Israel ha advertido a Estados Unidos de que se prepara para atacar las instalaciones nucleares de Irán de forma inmediata, quizá esta misma primavera, una vez convencido de que será imposible impedir por otros medios que el régimen islámico construya una bomba atómica en el plazo de un año. La Administración norteamericana, según distintas fuentes, está aún calculando su reacción y tratando de mantener el control de los acontecimientos, aunque está dispuesta a actuar militarmente si es necesario.

“Tenemos todas las opciones sobre la mesa y estamos preparados para responder si tenemos que hacerlo”, dijo el secretario de Defensa estadounidense, Leon Panetta, que previamente había advertido que existe “una alta probabilidad” de que Israel actúe antes del verano. El diario The Washington Post fue el primero en recoger las impresiones de Panetta, quien no las ha desmentido.

El líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, ha amenazado a EE UU con una fuerte reacción en el caso de que ese ataque se produzca finalmente. “Una agresión tendría diez veces peores consecuencias para los intereses norteamericanos que para Irán”, ha pronosticado en un discurso en televisión.

La insistencia de Israel en bombardear cuanto antes los complejos nucleares iraníes se ha duplicado en las últimas semanas, según han asegurado fuentes políticas y diplomáticas en esta capital, ante su sospecha de que EE UU y los países europeos pretenden limitarse a la aplicación de sanciones económicas para disuadir a los dirigentes de Irán.

La Unión Europea anunció recientemente un boicot a la industria petrolera iraní, que se sumaría en los próximos meses a otra serie de medidas de castigo que europeos y norteamericanos aplican desde hace tiempo al régimen islámico, que sigue oponiéndose a que inspectores de la ONU revisen sus instalaciones.

Eso no será suficiente, a juicio de Israel, que considera que el proceso de construcción de una bomba atómica puede hacerse irreversible si no se le frena en los próximos meses. “Quienes digan que podemos actuar más tarde, puede descubrir que más tarde sería demasiado tarde”, dijo el jueves el ministro de Defensa israelí, Ehud Barak.

Israel ha comunicado a EE UU que cuenta con los medios militares suficientes para actuar en solitario y con garantías de plena eficacia, y que los riesgos de un ataque han sido cuidadosamente analizados y son aceptables. “El resultado de evitar una acción militar sería un Irán nuclearizado, y eso sería más complicado, más peligroso y más costoso en vidas humanas que impedirlo ahora”, aseguró Barak en una conferencia en Israel.

Una acción exclusiva de Israel no evitaría una plena implicación de EE UU en el conflicto. En primer lugar porque, como ha anticipado Jamenei, Irán podría intentar represalias contra las fuerzas de la Quinta Flota desplegadas en la región o contra intereses norteamericanos o de sus aliados en Oriente Próximo.

Irán dispone de múltiples alternativas para responder a un ataque, desde la movilización de sus aliados de Hezbolá para disparar cohetes contra Israel, hasta la más extrema, el cierre del estrecho de Ormuz, una medida que, según ha advertido claramente Washington, provocaría una intervención militar inmediata de EE UU. El Gobierno de Teherán es consciente del peligro de un ataque desde que empezó su programa nuclear, y ha tenido tiempo suficiente como para preparar una respuesta.

Israel cuenta, sin embargo, con que sería posible que un bombardeo

agudizase la división que existe dentro del régimen y la sociedad iraníes y precipitase la caída de los ayatolas. El Gobierno no podría contar en esta ocasión con importantes apoyos externos, puesto que Siria, su principal aliado en la zona, no está hoy en condiciones de ofrecerle su colaboración. Arabia Saudí y otras monarquías árabes del Golfo, por su parte, podrían ver con alivio la destrucción de unas instalaciones nucleares que también observan como una amenaza para ellos mismos.

EE UU mantiene aún, no obstante, fuertes reservas sobre la necesidad de lanzar un ataque en este momento. “Ahora mismo lo más importante sigue siendo mantener a la comunidad internacional unida”, declaró ayer Panetta. Al peligro de una extensión del conflicto a todo Oriente Próximo, se une, según el cálculo de Washington, el riesgo de que una acción militar de carácter quirúrgico no consiga destruir por completo el programa nuclear, que Irán ha desarrollado en búnker preparados específicamente para un ataque de esas características.Hay que considerar, por último, la repercusión política de una iniciativa tan arriesgada en pleno año electoral. Para el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien nunca ha tenido buenas relaciones con Barack Obama, es más sencillo influir sobre el presidente cuando este tiene sobre sí el peso de unas elecciones en noviembre que después de ser reelegido. Por lo que respecta a Obama, no existe una opción claramente favorable. Tanto un ataque como la pasividad pueden suponer ventajas e inconvenientes, aunque una acción militar siempre es, por naturaleza, un paso plagado de incertidumbres.