El Hermano Pascual como nunca

RADIOGRAFÍA DE UN “SANADOR”


La historia jamás contada del “milagroso” Hermano Pascual


El Hermano Pascual como nunca



Está rodeado de un aura de misterio y enigma celestial. Es cuestión de creer o no. Su fama de sanador rompe con las fronteras terrenales y se ha convertido en un personaje de profunda devoción popular que trasciende a la Argentina. Es el enigmático Hermano Pascual, de quien se van a dar detalles hasta ahora nunca revelados.


Se llama Pascual Donato Morel. Nació el 17 de mayo de 1965 en Villa Guillermina, provincia de Santa Fe, la cuna de la Forestal, la empresa inglesa que se llevó todo el tanino de los quebrachales en el Siglo XIX. Es decir que va a cumplir 47 años en pocos días.

Profundamente Católico, Pascual supo cursar sus estudios teológicos en la escuela del Perpetuo Socorro, sobre la avenida Calchaquí en Quilmes. Los martes y viernes a la noche aparecía en las aulas ataviado con su poncho bordó, una compañía infaltable en su apariencia, igual que su larga barba blanquecina. Allí se ordenó de Ministro de la Eucaristía y después de Diácono Permanente, un estadío previo al sacerdocio, pero sin la obligación del celibato. Por eso sus seguidores hablan de misa, previo a la atención espiritual. En realidad, técnicamente lo que Pascual hace es la Celebración de la Palabra y de la Eucaristía. Para eso se preparó y la iglesia lo reconoce como Laico.

Fue durante ese tiempo, en los finales de la década del 80, cuando el extinto Obispo Jorge Novak admitió que Pascual “tenía el Don de curar”. Su fama ya trascendía las fronteras del obispado y “atendía” en un templo de Quinquela Martín N° 1348, en el barrio de Zeballos, en Florencio Varela. Justamente ese es el lugar donde ahora reside, aunque trasladó sus actividades a la zona rural.

Nunca fue amigo de la prensa, no otorgó entrevistas a lo largo de todos estos años, ni siquiera para confirmar o desmentir el fuerte rumor de que curó a la famosa conductora de televisión Lidia Satragno, más conocida como Pinky.

EL BOOM SANTAFECINO

Entre 1994 y 1995, Pascual Morel mudó toda su actividad a un “campito” en Villa Guillermina, provincia de Santa Fé. Un empobrecido pueblo conocido como Colonia Piloto. El por qué siempre fue un misterio. Algunos, los más osados, hablan de “un tema caliente”.

En aquel extraño paraje rural el hermano fue bautizado como “Pascualito”. Y generó un boom que todavía resuena en la memoria de los habitantes. Hasta allá llegaban ómnibus de todo el país. En algún momento Pascualito decidió pedir una donación de dos o tres ladrillos para los que se iban a atender. Todavía el conductor del colectivo recuerda con gracia cómo la bodega del vehículo circulaba lleno de ladrillos. “Más de una vez nos encajamos en el barro por el peso”, dijo.

Otros de los recuerdos hablan de personas que al no poder llegar en colectivo utilizaban un carro. “A veces llegaban y no los atendía, pero nadie se volvía enojado”, recordó.

Su actividad comercial es un misterio, sin embargo en la AFIP, Pascual Morel fija la dirección en aquel paraje santafecino desde 1998. Es monotributista en la categoría E, venta de cosas muebles. Aunque poco se sabe de aquel lugar, algunos presuponen que es la tierra en donde nació.

VOLVIÓ A LOS PAGOS

Después de aquel paso por Santa Fe, el Hermano Pascual volvió a Florencio Varela. La enorme cantidad de seguidores hizo que sea prácticamente imposible seguir con sus actividades en la calle Quinquela Martín, frente a las vías del tren, y optó por mudarse al “campito” en la calle 1620 y 1673 del Paraje La Capilla, también de Florencio Varela.

Los que fueron alguna vez no se cansan de repetir que cura con sólo verte. Que sus palabras traen alivio al sufriente. Que su sonrisa carismática y su hablar pausado provocan tanta fe que los fieles se multiplican de boca en boca. Que tiene un magnetismo especial que estimula a multitudes a concurrir a su “campito” provenientes desde distintos rincones del conurbano y el país.

Es el Hermano Pascual, un personaje tan enigmático como popular. Y está en Varela. Se oculta de las cámaras fotográficas y los periodistas están vedados de ingresar al enorme predio, en la zona rural varelense. Cuando atiende, allí se congregan unas tres mil personas por día, transformándose en uno de los fenómenos populares del territorio argentino, y sin ninguna duda de Florencio Varela.

Conocer cuándo atiende no es tarea fácil. Un grupo de seguidores manejan con absoluto recelo los números que se otorgan. El camino a la “Tierra Santa de Pascual” también forma parte del secreto de una cofradía, que pese a todo es burlada por la gente que se acerca, pero alimenta el misterio. “No le gusta la prensa”, dijo a Infosur un hombre cercano al sanador por su actividad en la iglesia católica.

TESTIMONIOS

A Cecilia diferenciar entre Dios y Pascual le resulta difícil. Su historia parece sacada de un libro de espiritualidad, pero dice que si “jurar no fuera pecado, juraría que lo que va a contar es verdad”.


