Bangladesh: Prostitutas de 15 años

Centenares de niñas son vendidas cada año en Bangladesh a las shardarnis (alcahuetas) que regentan los burdeles. En un país con más del 90% de población musulmana, llama la atención ese mercado de niñas y mujeres en sus principales ciudades.

Prostitutas de 15 años


A 140 kilómetros al oeste de Dhaka, en la ciudad de Faridpur, de 600.000 habitantes, hay dos enormes burdeles creados en la época colonial británica, que siguen abiertos más de cien años después. Para llegar a Faridpur hay que cruzar en ferry el gigantesco río Padma; un río con pedigrí, en el que desembocan el Brahmaputra y el Ganges. Cerca del cauce fundaron los británicos esta ciudad, que fue creciendo gracias al comercio y que acabó atrayendo a prostitutas de todo el país.

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En el centro de la ciudad, junto al mercado principal, trabajan más de 400 prostitutas, y en las afueras, hay otro burdel con cerca de 500. Más de la mitad de ellas no llegan a los 16 años. La ONG Action Aid, de la que forma parte la española Ayuda en Acción, tiene un programa de atención a los hijos de las "trabajadoras sexuales", como las llaman allí. Según sus datos, 280 niños y niñas pequeños viven en los burdeles con sus madres.

Bangladesh


Para llegar al burdel del centro de la ciudad hay que entrar por unos callejones sucios que salen del mercado. Acaba de empezar a llover torrencialmente y el suelo de barro empieza a hacerse intransitable. Pero, a pesar de ser mediodía, ya empieza a haber público y las chicas asoman de las pequeñas chabolas, bajo pequeños paraguas, en busca de clientes. En el centro de esta pequeña ciudad de prostitución se levanta un edificio de cuatro plantas, con suelos y paredes llenos de mugre. La escalera es la zona de contratación y los pisos están llenos de pequeñas habitaciones en las que sólo cabe una cama y una palangana. En los pasillos, algunas mujeres han empezado a preparar la comida en pequeños infiernillos, mientras niños y niñas corretean por allí.

En la ciudad de Faridpur hay dos burdeles con unas 900 prostitutas; más de la mitad no llegan a los 16 años

Runa tiene 25 años, es muy menuda y tiene una ligera chispa en la mirada. Sentada en el suelo, junto a su hija Laguk, de 3 años, cuenta cómo llegó a ser shardani, después de empezar a ejercer la prostitución con 12 años. "Mi madre murió cuando yo tenía dos años", explica, "y mis tíos maternos me llevaron con ellos a India, donde viví feliz hasta los 10 años. Entonces me trajeron de vuelta a Dhaka, a casa de mi padre, que se había vuelto a casar y tenía dos hijos y una hija. Allí estuve poco más de un año, pero lo pasé muy mal, porque nadie me quería. Así que me fui de casa y pasé unos meses en la calle".


"Conocí a un chico y me fui con él, cuando tenía 12 años", dice con un tono de tristeza, "pero no me quería y me vendió a una shardani. Ella me llevó a la ciudad de Tangail y allí trabajé en un burdel durante cinco años. Cuando tuve dinero para comprar mi libertad me vine a Faridpur y trabajé en el burdel de las afueras, donde gané mucho dinero y lo dejé. Me compré un terreno, construí una casa y estuve tres años sin trabajar. Pero me quedé embarazada de un hombre que luego me dejó, se fue a Arabia Saudí, y tuve que volver aquí, aunque ya no atiendo a clientes. Ahora soy shardani y tengo tres chicas que trabajan para mí”.

"¿Cuántos años tienen?"

"Pocos, 13 o 14", dice con normalidad, como si olvidara que ella fue vendida con tan sólo 12. "Tienen que trabajar para mi durante dos años, en las que yo les busco clientes y ellas me dan todo el dinero que obtengan".

Laguk, su hija, juguetea con un teléfono móvil sin hacer mucho caso a la conversación, hasta que su madre empieza a hablar de ella. "Es verdad que éste no es lugar para una niña tan pequeña", responde Runa, "pero ya le queda poco tiempo aquí. En cuanto cumpla 5 años la llevaré interna a una madrasa (escuela coránica), para que sea experta en el Corán y se gane la vida como lectora coránica".

"Cuando mi hija esté fuera de aquí, con el dinero que haya ahorrado me iré con mi novio, que está estudiando en Dhaka y que me acepta como soy. Se llama Mehegib", dice mientras enseña una foto suya en la pantalla del móvil, "y se va a casar conmigo".