ganas de discutir. Así que mi vieja chocha, dejé de salir, de fumar, ¿cómo no le va a gustar?

–¿Te simpatiza ser la mujer bonita del boxeo?

–Está bueno, me dicen que tengo un buen conjunto, ja. Si no supiera boxear, sería sólo eso. Hay chicas que no saben, y son un poco patéticas. Pero a mí, hasta las señoras me dicen: “Mirá que bonita, y cómo boxea”. Me gusta sumar algo de glamour a este deporte.

Sonrisa blanco ala, lindas curvas, velocidad y combinaciones letales. Tuti se abre camino para su gran chance mundialista: si todo cierra, puede toparse con la armenia-alemana Susi Kentikian, una peligrosa morocha, considerada la mejor peleadora libra por libra. “La quiero pelear. La vengo esperando y puede ser en mayo. Si es la rival que me falta para demostrar algo, estoy lista. Todavía no nació la que me gane”, tira Tuti, y sabe que es un buen slogan.

Mientras, escucha ofertas exóticas: “Vinieron unos empresarios de Japón, y me hicieron un book de fotos para que me conozcan, quieren llevarme allá con La Tigresa. Hacer publicidad, alguna pelea sin arriesgar el título”. Tuti se sabe guapa, en el doble sentido de la palabra.

–¿Harías un desnudo en alguna revista?

–Si hay buena plata, olvidate. Todo suma. Nada te va a hundir. Es el momento de aprovechar todo. Y cuando me retire, me dedico a tener hijos.

–No se habla de sexo débil, pero la violencia de género crece. Vos que representás a la mujer fuerte, ¿qué pensás?

-Siempre lo hablamos con las chicas: el hombre que te pegó una vez, te va a pegar de nuevo. Siempre va a ser más fuerte, no importa si sos boxeadora. Y si no te puede pegar, te va a quemar. No es cuestión de saber defenderse: es tomar conciencia y prevenir. Al violento no hay que darle pie. Yo la tengo clara, en eso: además, ¡hay 100 hombres por cada mujer! A la primera que te levantó la mano, chau, nos vemos en Disney.