‚ÄúEn el campo perdura un fuerte discurso antiestatista‚ÄĚ

Por N√©stor Leone Guillermo Neiman, especialista en temas agrarios, analiza los l√≠mites de la √ļltima protesta rural y describe los cambios producidos en el sector desde la protesta de 2008.

¬†"En el campo perdura un fuerte discurso antiestatistaÔŅLa sanci√≥n del reval√ļo inmobiliario en la provincia de Buenos Aires volvi√≥ a movilizar al campo. Pero s√≥lo de manera parcial y localizada, y bien lejos de la eficacia y la intensidad que tuvo durante la discusi√≥n de la ya c√©lebre Resoluci√≥n 125. Soci√≥logo, investigador del Conicet y director acad√©mico de la Maestr√≠a en Estudios Sociales Agrarios de la sede argentina de Flacso, Guillermo Neiman analiza las protestas, las coloca en perspectiva hist√≥rica y establece v√≠nculos y diferencias respecto de los √ļltimos conflictos entre los ejecutivos nacionales y provinciales y el sector. Adem√°s, reflexiona sobre los cambios que se produjeron en las √ļltimas d√©cadas y la influencia de √©stos en la reconversi√≥n de las viejas entidades y la aparici√≥n de nuevos actores.

El balance de la √ļltima protesta agraria, realizado por las mismas entidades, sostiene que tuvo buen nivel de acatamiento respecto del cese de comercializaci√≥n, pero muy baja adhesi√≥n en t√©rminos de visibilidad y movilizaci√≥n. ¬ŅCu√°l es el suyo?
Tuvo mucho menos movilizaci√≥n que las anteriores. Eso resulta evidente. Y abismal, si se lo compara con la protesta de 2008. Tampoco tuvo la dispersi√≥n geogr√°fica de entonces. Estuvo mucho m√°s circunscripta, no s√≥lo porque el origen era una demanda mucho m√°s espec√≠fica, ligada al reval√ļo impositivo en la provincia de Buenos Aires, sino tambi√©n porque no hubo grandes acuerdos alrededor de sus objetivos. La coincidencia que perdura es un fuerte discurso antiestatista, pero con eso parece no alcanzar. S√≠ sirvi√≥ para reeditar la Mesa de Enlace, aunque tampoco √©sta sea la misma, ni tenga el mismo empuje, m√°s all√° de que sean casi las mismas caras. Despu√©s est√°n los debates que se est√°n dando dentro de las entidades, sobre todo de la Federaci√≥n Agraria, alrededor de los viejos liderazgos‚Ķ

¬ŅEl de Eduardo Buzzi, por ejemplo?
El de Buzzi, s√≠. En cuanto al cumplimiento de la medida, tambi√©n, es dif√≠cil medirlo. Fue una semana de protesta, s√≠. Pero retener la venta de ganado o de granos es una pr√°ctica frecuente del sector; sobre todo, durante estos meses del a√Īo. As√≠ que no s√© hasta d√≥nde fue eficaz el cese de comercializaci√≥n.

Adem√°s de la poca adhesi√≥n que tuvo dentro del sector, tampoco hubo acompa√Īamiento en sectores urbanos.
Ni hubo acompa√Īamiento de los medios de comunicaci√≥n, que en 2008 siguieron muy de cerca la protesta.

Una interpretación posible es que al sector le cuesta tener solidaridad extrasectorial en contextos de mayor intensidad en la puja distributiva.
S√≠. En esta oportunidad, no consiguieron convertir la cuesti√≥n en un asunto de inter√©s general, cosa que s√≠ hab√≠an logrado entonces con el argumento de que el Estado nacional se quedaba con recursos que el campo derramaba en los pueblos y las ciudades. Pero, adem√°s, hay otro an√°lisis para hacer. Algunos sectores urbanos, sobre todo en peque√Īas y medianas ciudades, que tienen vinculaci√≥n m√°s directa con la actividad agr√≠cola y que hab√≠an acompa√Īado al campo en 2008, empezaron a tener una postura un tanto m√°s cr√≠tica respecto de lo que se hab√≠a estado jugando entonces: a pesar de todo, la rentabilidad no fue afectada y las inversiones de los productores en inmuebles urbanos siguieron en ascenso, a trav√©s de fideicomiso de productores, por ejemplo. Eso es f√°cil verlo, no s√≥lo para quien va seguido a Rosario, sino tambi√©n a una ciudad chica como 9 de Julio, por ejemplo.

