La mano del angel!

Me llega un mensaje a las cuatro de la mañana.
"Ya está aquí. Todo bien"
Mi amigo acaba de tener familia y me manda la noticia.
Le contesto: "Me alegro, amiguito."
Tiene treinta años y lo llamo amiguito.
Ha sacado a su familia adelante, y lo llamo amiguito.
No tiene ningun tipo de titulo; cuando la publicidad de educacion a distancia le hizo el presupuesto para sacarse el título por correo, tras ver el fangote de dinero que le cobraba, le contestó:
"Con eso le doy de comer a mi familia dos meses"
Mientras que mi amiguito estaba en el hospital, lo he reemplazado en todo lo que el hace habitualmente.
He manejado, pasado frío, comido de mala manera, y he movido gente y materiales para hacer obras.
Como no ha podido hoy, también he leido el diario que el lee mientras manejaba.
Escuché con respeto a Ruben, y hablé con él, a pesar de que falleció hace tiempo.
"Muy buena, me contestaba Ruben en mi cabeza. Hoy reemplazaste a tu amiguito, que está teniendo familia".
"Dale recuerdos a nuestro amiguito"- me contesta Ruben desde lejos, muy lejos-.
Desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la tarde he reemplazado a mi amiguito.
En todo lo que el puede hacer. He llegado hasta ahí.
El frío duele. Los huesos se te ponen duros, la cara se te congela.
durante el dia me he dado un golpe en el hombro.
A las ocho de la tarde he apagado el celular y me he ido al hospital .
Un congestionamiento barbaro, como es de costumbre es esta ciudad.
En esta ciudad, desde que naces hasta que te mueres estás en un embotellamiento.
Así que agarre la banquina y gane varios kilometros
Los otros conductores se han acordado de toda mi famila.
De los vivos, y sobre todo de los que no estan.
Pero yo quería ver al bebe, y he tenido que violar las normas de transito.
Cuestión de prioridades...
Al llegar al hospital he abrazado a mi amiguito, a su padre, a su madre, a su cuñada y a su mujer.
He saludado también a una señora que pasaba por allí, y que no tenía nada que ver.
Las prisas, qué le vamos a hacer.
Me han invitado a subir a la habitación donde la madre y el bebe acababan de aterrizar del vuelo eterno.
Sobre la cama, unas sábanas blancas y limpias.
Sobre ellas, un mujer feliz que sonreía, imponiendo la curvatura de los labios sobre un cuerpo extenuado.
Aunque la habían lavado, no le habían quitado todavía las marcas de la batalla; su cuerpo, dolorido y recién parido, se ha incorporado para darme un beso.
"Gracias por venir"
Me ha presentado formalmente al recién nacido, un cara dura que se ha agarrado a mi dedo indice como el naufrago que se agarra a una maroma enmedio de un temporal.
No me soltaba el muchacho.
Todavía no tenía un día de vida, y no se soltaba el muchacho.
Los familiares hablaban y hablaban, pero no me he enterado de nada.
Toda mi atención en la mirada de la madre y en la mano del enano aferrada a mi índice.
Tres minutos que me han parecido los mejores de mi vida.
Al despedirme lo he hecho de forma genérica para todos: "Buenas noches señores, y Muchas Felicidades".
Pero no sabía cómo despedirme del enano.
Así que tras un esfuerzo sobrehumano, me he desprendido de su mano, y le he dije:
"Buenas noches, amiguito nuevo".
Creo que me ha entendido.
Conduzco de vuelta a casa.
La hilera de faros rojos y amarillos se ven por la autopista.
Sigo con la piel de la cara congelada por el largo día.
Aprieto con fuerza el volante, con todos los dedos.
Bueno, no con todos.
Mantengo levantado el dedo índice de la mano derecha, el que me ha agarrado el enano.
No quiero tocar con ese dedo el sucio mundo.
Me lo acababa de agarrar un ángel.