En Madrid. Los músicos dieron una conferencia de prensa para presentar “La orquesta del Titanic”, el disco que grabaron juntos y tocarán en gira por la Argentina.

Serrat & Sabina: preparando el regreso

Pintaron de gris el cielo/ Y el suelo se fue abrigando con hojas”. A aquel joven Serrat melanco recuerda esta Madrid con plátanos desnudos y olor a castañas calientes. Hoy lunes a medidodía aquí, en el minianfiteatro de Casa de América, la madera aporta una calidez que afuera se extraña en la resaca de la ola polar. Están por aparecer Serrat & Sabina para dar una conferencia de prensa internacional, previo estatuismo ante relámpagos de cámaras que sonarán a castañuelas. Serrat sonríe un poco. A Sabina se ve que el protocolo le cuesta más y pide permiso para irse un rato al baño. El rato dura (¿paso de comedia?), entonces Serrat se queja (“¡Me abandonó, pero no ha huido!), y va contestando solo sobre su taburete art decó. Como parece que los periodistas presentes aún no han escuchado el CD de la dupla, La orquesta del Titanic , las preguntas son puro tanteo y Síndrome Toti Pasman: el periodista que se inmola para gloria de una frase ajena.

Está quien se plantea si el Titanic de hoy no es la Industria discográfica. “Pusimos el título sin saber que se cumplía el centenario del hundimiento del Titanic. Fue en prueba de admiración a nuestra profesión, a los músicos que -aún en las peores condiciones- seguían tocando con gran muestra de valor. Y es una metáfora general de este tiempo, de esta sociedad, en la cual la forma digna de estar sigue siendo hacer música. Y la industria discográfica se modificará y será otra cosa, como también cambiará la forma de trabajar del músico.” (Serrat).

Vuelve Sabina del baño; se completa el dúo. Los dos cargan pesadas cejas y aún llevan pelo en la cabeza. Pero uno es todo curvas y el otro, más rectilíneo: Serrat es un Caloi; Sabina, un Quino. Insisten con lo del Titanic y Sabina juega a Cha cha chá : “¡Estuvimos ahí! Eramos polizontes y salimos al final, remando con las ratas. Nuestra actitud fue casi tan digna como la del capitán Schettino ése (risas)”. ¿Si se emborrachan mucho en las giras? “Luego de los conciertos, él no: lee a Borges”, lanza el aragonés y agrega: “Intentamos que el escenario mismo sea una fiesta, ¡y beber arriba del escenario también!”. Pero como la cosa viene de decedencias y apocalipsis, alguien dice que, en una España invadida por Operación Triunfo , ellos son los últimos cantautores que quedan. “Creo estar olfateando y me cuentan que hay una novísima generación de músicos que, como la industria de la música se va a la mierda, están tocando en bares” (Sabina). Su compañero se pone analítico, advirtiendo que “No hay que confundir la realidad con el escaparate”: más allá de éste y las “radiofórmulas”, hay músicos jóvenes autograbándose en sus casas. Pero no cree en que hoy hacer música es fácil y gratis. “Si a los instrumentos, a las cuerdas, al Pro Tools te lo paga papá, así sí es barato. Pero, ¿de dónde saca hoy pasta el que tiene 18 años pa´pagarse el material?”, se enoja paternal. Y el Titanic es también la crisis económica española... “Leo los periódicos y huelo la desesperación de la gente. Es una crisis muy gorda”, diagnostica Sabina, y remata: “No soy opinador político... Pero este gobierno empezó haciendo lo que dijeron que no iban a hacer. ¡Estafaron al electorado!”.

Cuando la cronista boliviana les pide el “país favorito” de la gira, Sabina se apura: “¡Bolivia!”. Pero justo ahí no tocan... Habla de que querían que el tour empezara en el “Coño Sur” (sic) y de que habrá más fechas en México, que no le temen a “la inseguridad del narcotráfico”. “Antes íbamos a tomar unas copas en Monterrey, ahora no”, cuenta Sabina. “¡Porque ya nadie te invita más a beber!”, responde el otro, quien, al hablar luego sobre Latinoamérica, se emociona. “Es un retorno adonde no quisiera nunca perder relación. No viajo sólo por la música, lo hago de manera habitual. Tengo cuarenta y tantos años de relación con Latinoamérica y no quiero que el vínculo se rompa. La tecnología ha dado el poder de estar muy cerca: puedes leer el diario el mismo día que sale, puedes ver la cara de tus amigos a través de una pantalla, pero, hombre, lo que no puedes es oler la calle. Ese sabor maravilloso de estar allí. Ese olor que hay cuando paseas por Palermo. Mientras pueda ir y mientras pueda cantar, iré.” “No queríamos que el disco sonara demasiado a Serrat o a Sabina. Por eso no llamamos al equipo médico habitual”, cuenta el que volvió del baño y al lado completan: “Elegimos al productor Javier Limón porque es el que mejor podía conjugar la forma de componer de uno con la del otro”. Avisan que en la gira los músicos serán casi los mismos que en la de 2007. El deportista que pregunta por el fútbol alienta bromas sobre una gira rota por culpa de que el Barza (Joan) vuelva a ganarle al Atlético de Madrid (Joaquín), mientras que el poeta les pregunta por las Musas. “Las hijas de puta se van con éste”, señala Sabina y Serrat aclara: “Pero llegan cansadas, ya destrozadas”. Un periodista compara a los personajes de la tapa del CD con Hernández y Fernández (Tintín). “¡El bombín no hace al monje!”, grita el catalán, en tanto de la otra boca salen “Blues Brothers, Lores de la Bolsa inglesa”. Pero viéndolos bien, se saludan como si uno fuera don Pepito (Hernández) y el otro, Don José (Fernández). El final de la ronda de prensa llega con el momento más Toti Pasman de la tarde. Una chica bienintencionada pide que canten un estribillo a capella. Sabina, levantándose: “La respuesta es no”. Aplausos y mutis por el foro.