De hecho, el Frente para la Victoria ganó, en las presidenciales de 2011, en la casi totalidad de los pueblos agrarios, aun en aquéllos que habían sido focos de la protesta.
En el 54 por ciento, evidentemente, se sumaron sectores diversos entre los cuales est√° el sector rural.

Buzzi advirti√≥ que terminaron ‚Äúla protesta, pero no la lucha‚ÄĚ. Y que se mantendr√°n en ‚Äúestado de alerta‚ÄĚ. ¬ŅQu√© margen tienen?
Es limitado. Est√° el argumento del impacto de la sequ√≠a como elemento que puede aglutinar y movilizar a los productores, pero es m√°s bien coyuntural. Por otra parte, las excepciones que hizo el reval√ļo, sobre todo en las zonas m√°s complicadas, funcionaron. En esas zonas, por lo menos, no hubo concentraciones ni piquetes. Adem√°s, creo que estuvo mejor dada la diferenciaci√≥n entre productores respecto de las retenciones, lo cual dispers√≥ el impacto de la medida y, por lo tanto, las reacciones. ¬ŅC√≥mo sigue? Hay una demanda del sector por negociar de manera conjunta otras cuestiones, pero el Ministerio de Agricultura, siguiendo esa l√≥gica, ya dijo que negocia por separado... De todos modos, habr√≠a que ver cu√°l es el impacto real de la crisis internacional. Por ahora, las reducciones que hubo en nuestro comercio exterior estuvieron m√°s ligadas a cuestiones internas, como la sequ√≠a, que a cambios ex√≥genos. Pero hay que seguir de cerca lo que suceda en China.

Cuando se habla de la protesta agraria, se suele hacer referencia a ‚Äúbases‚ÄĚ mucho m√°s radicalizadas que estar√≠an excediendo a las dirigencias corporativas. ¬ŅCu√°nto hay de cierto en esta aseveraci√≥n?
√Čse fue un argumento que se us√≥ bastante en 2008. No s√© si es as√≠, si ‚Äúradicalizadas‚ÄĚ es el t√©rmino. S√≠ es cierto que las bases estaban en conflicto con la dirigencia del sector, dentro de un marco m√°s amplio de cuestionamiento a todas las dirigencias, en general. Y no creo que eso haya cambiado mucho desde entonces. Ahora, me parece tambi√©n que si, en verdad hubiera habido bases radicalizadas, habr√≠a volado m√°s de una cabeza. Y no sucedi√≥. En cuanto a la cuesti√≥n puramente ideol√≥gica, no creo que haya diferencia sustancial: en uno y otro caso predomina el sesgo antiestatal y antipol√≠tico.

Otra lectura posible es que las entidades del sector volvieron a ocupar el nivel de representación (bajo, por cierto) que tenían previo a la crisis de 2008. El nivel de afiliación y participación orgánica de cada entidad parece demostrarlo.
En cierta medida, aqu√≠ hay una paradoja: mantienen un bajo nivel de representatividad y, al mismo tiempo, una alta visibilidad, ampliada por los medios y algunos sectores afines, con la que se relegitiman y suplen aquello de lo que adolecen. La crisis en la representaci√≥n sigue existiendo y habr√≠a que ver cu√°nto influy√≥ en esta oportunidad. Ahora, esta crisis no es azarosa, sino que tiene que ver con los cambios que se produjeron en el sector en las √ļltimas d√©cadas, con la aparici√≥n de nuevos actores y el surgimiento, por ejemplo, de los fondos de inversi√≥n. La pregunta ser√≠a, entonces, ¬Ņpor qu√© algunas entidades que parecen m√°s representativas de las nuevas tendencias, como Aapresid (ndr: Asociaci√≥n Argentina de Productores en Siembra Directa), no lideran las disconformidades?

