Como en los 90 , Menem y Cristina juntos por Argentina
DONDE MUERE EL RELATO:
COMO EN LA DECADA DEL 90
MENEM Y CRISTINA EN EL MISMO BANDO
Carlos Menem, el ex presidente y actual senador que accedió al actual mandato en alianza electoral con el cristinismo aseguró en un matutino porteño que, a pesar de que "le van a dar con un caño", votará a favor de "la estatización de YPF", la misma empresa que, cuando era jefe del Estado, ordenó privatizar en 1992 y luego en 1999 autorizó la venta de la acción de Oro que tenía el estado Nacional.
Otra vez los caminos se cruzan. En los años 90 el finado Néstor Kirchner como gobernador y la actual presidente de la Nación como legisladora, apoyaron el desguace del Estado Nacional y en particular de la empresa YPF. Ahora el ex mandatario sostiene con su voto una nueva vuelta de tuerca al descalabro energético y patrimonial del país.
"El escenario ha cambiado, la situación no es igual a cuando yo la privaticé. Sé que me van a dar con un caño, pero no va a ser la primera vez", dijo Menem en declaraciones que hoy publica el matutino porteño Crónica, el ex presidente aseveró que la petrolera española Repsol -a cargo de YPF desde 1992 hasta esta semana, cuando Cristina Fernández promovió su expropiación-, "sacó todas las ganancias fuera del país y no invertía en Argentina".
Menem adelantó que concurrirá el próximo miércoles a la sesión del Senado que debatirá el proyecto de expropiación elevado por el Ejecutivo: "Voy a ir al recinto y voy a apoyar la estatización de YPF", indicó.
"Estamos en otra época totalmente distinta. Los tiempos cambian. Cambió el escenario", continuó, y agregó que, a pesar de las críticas de España, "nadie va a dejar de invertir en Argentina porque un país esté haciendo valer sus derechos".
La teoría del "cambio de escenario" es parte de la nueva dialéctica de justificación que balbuceó el viceministro de Economía, Axel Kicillof, frente a los senadores para justificar el radical cambio de la presidente en esta cuestión y ayer la utilizó la misma Cristina Fernandez también para acreditar discursivamente las volteretas en el aire.
Pero en realidad, ni Menem ni Cristina están en una situación de incongruencia, porque lo central no es la propiedad ni la jurisdicción de la empresa petrolera. Lo que los une y en lo que han sido coherentes es en los fabulosos negocios que habilitaron sus decisiones al mando del Ejecutivo Nacional.
Coherencia que se demuestra en la falta de control estatal en el vaciamiento de la empresa, con autorizaciones de remesas de, por ejemplo el 234 por ciento en 2008 y 130 por ciento en 2010. La complicidad estatal en el uso de reservas, la carencia de un plan de explotación y de reinversión.
Esta situación no debería sorprender. Cuando es vox populi que las acciones que posee el Grupo Petersen del nuevo rico Eskenazy y que fueron compradas a Repsol sin poner un sólo peso, mediante aprietes del propio Néstor Kirchner, pertenecen ahora a la presidente de la Nación, cualquier cosa es posible de creer.
Como reza la cita bíblica, "por mis hechos me conocereís". Y allí es donde mueren las palabras y el relato de una épica más relacionada a los negocios privados con los dineros públicos, la frivolidad y la rapiña del patrimonio nacional que a un vacío sentido de pretendido progresismo.
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