Denuncia
Rumba de drogas en Calima


Algunos videos de como son estas Rumbas


link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=zIbsz4nOIBs


Permanece tirada en el suelo, semi desnuda. Un amigo intenta levantarla haciéndole aspirar una dosis de cocaína. La chica se niega, pero al final accede. El efecto es instantáneo. Un minuto después, de nuevo, como provista de una sorpresiva carga de energía, baila bajo chorros de luz multicolor. Es noche de rumba electrónica en el lago Calima, a cien kilómetros de Cali. Son las 12:00 p.m. y cinco mil personas festejan bajo una carpa anclada en un antiguo club náutico.

Casi no hay espacio para caminar. Tres jóvenes aspiran poper, el narcótico de moda. La música retumba en el suelo y hace temblar las piernas. No todos los invitados a esta rumba, patrocinada por varias emisoras juveniles de Cali, se drogan. Pero muchos lo hacen: unos fuman marihuana, otros aspiran poper, otros cocaína, otros sólo tragan pepas que pasan con agua o con la bebida energética que, justo, es patrocinadora del espectáculo.

Varios de los invitados a esta rumba llamada Black and White (negro y blanco) parecen usar todas las drogas: brincan, manotean, sacuden la cabeza, agitan los brazos, brincan de nuevo. Una chica ebria le pide a su novio un ‘pase’ de perico para no perder el equilibrio. La música retumba y los gritos ascienden con el humo que alguien expulsa debajo de la tarima donde los ‘discjokey’ hacen sonar la misma música una y otra vez. Todo aquí parece calculado.

Cada quien pagó $93.000 por la boleta de ingreso, pero otros pagaron hasta cuatro millones por un palco especial, que además de sofás y una mesa con cuatro sillas, tiene servicio exclusivo de ‘barman’. Allí están las chicas más exuberantes, todas de senos operados y cuerpos cortados con bisturí. La ropa es minúscula, pero ninguna parece quejarse del frío que llega desde el lago, apenas a diez metros de la enorme explanada donde gritan, saltan y se drogan.

Algunos de los hombres de los palcos llevan guardaespaldas. Todos disimulan las armas dentro de maletines y mochilas. Un hombre gordo manipula una escopeta de repetición calibre 12. Parece demasiado grande para ocultarla. Todos ríen. La música rebota en el techo de lona. Hay gente con radios que no baila. Están ahí para cuidar.

Hace un momento entró un hombre con cuatro modelos, todas semidesnudas. Era alto, robusto, con cadenas de oro. Tres militares de camuflado y fusiles Galil lo acompañaban de cerca, después se marcharon.

Qué piensa la comunidad

Emilio, dueño de un lote cercano al sitio de la rumba, dice que su casa está en venta por culpa de esa estridencia que se toma el lago Calima cada fin de semana, sobre todo cuando es puente.

El señor jura que después de las rumbas, el pasto de su propiedad queda sucio de preservativos, botellas de whisky, cigarros de marihuana a medio fumar, pepas y ropa interior. Una vez él y sus vecinos se quejaron, pero dice que nadie los oyó.

El dato clave
En el sitio escogido por los empresarios para la rumba no hubo presencia de la Policía. Tampoco en el ingreso ni el control de la fila. Eso pudo facilitar el ingreso de las drogas.

Al parecer, en la Alcaldía les dijeron que esa jauría de visitantes es un mal necesario porque trae dinero. Es verdad.

María, dueña de un puesto de perros y hamburguesas no se imagina a Calima sin jóvenes ebrios. Gracias a su bulla, dice, es que ella puede mandar sus hijos al colegio y pagarse una casa y mercar. Otro vendedor de comidas callejeras, Jairo, recuerda jóvenes muertos en accidentes de tránsito después de bailes a orillas del lago. El hombre también sabe de gente abaleada dentro de carros abandonados, pero prefiere no hablar de eso. En Calima todo es alegría, y tose para disimular una verdad que nadie parece dispuesto a admitir: el lago es lugar de veraneo frecuente de gente armada y con muchísimo dinero. En realidad, los jóvenes borrachos que andan en motos y carros a toda velocidad no son el problema más grave. Algo huele mal, dice entre dientes un funcionario de la Alcaldía local que prefiere omitir su identidad.

En un puente festivo, como el de ayer, las autoridades calculan que diez mil personas van al lago. El lío es que no todas son familias en paseo. La rumba electrónica, por ejemplo, que comenzó el viernes, se prolongó hasta ayer en la tarde, es decir casi 72 horas después de iniciada. Las calles repletas de suciedad y botellas vacías y vidrios de carros chocados, aquí y allá, reflejan la barahúnda que pasó. ¿Qué puede hacerse? Las autoridades tienen la respuesta.

Ayer, en el sitio del concierto, hubo mujeres que bailaron con el torso desnudo, pero no por culpa de un gesto que celebrara la vida y la libertad.

Parece claro que eso y los besos que se dieron entre ellas mientras danzaban fue todo culpa de la droga y del dinero que iba y venía en fajos.

El número

250 mil pesos. Ese era el valor de cada botella de whisky en la rumba. Nadie estaba autorizado para ingresar licor ni bebidas de ningún tipo.

FUENTE: http://www.elpais.com.co/paisonline/notas/Agosto222006/rumbacalima.html

EL POPER



Conozca qué es el popper y los efectos de su consumo




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