Mauro Federico // Lunes 28 de mayo de 2012 | 20:55

Antes de entrarle a estas líneas, quiero aclarar desde donde las escribo. Reynaldo Sietecase es un buen periodista, pero por sobre todas las cosas, es un tipo honesto...



...Lo conozco desde hace algunos años, cuando nos cruzamos trabajando para el programa Detrás de las noticias, que conducía Jorge Lanata.

Siempre generoso, Reynaldo fue solidario personal y colectivamente ante situaciones laborales adversas que desgraciadamente en este gremio nos tocan vivir más seguido de lo que quisiéramos. Nunca volvimos a laburar juntos pero siempre mantuvimos una relación cordial y afectuosa. El domingo Rey se ganó merecidamente un Martín Fierro por su labor periodística en el programa que condujo hasta el año pasado en radio del Plata.

Y en su discurso de agradecimiento al recibir el premio, Sietecase replicó los reclamos para interrogar al poder político surgidos de la usina de Lanata y su ya célebre papelón del "queremos preguntar", afirmando que “también hay que preguntarle al poder económico”. En su breve pero encendido alegato, el rosarino agregó: "Quiero dedicarle este Martín Fierro a todos los periodistas que no se creen fiscales de la patria. El periodismo tampoco es para ser funcional a los grupos de poder. El periodismo es otra cosa. Implica un compromiso ético de contar la realidad, de contar lo que pasa. Eso nos genera problemas, con el poder político, económico y con los que nos contratan. Pero de eso se trata".

Al día siguiente en su programa de radio Mitre, Lanata le contestó con poca altura: "El armó su carrera en base a nosotros. Lo traje a Buenos Aires y lo puse en radio, en televisión en gráfica. Si el hoy él le pregunta a Spolsky de dónde sacó la plata, empezaría a respetarlo un poco. Pero creo que no lo va a hacer”. Maníqueo como de costumbre, el Gordo omitió un dato que no convalidaba su teoría. Hace un par de años Sietecase conducía junto a Maximiliano Montenegro un programa en canal América, por entonces propiedad societaria del diputado Francisco de Narváez.

Cuando el Colorado fue invitado al ciclo, ambos periodistas lo interrogaron sin concesiones, dando un claro ejemplo de independencia a la hora de preguntar a un protagonista de la actualidad, aún cuando el mismo fuera su "patrón". Algunos meses después el ciclo terminó su tercera temporada y nunca hubo una cuarta. Hoy Reynaldo trabaja en la flamante emisora que Mario Pergolini armó en sociedad con los empresarios Matías Garfunkel y Sergio Spolszky y tiene participaciones en el noticiero de Telefé.

Nunca perdió la dignidad ni fue menos periodista por quedarse sin pantalla a la espera de una oportunidad de laburo. Eso Lanata prefirió olvidarlo a la hora de responder irrespetuosamente una crítica muy moderada de su ex amigo. Al Gordo le gusta el puterío, disfruta haciendo públicas polémicas surgidas de conversaciones privadas y atacando a gente que trabajó para él y hoy cobró relevancia profesional en latidudes bastante alejadas de su influencia.

Sin embargo hay algo que esta pelea no debiera opacar, aunque los empresarios se esmeren en tapar la realidad. Mientras estos dos periodistas reconocidos debaten públicamente sus diferencias, un hecho muy grave para la profesión intenta colarse en la agenda sin demasiado éxito. La editorial de Jorge Fontevecchia acaba de notificar vía telegramas la inminente cesantía de ocho trabajadores de prensa de cuyos servicios prescinde luego de otra desgraciada aventura fallida como el diario Libre, que cerró sus puertas en marzo de este año.

La respuesta ante la impericia empresarial siempre es cortar el hilo por lo más delgado: los laburantes. No escuché ni leí por estas horas a ningún defensor de la libertad de expresión que reclama airadamente su derecho a preguntar, solidarizarse con estos compañeros que a partir del 30 de junio se quedarán sin trabajo. Es una lástima. Hasta que no entendamos que el primer acto libertario de un trabajador es hacer respetar sus derechos, será muy difícil creer que la supuesta defensa por la libertad de prensa no es otra cosa que una sinuosa empatía con los dueños de los medios por defender la libertad de ganar dinero a expensas de nuestro trabajo.