En ninguno de sus numerosos escritos Santa Teresa hace alusión a su origen judío y toda su vida se dedicó a ocultarlo con el mismo énfasis con que hablaba de sus diálogos con Dios. En "Un corazón tan recio", Alicia Dujovne Ortiz repasa la vida de la santa en clave de autobiografía novelada.

Teresa de Jesús, una santa judía

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Es una de las grandes místicas de la historia de la literatura y una de las más descollantes figuras del catolicismo español y militante del siglo XVI. Quien haya leído alguna de sus obras, Camino de perfección, Las moradas o el Libro de las fundaciones nunca imaginaría que Teresa de Cepeda y Ahumada, Santa Teresa de Ávila (1515-1582) era judía.

En su notable Un corazón tan recio la siempre admirable Alicia Dujovne Ortiz repasa la vida completa de la santa en clave de autobiografía novelada. A partir de la exhaustiva investigación de documentos históricos (entre los que se cuentan los Archivos de la Inquisición, las memorias de sus confesores y contemporáneos y los archivos de las Carmelitas, entre otros), de los propios textos de Teresa, en especial Vida de Santa Teresa de Jesús que la misma mística escribió entre 1562 7 1565 a pedido de uno de sus confesores, y de sus poemas, escritos sueltos y un epistolario que comprende más de 400 cartas dirigidas a decenas de corresponsales, Dujovne Ortiz revela aspectos hasta ahora poco conocidos de la dueña de algunos de las más hermosos textos escritos en lengua castellana.

La escritora argentina, autora de novelas excelentes como Mireya (1998), Las perlas rojas (2003) o La muñeca rusa (2009) logra componer un retrato notable de Teresa revelando su lado más humano, su coquetería y sus celos, sus enamoramientos de hombres de carne y hueso, sus debilidades y miedos, su amor por la cocina (de hecho, es la patrona de la gastronomía), su pasión por la escritura, sus enfermedades misteriosas, sus aburrimientos y sus injusticias, sus peleas con San Juan de la Cruz, sus batallas contra “la santidad” y su desprecio por los señores y señoras de la aristocracia española.

Y sobre todo revela el origen judío de la familia de la santa y su cruzada particular por mantenerse viva durante la época más intolerante de la Iglesia española, en que la Inquisición buscaba cazar, torturar y quemar a los herejes.

En ninguno de sus numerosos escritos Teresa hace alusión a su origen judío y toda su vida se dedicó a ocultarlo con el mismo énfasis con que hablaba de sus diálogos con Dios. Su abuelo Sánchez de Toledo, comerciante en paños en Toledo, era judío practicante; fue denunciado por sus vecinos, juzgado y condenado por la Inquisición y obligado a portar un “sambenito”, un saco de lana con forma de poncho “con una cruz de palos inclinados groseramente pintada sobre el pecho con tinta roja y la estrella judía en la espalda”, y a recorrer la ciudad durante siete día junto a sus hijos, descalzos, harapientos y para mayor escarnio, con un cirio apagado en las manos, trastabillando y rezando, “yendo de una iglesia a otra y había muchas que recorrer haciéndose el contrito”, “mientras la gente se reía llamándolo judío, y le arrojaba piedras, podredumbres, manchando el paño vil que lo cubría”.

Esta escena inicial de la autobiografía novelada de la santa cambiará completamente la historia de la familia y marcará para siempre a Teresa cuando la conozca, entre susurros, durante su infancia. Los Sánchez de Toledo deberán escapar hacia Ávila, donde el padre y los tíos de la futura mística se obsesionarán por lavar su nombre y su honra y comprarán, con dinero, el título de hidalgos que los acreditaba como “cristianos viejos”, aunque siempre serán tratados por lo bajo como “marranos”, es decir, como judíos conversos. Estos hechos de la familia de quien se convertiría en santa fueron descubiertos en 1947.

Esta condición, el tener “dos sangres”, la judía de su abuelo y de su padre y la católica de su madre, una adolescente cristiana pobre a la que su padre desposa para “limpiar” la honra y que muere muy joven después de tener diez hijos, determinará las aspiraciones, sueños, temores y complejos de Teresa. Afecta a libros de caballerías, enamorada de un primo que parte a América, la joven no quería ni casarse (no deseaba que ningún hombre le hiciera lo que su madre “le hizo” a su madre, es decir, matarla un poco con cada embarazo y cada parto) ni entrar a un convento.

Organizada en capítulos breves y precisos, sirviéndose de eficaces flash back, y con una prosa veloz en el que impera el lenguaje coloquial y sencillo, pero lleno de matices, y con la espléndida riqueza léxica, llena de poesía de Santa Teresa, Alicia Dujovne Ortiz relata con la voz de quien reformara la orden de las Carmelitas y fundara 17 conventos de Carmelitas Descalzas, sostuviera polémicas con los jesuitas, mantuviera una asordinada batalla con las Carmelitas calzadas, fuera criticada, envidiada y hasta perseguida, la historia de una vida tan apasionante como apasionada.

En el libro destacan las páginas en las cuales Teresa, que sería canonizada en 1622, intenta explicar su “oración”, sus éxtasis, levitaciones y transverberaciones, su “recio martirio sabroso”, su idea de cómo el alma alcanza la morada de Dios, sus “vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero”, su ángel del dardo de oro, su diálogo constante con “Él” a quien tutea y trata como a un verdadero marido, a veces con palabras llenas de erotismo y sensualidad, otras con cierto enojo y hasta órdenes y retos.

Un corazón tan recio ofrece los detalles de la vida de Teresa, tanto como de las situaciones sociales, económicas y políticas de su época; retrata a una mujer notable que padeció por esconder sus orígenes judíos y, casi sin querer, se convirtió en una las grandes místicas de la confesión cristiana.