Cecilia llegó a Pascual hace un par de años ayudado por unas hermanas de la caridad que tienen su casa en el barrio Don Orione. “A través de una farmacéutica de Zeballos conseguí que las monjas me dieran un número”, dijo Cecilia a Infosur. “Era el 681”, recuerda todavía.

“Primero es la misa – cuenta Cecilia – después va contando pasajes de la Biblia y va diciendo por qué vino alguna gente. Hay gente que vino por una úlcera dice y mira a un hombre, hay quien vino para ser mamá dijo y me miró. ¿Cómo sabía? Quédate tranquila que lo vas a tener me dijo y yo rompí en llanto. Hoy mi nena tiene cuatro años de vida”.

Relatos como los de Cecilia hay de a miles en todo Varela. Pese a la cantidad de personas que desfilaron por su “campito”, muy pocos son escépticos.

¿CÓMO ES?

Parece un cura gaucho. El poncho es su fiel compañía. Color bordó con toques de negro contrastan con su tupida y larga barba blanquecina. Se lo puede ver en congregaciones masivas de la iglesia católica siempre a un costado, como acompañando el peregrinar, pero sin llamar la atención.

No cobra por su actividad. Sólo una urna amarilla es el recipiente de la “donación” a voluntad que realizan los que van a verlo. Va a cumplir 47 años el 17 de mayo. Está casado con Rosa Beatriz Chávez (51) y tiene tres hijos, Cristian Damián, Alicia Rosalía y David Matías.

EL BUINKER

Llegar al campito es un misterio. Pero se llega. Unos tres mil peregrinos pasan por su “santuario” cada día que atiende. Son martes, miércoles y jueves. Pero no todas las semanas. Los días son mantenidos en secreto para evitar los ojos indiscretos de los periodistas curiosos. Ni siquiera Víctor Sueiro pudo quebrar ese manto de silencio. Dicen que la producción del último programa de Sueiro “Misterios y Milagros” lo buscó días enteros para entrevistarlo. El se negó una y otra vez.

Este cronista recorrió tiempo atrás ese campito y hasta en el anonimato pudo ingresar al predio. Por la Ruta 53 hay que ir hasta el Paraje El Alpino. De allí girar hacia la izquierda para meterse en la zona de La Colonia. Luego de cuatro curvas cerradas se arriba a la zona de “Los Dos Almacenes”. Unos cien metros detrás de ese lugar, está el bunker del Hermano Pascual.

El predio ubicado específicamente en las calles 1620 y 1673, cuenta con unas tres hectáreas arboladas. Parece un camping. Hay algunos tinglados, un quincho y parrillas. En una de las zonas está permitido acampar en verano. En esa época muchas personas venidas del interior del país y hasta de país limítrofes encuentran refugio para conseguir turnos. No se les cobra un peso. Cada uno puede donar lo que quiera. Un garita guarda un remise, que se duda tenga habilitación, que cobra la tarifa convencional para llegar a cualquier punto de Varela. Un kiosco para los más hambrientos, ya que pude haber esperas que superan las doce horas.

Una sola señora amable con el periodismo encontramos en el lugar. “la hermana no quiere que esto se transforme en una romería”, dice despacio, como para que no la oigan desde adentro.

El Hermano Pascual prefiere el perfil bajo. Dicen que quiere alejar lo suyo de toda posibilidad de sensacionalismo. Pero ya es un fenómeno popular que el periodismo tiene la obligación de contar.

LAS GUARDIANAS

Una tranquera cierra el paso del cronista. “No se permiten periodistas, es un pedido del Hermano, por favor”, señaló una mujer ya entrada en edad y con una enorme cruz que le cuelga del pecho. Otra mujer que peina canas es menos amable todavía. “Voy a llamar a la Hermana”, dice tajante. La hermana no es otra que la esposa de Pascual. Aunque no lo admitió, ella es la que organiza la vida dentro del campito. “Esto es propiedad privada y no podés sacar fotos, sino vas a tener complicaciones”, señaló sin pelos en la lengua. No hubo diálogo. A los minutos la mujer gritaba en medio del predio para que los presentes fueran a un lugar oculto de la indiscreta cámara fotográfica, dando por terminada una conversación que en realidad nunca comenzó.

La actividad del “campito” no es improvisada. Para nada. Para aquellos que quieran llegar, existen varios servicios de combis y colectivos que te acercan. Desde Berazategui, Fito es el encargado.

Para los porteños también existe un servicio. Se trata de Sergio, quien los reúne frente al hospital Fiorito de Avellaneda. Sale a las 5 de la mañana y vuelve pasado el mediodía.

En el centro de Florencio Varela también salen micros desde la calle Vicente López y Belgrano en los horarios de 4,40, 5,40 y 6,40.

Fuente: http://www.infosurdiario.com.ar/diario/noticia/20367.html

Fuentes de Información - El Hermano Pascual como nunca

El contenido del post es de mi autoría, y/o, es un recopilación de distintas fuentes.

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1 comentario - El Hermano Pascual como nunca

@charly953 Hace más de 9 meses
Antes de postear una nota, comprobá si los datos que te dan son ciertos. Está nota está llena de errones desde el primer renglón. Y se ve que no lo conocés, ni nunca estuviste cerca de Él. Por lo pronto no nació en 1965.
AL Hermano no le gusta que escriban de él, respetá su voluntad.