LUIS CABRERA
El rey ya no está desnudo. Tras nueve años de espera, LeBron James alcanzó el título de la NBA, y lo hizo exorcizando múltiples demonios que su talento y los fracasos pasados le habían hecho acumular.
La gigantesca sonrisa que se dibujó en el rostro de James durante los minutos finales de la paliza que Miami le dio a Oklahoma City en el quinto partido de las finales estaba desaparecida desde 2007.
En aquella temporada, su cuarta en la NBA, James alcanzó sorpresivamente las finales liderando un pobre equipo de Cleveland que cayó en cuatro juegos ante San Antonio. La derrota parecía, entonces, un pequeño contratiempo. LeBron estaba destinado a escribir una historia de película al llevar a los Cavaliers, el equipo de Ohio, su estado natal, al primer título de liga.
Sin embargo, James tenía otros planes. En 2010 partió, como agente libre a Miami. Su ida de Cleveland fue considerada una traición -haber filmado un reality, "La Decisión", para anunciar su futuro, lo hizo aún peor- y su arribo al Heat, donde lo esperaban Dwyane Wade y Chris Bosh, se asemejó a arrodillarse ante un rival superior (Wade ya tenía un título, logrado en 2006).
La avalancha de críticas que acompañó a LeBron en aquella primera temporada en Miami lo transformó de héroe en villano. James lo aceptó.
En su nuevo rol salió decidido a "destruir" a sus rivales y lo logró, hasta que llegaron las finales, donde los Mavericks prevalecieron y le dieron más combustible a los críticos que señalaban como desaparecía en los momentos claves.
Un año más tarde, LeBron tuvo su venganza. El alero se estableció como el dueño de Miami, ganó su tercer MVP de la temporada regular e hizo todo lo contrario a encogerse en las finales de la liga, donde promedió: 28,6 puntos, 10.2 rebotes y 7.4 asistencias.
"Nadie hizo un viaje como éste, por lo que tuve que aprender solo", señaló James tras el título. "Tuve que llegar al tope y luego caer al fondo para darme cuenta de lo que necesitaba hacer como atleta profesional y como persona. Construí mi propio camino".
"Soy un campeón y lo hice a mi manera, sin atajos", afirmó el "Rey James", feliz con su flamante corona.
Pat Riley:
"Todo lo que nos limitaba se evaporó. Ahora vamos a divertirnos".
Kevin Durant:
"James jugó muy bien. Ellos fueron los mejores y merecieron ganar".
James:
"Tuve que llegar hasta el tope y luego caer al fondo para darme cuenta de lo que necesitaba hacer".
Codo a codo con los MVP
El anillo de la NBA le asegura a James poder mirar a los ojos a los históricos jugadores con los que ya compartía nómina. El alero era el único con tres premios de MVP que no había obtenido un título y ahora, sin esa presión, irá por más. A nivel individual no le queda mucho por demostrar. Es tercero en la tabla histórica de puntos por juego (27,6) y tiene chances de acercarse a Kareem Abdul-Jabbar en la de puntos totales, aunque será difícil que lo supere. Sus objetivos, sin embargo, están en lo grupal y, con dos finales en dos años, nadie apostará contra una dinastía de Miami.
SUS ESCUDEROS
El regreso
Chris Bosh siempre estuvo a la sombra de sus compañeros, pero estos playoffs lo revalorizaron. El interno se lesionó en la primera ronda y retornó ante Boston. A su regreso, Miami ganó 6 de 8 juegos, incluyendo las últimas cuatro finales, ya como titular.
El capitán
Dwyane Wade es considerado, junto a Pat Riley, el arquitecto del arribo de LeBron y Bosh a Miami. Sin embargo, a sus 30 años, el campeón de 2006 no es la estrella del equipo. El escolta es sí un escudero de lujo para el "Rey" James.
Tripleros
La cuestionada profundidad del plantel de Miami fue protagonista en la serie final. Shane Battier, Mario Chalmers y Mark Miller (7 de 8 en el último juego) dieron al campeón un apoyo fantástico a larga distancia. Battier aportó 15 triples y Chalmers 8.