¬ŅPor qu√©?
En principio, porque tienen otros canales en los que expresar sus inquietudes o su presi√≥n. Es interesante analizar, en ese sentido, un incidente que hubo en un piquete de estos d√≠as: vaciaron en las rutas a los camiones que transportaban productos de Grobocopatel, lo cual es una muestra, chiquita tal vez, de cierta tensi√≥n entre viejos y nuevos actores, dada la mayor heterogeneidad que parece existir. Dir√≠a, s√≠, que en los dirigentes de las organizaciones tradicionales parece existir un discurso m√°s atrasado, que busca evitar ceder terreno antes que cualquier otra cosa. Pero tambi√©n es cierto que esa heterogeneidad hace tambi√©n m√°s dif√≠cil articular un discurso √ļnico.

Por lo pronto, esa sinergia política que existió en 2008 ya no se da.
En los hechos, no. Las nuevas organizaciones ningunean a las viejas entidades y éstas, me parece, no saben cómo integrarlas.

¬ŅQu√© cosas mantienen unida, hoy, a la Mesa de Enlace? Antes mencion√≥ el componente antiestatal y antipol√≠tico.
Hay un hecho que es innegable: el comportamiento m√°s frentista de las entidades siempre funcion√≥ en situaciones coyunturales o excepcionales. Despu√©s, cada una se manej√≥ siempre de acuerdo a sus intereses y a sus problem√°ticas. Pero la experiencia de 2008 fue muy fuerte. En principio, porque se prolong√≥ m√°s de lo esperado y porque marc√≥ que, a pesar de las diferencias, pod√≠an mantener la vocaci√≥n frentista. Y, aqu√≠, de nuevo, los cambios en la estructura agraria, que determinaron que los intereses de las distintas entidades no sean hoy tan diferentes como lo eran antes. Pero adem√°s de ser antiestatista, el sector es renuente a pagar impuestos. Estamos de acuerdo en que todo aquel que puede evitar pagar contribuciones, lo hace. Pero se da m√°s en este sector. La cuesti√≥n laboral lo muestra m√°s que ning√ļn otro indicador. El sector es un foco incre√≠ble de evasi√≥n y fraude fiscal y laboral. La ley de trabajo agrario, de hecho, los uni√≥ en la oposici√≥n y el rechazo. Por distintas razones discursivas, pero los uni√≥.

¬ŅCu√°nto cambiaron los actores del sector desde 2008? ¬ŅY cu√°les capitalizaron mejor la protesta?
Si se mira qu√© pas√≥ en el Congreso, se puede observar que casi todas las entidades colocaron ah√≠ algunos alfiles. En ese sentido hubo cierta capitalizaci√≥n, con una representaci√≥n como nunca tuvieron en el √ļltimo medio siglo. Despu√©s, claro, est√° lo que hicieron con eso. Por la particular correlaci√≥n de fuerzas que existe en el Congreso, no pudieron torcer rumbos ni generar ning√ļn cambio importante. Y qued√≥ lejos aquello de la conformaci√≥n de un partido agrario. En esta √ļltima movilizaci√≥n, por ejemplo, escuch√© a ruralistas quejosos porque muchos intendentes bonaerenses, que antes los apoyaban, dejaron de hacerlo. Ah√≠ est√° presente el particular juego entre la gobernaci√≥n y los municipios, es cierto. Pero es un dato concreto de la realidad. Tambi√©n es cierto que en el sector hay gente que no ve con malos ojos a Daniel Scioli.