Mantras mexicanos: Me vale madres. Libro.



La alquimia, el arte esotérico de transformar las cosas. Justamente así comienza Prem Dayal su libro “Mantras Mexicanos”. Toma en un mismo palmo a los padres, los maestros, los medios y las instituciones y evidencia su supremo y aniquílante poder de ejercer alquimia, alquimia “patas pa´rriba”, le llama, pudiendo convertir el oro en plomo. De tomar la inocencia, pureza y libertad de un niño y con base en reglas, castigo, miraditas cuando no quieres saludar al viejito que te da miedo, penalizaciones por no comer correctamente con cubiertos, regaños por no elegir la “mejor carrera”, mentadas de madre por no hacer bien tu trabajo, tomar todo esto para convertir a estos criaturitos llenos de vida en adultos neuróticos, temerosos y con alguna adicción que creen no poder superar, pura pinche gente infeliz, vaya.



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Los mantras son aquellas sílabas, palabras o frases que tienen un simbolismo o carga sagrada. Prem Dayal propone tres excelsos mantras, originados en la sabiduría mexicana como puente entre el humano y la divinidad, paz, autorrealización, aquel lugar al que pertenecemos, como ande ud de antojo de llamarle al nirvana.
Liberación, ese es el fin último de los mantras mexicanos, pues mientras que el mantra “Me vale madres” se reza con una actitud de soltura, inhalando y exhalando profundamente; rezar “A la chingada” implica una enorme descarga de energía, en palabras de Dayal implica inhalar y exhalar tan profundamente para luego soltar el mantra como si soltaras una bomba ¡A la chingada! ¡A la chingada! ¡A la chingadaaaaaaaaaaaa!

Dayal, seguidor de la tradición de Osho, cuenta que cuando un elefante pasa por un pueblo, cosa común en la India, los perros que habitan en el pueblo enloquecen, ladrando, persiguiendo, en todo este desmadre el elefante camina apacible, tranquilo, continuando su andar como si estuviera solo dentro de esa inmensidad de escándalo, no le presta la mínima atención a los perros, tal como si no existieran creando en los perros una desesperante frustración que termina cuando patéticamente se les desinfla el ego perruno. Lo mismo sucede con la mente, que se enfrasca en pensamientos, recuerdos o imaginaciones, pelear con ellos implica perder, éstos son los perros que ladran, tú eres un elefante. ¡No es mi pedo! Es el mantra que libera.

¡Me vale madres! ¡A la chingada! ¡No es mi pedo! Desapego, purificación y desidentificación, tesoros espirituales que México le comparte al mundo.