[b]“Intento convencer a mis amigos de que no vengan. España ya no es el paraíso”

Logró tener papeles, pero no empleo; ahora Arnold Mangamba quiere volver a Senegal[/b]


España ya no es el paraíso.Intento convencer a mis amigos
Arnold Mangamba, senegalés, de 30 años, quiere volverse a su país por la crisis.


Arnold Mangamba, senegalés, de 30 años, pasó la mitad de los cinco y medio que lleva en España huyendo de la policía, con pánico a que lo detuvieran y lo devolvieran a su país. En noviembre de 2010 regularizó su situación en España por arraigo. “El día que me dieron los papeles fue el más maravilloso de toda mi vida. ¡Dejó de darme miedo salir a la calle! Yo pensaba que cuando los consiguiera iba a empezar una nueva vida para mí, pero no ha sido así, porque justo cuando me los dieron, vino lo peor de la crisis. Ya podía trabajar legalmente, pero no había trabajo”, explica. Ahora quiere volver a Senegal y está estudiando las posibilidades de hacerlo con alguna ayuda. “Quiero volver, pero con algo”.

“Aquí la vida es muy difícil. Antes de venir pensaba: España es Europa. Los africanos pensamos que aquí hay dinero por todos los sitios. Yo pensaba que en España iba a tener una vida de cuento, como Alicia en el país de las maravillas. Cuando vine pensé que solo volvería a Senegal de mayor, a jubilarme. Ahora, cuando me llaman amigos desde allí intento convencerlos de que no vengan por la crisis. Les digo que Europa no es el paraíso. Pero no me creen”.

Arnold salió de Senegal hace cinco años y medio con un visado de turista para Francia. “Mi familia tuvo que vender parte de la tierra que tenía para comprarme el billete de avión. El visado de turista lo conseguimos a través de un amigo de mi padre que es alto funcionario y tenía un amigo que trabajaba en la embajada de Francia”, explica. “En París no conocía a nadie. Dormí dos semanas en la acera, frente a un supermercado. Hasta que no aguanté más y cogí un autobús a España. Fue como la noche y el día. Aquí, una ONG que se llama Accem me dio un sitio donde dormir, donde comer y clases gratis de español. ¡Me encanta el español”.Lo habla perfecto.

Estuvo trabajando algún tiempo en Sigüenza (Guadalajara) de jardinero. Luego, de pintor y de ayudante de cocina en un restaurante. Después de eso, nada. “Llevo cinco años y medio aquí y tengo 25 euros en mi cuenta. Esa es la triste realidad. Tengo suerte de vivir con unos congoleños que son como mis hermanos y no me hacen pagar nada. Se ponen tristes cuando les digo que me quiero ir. Me dicen que no me venga abajo, que aguante, que hay gente peor... Pero el objetivo de venirme era ayudar a mi familia y montar la mía propia. Tener una mujer, hijos, un trabajo, una casa. Y no lo he conseguido. Cuando pude envié dinero a mi casa —a su padre y a sus cuatro hermanos. Su madre murió cuando él era pequeño de un cáncer de útero— pero hace mucho que no puedo mandar nada porque aquí yo no tengo nada. Muchísimos amigos míos se han ido a Francia pero les va mal. Duermen en la calle. En toda Europa la situación ahora es muy difícil. Si no fuera así, me iría con ellos”.

Le va a costar despedirse de España. “Nunca he sentido racismo. Juego en un equipo de fútbol sala en el que soy el único negro. Cuando respetas a la gente, la gente te respeta”, explica. Es forofo del Barça y fan de Iniesta. "Es un ejemplo para mí". Su grado de integración es tal que asegura saber hacer paella. “Me encanta. Y no me sale del todo mal", dice entre risas.

Caroo Yanzambe, de la República Democrática del Congo, también quiere irse de España. Tiene 44 años y lleva cinco años aquí con cuatro de sus cinco hijos, de 16,15, 14 y 8 años. Tiene asilo político. “A mi país no puedo volver porque me matarían. Mataron a mi madre, a mi hermana y a toda la familia de mi marido, al que hace más de cinco años que no veo. Pero me gustaría ir a otro país de África. No tengo trabajo. No tengo futuro aquí. Mis hijos sí. Ellos ya hablan siempre en español y podrían estudiar. Por eso quiero que mi hija mayor, de 25 años, encuentre un sitio donde vivir y se venga para cuidar de ellos e irme yo”.

El padre Antonio Díaz, director de la ONG Karibu, que asiste a los subsaharianos en España,explica que ahora está atendiendo a inmigrantes que llegaron hace diez o quince años porque han perdido todo lo que tenían:el trabajo, la casa y los papeles."Y los que no los han tenido nunca", añade, "se están yendo a otros países donde creen que pueden trabajar perdiendo la opción a regularizarse por arraigo (a partir de vivir tres años en España). Oyen un rumor de que en Reino Unido están contratando gente por los juegos olímpicos, y se van. A Reino Unido, a Francia, a Alemania... Es decir, que hacen una segunda emigración y tienen que volver a empezar de cero. Es una apuesta muy fuerte. Yo no intento convencerles de que no se vayan, pero sí les explico muy bien cuál es la situación y los riesgos".

"Están desesperados. La mayoría vienen aquí para mantener a toda su familia en su país. Al ver que no pueden cumplir ese compromiso, muchos caen en depresiones. Estamos detectando muchos problemas psicológicos. Es algo que no habíamos visto nunca”, explica el padre Antonio.

Hay casos extremos. "Algunos, al ver que no encontraban trabajo, han aprovechado para irse a su país a ver a su familia una temporada y cuando han vuelto, se han llevado la sorpresa de que el Gobierno les reclama 7.000 euros porque cuando estás cobrando el paro no puedes salir del país mas de un determinado tiempo. Ellos no conocen la ley, pero en cualquier caso, me parece un castigo desproporcionado el que les ponen por incumplirla".