Hubo limpiavidrios contando chistes a los autos y actuación de humoristas en la famosa peatonal.

-¿Qué hacen 12 suegras ahogándose en el mar?

No sé.

Hacen el bien.


El humor cordobés: reivindicar la risa en tiempo de bronca
Aunque les pese a las suegras. El festival salió a la calle y trató de cambiarles el humor a los automovilistas.

El chiste lo cuenta Héctor Alvarez en la rotonda de la plaza España, donde limpia vidrios desde hace más de 15 años. El y una decena de sus colegas fueron convocados por el VI Festival Pensar con Humor para cambiar su rutina en los semáforos. Esa es sólo una de las expresiones de este encuentro que salió a desafiar el frío con palabras picantes en salas, museos y peatonales. Una manera de institucionalizar este rasgo identitario del cordobés, convocando a consagrados del teatro, movimientos under , experimentos sociales, historietistas, improvisadores y académicos. “El humor es un espacio de resistencia sobre el que proponemos una reflexión”, dice Raúl Sansica, director del Teatro Real y creador del festival.

Chistes

Del 6 al 10 de junio, más de 200 actores presentaron 70 funciones en teatros, cárceles, escuelas, plazas y semáforos. Más de 30 mil personas pasaron por alguna actividad del festival, pero es un número incierto cuando hay recorridos peatonales que interpelan a miles de ciudadanos, que también son humoristas, saben reírse y hacer reir.

La masividad la dan las naves insignia del humor cordobés: Cacho Buenaventura, Doña Jovita y el Negro Alvarez, entre otros. “Intentamos recuperar a estos humoristas, correrlos del mercado para que participen del festival, otra clase de propuesta”, explica Sansica. Le sirve. Doña Jovita se pasó una tarde codo a codo con los limpiavidrios, Buenaventura dejó el teatro y mudó su show a un escenario cuartetero de los barrios alejados. Dicen que allí nace la chispa popular. Y no es chiste.

cordobes

El público responde, y no sólo pagando una entrada. Basta pararse frente al escenario montado en la Plaza San Martín, con micrófono abierto. Los peatones suben a lucirse. Cuentos de gallegos, de santiagueños, versiones populares del stand up . Los más peligrosos son los chicos. No tienen filtro. Varios se despachan con una catarata de guasadas que no amortigua su fina voz. Son los riesgos.

También es riesgoso el recorrido por la historia del humor cordobés. Estatuas vivientes y émulos de chistosos míticos, recorren las peatonales. Jardín Florido, versión contemporánea del famoso piropeador cordobés, avanza haciendo ruborizar a las señoras y les saca chispas a los maridos celosos. En la peatonal San Martín, la más popular del centro, le ofrece flores a una dama. Pero enseguida aparece su hombre y le avisa al piropeador que por más disfrazado que esté, si se hace el vivo, le baja los dientes.

La comitiva, con lloronas, Remigio, que en el siglo XIX se hizo famoso al meterse desnudo en el convento de Santa Catalina para ganar una apuesta, Negrazón, Chaveta y La Pirula, los personajes que Cogninin inmortalizó en Hortensia hacen de las suyas interactuando con los más curiosos. “¿De donde son ustedes?”, preguntan dos manteros sorprendidos frente a la algarabía teatrera. Y cuando pasa la procesión, bulliciosa y pintarrajeada uno dispara: “¿Ves? Así vamos a quedar todos si siguen pelotudeando con el dólar paralelo ”.

humor

Con públicos distintos, que buscan reírse de lo sutil, lo costumbrista o avanzar en investigaciones académicas, el festival pretende revalidar los pergaminos de una de las marcas identitarias de la provincia. Logra cambiarle la cara al automovilista alterado por un corte, al mantero enfrentado con el comerciante, busca reivindicar la risa en tiempos de broncas maniqueas. Sería bueno que el mensaje se extienda: pensar con humor, aunque les pese a las suegras.