Parece ser que Macri se hizo budista, su objetivo es expandir su mente a límites insospechados. El nombre de su Gurú es todo un secreto pero al parecer es mujer y además le da masajes (según lo publicado en el diario Clarín). Es ferviente lector y admirador del Dalai Lama y de Ari Paluchi. Pero la espiritualidad no es solo para Macri, sino que es materia obligatoria para lo irascibles docentes porteños, quizás con esto bajen sus niveles de estrés y mala onda.


Espiritualidad y poder: runas tibetanas para Mauricio


Macri asiste a una gurú budista mientras docentes dicen que les impusieron practicar meditación




Macri se hizo budista y obliga a los maestros


Imagine por un momento la situación: un grupo de docentes de jardín de infantes y de escuelas primarias municipales del Distrito Escolar 9 son invitados a participar de una serie de clínicas o talleres consagrados a mejorar la respiración y a introducirlos en los secretos de la meditación, con el solo objeto de mejorar su performance educativa. Ajá.

Los maestros acuden a la cita, dentro de sus propios establecimientos y en horario de clase. Supuestamente las jornadas eran optativas. Sin embargo, supervisores del ministerio que conduce Esteban Bullrich se encargaron de tomar asistencia bajo amenaza de perder el presentismo. La extraña iniciativa -por la que los maestros deberían abonar sin previo aviso 130 pesos por cabeza- se cumplió paralelamente en los Centros de Primera Infancia del barrio Ramón Carrillo; en el barrio Los Pinos, del Bajo Flores, y en el jardín San Cayetano, de Los Piletones.

En todos los casos los maestros denunciaron el asunto, y la legisladora Delia Bisutti elevó un pedido de informes para que el gobierno porteño explique las razones por las que metieron de "prepo" a esos maestros en los inciertos caminos de la espiritualidad... de la Fundación El Arte de Vivir.

"Fuimos convocadas -relató una docente en su denuncia- para una jornada de lenguaje y comunicación, pero cuando entramos en el salón donde se hacía la reunión había velas y sahumerios y dos mujeres distribuían material propagandístico de El Arte de Vivir."

La Fundación, como la llaman sus adeptos (que recluta nombres como los de Marcelo Tinelli y Domingo Cavallo) tuvo su primer contacto con el macrismo en 2008, cuando su fundador, el gurú indio que se hace llamar Sri Sri Ravi Shankar, autopropuesto para el Nobel de la Paz desde 2004, fue recibido por la plana mayor del PRO y hasta obtuvo un reconocimiento en el Senado de manos del ex vicepresidente Julio Cobos. En 2008 la foto oficial muestra como en estado alfa a Mauricio Macri, el gurú, Gabriela Michetti y el rabino Sergio Bergman. La Ciudad firmó en ese momento un convenio de cooperación con lo que algunos llaman sin ambages "secta". La Fundación, en principio, imparte lecciones acerca de cómo mejorar la relación cuerpo, mente y alma, para lo cual se vale de técnicas del yoga clásico, meditación y abreva en las enseñanzas fundamentales del budismo. Pero es ecléctico y por eso tiene cientos de miles de seguidores en todo el mundo. Sri Sri (que significa Maestro, ¡Maestro!) Ravi Shankar tomó su nombre del músico Ravi Shankar, padre de la cantante Nora Jones e introductor del beatle George Harrison en el arte de la cítara. Pero el gurú de la Fundación además se dice discípulo de gurú Maharashi. Este gurú recibió a los cuatro Beatles en la India a mediados de los sesenta. Los cuatro músicos pasaron un tiempo con él, pero a poco de reflexionar descartaron sus enseñanzas porque, la verdad, les pareció un poco chanta (valga la traducción porteña).

La pregunta a esta altura es si Mauricio Macri se ha volcado al budismo. No sería raro, a juzgar por la actitud zen que demuestra frente a la complejidad política que lo acecha.

El publicista Joaquín Mollá, íntimamente vinculado al jefe de Gobierno y candidato a presidente, fue quien lo acercó al yoga y la meditación zen. Habría que recordar que en 2009 visitó la Argentina el Dalai Lama, máxima figura del budismo y jefe de Estado del Tíbet. En esa ocasión, Macri faltó a la cita y se quedó sin conocerlo.

Comprensible, si se tiene en cuenta que la familia hace negocios con la República Popular China, que no reconoce al tibetano y reclama ese territorio como propio. Pero incomprensible para quien ya venía teniendo lecturas sobre budismo y espiritualidad. Sobre Gandhi y Ari Paluch.

Así las cosas, Macri llega al 25 de Mayo y pega el faltazo al Tedéum. Hay dos versiones sobre el porqué del asunto. La primera, más política, explica que Macri no se lleva con el cardenal Jorge Bergoglio desde que el purpurado lo cuestionó por su postura frente al matrimonio gay. La segunda, y en la que la mayoría tiende a creer dada su nueva devoción, revela que el jefe porteño no podía faltar a su clase de viernes con su instructora espiritual con la cual medita, respira y recibe masajes con... runas tibetanas.