Si, argentinos y argentinas, El Templo reabrio hace unos meses y volvio con todo.

A continuacion les voy a ir dejando las novedades con las ultimas fechas, y como conseguir acceso preferencial, gratuito o con descuento a la Disco (Ultima actualizacion 26/6). Ademas tambien van a poder ver como quedo despues de la reapertura y algunas imagenes de las fechas anteriores.

La fecha que viene:

Reabre Pacha Buenos Aires


Informacion de la fecha:

Ticket General Anticipado: $60
Ticket General en Puerta: $100

En Puerta:

Damas -- FREE hasta las 2:30hs, solo presentarse en la puerta mediante lista o Flyer
Caballeros -- Hard Ticket $50 - Descuento mediante Flyer

VIP ROOM: $3500/3000 con $1000 consumo + 10 precintos

PRIVE: $2000 con $1000 consumo + 10 precintos

- Estricta Admision -

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¿Quienes son los djs?


Fragma

musica

Género: Electrónica / Pop / Trance
Ubicación: Alemania
Pagina Oficial: http://www.damae.com/
Myspace: http://www.myspace.com/fragmaofficial
Canal en Youtube: http://www.youtube.com/user/UltraRecords/videos?query=fragma
Facebook: http://www.facebook.com/fragmaofficial
Perfil:


Algunos de sus exitos:











Dj Marcos Paz

electronica

Género: Progressive / Progressive House / House / Techno
Ubicación: Buenos Aires, Pacha Residente, AR
Myspace: www.myspace.com/marcospaz
Facebook: http://www.facebook.com/pages/Dj-Marcos-Paz/176709035679185
Presentacion:
link: http://www.youtube.com/watch?v=mvbUZDYSFeU&t=1m25s




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Un poco de Historia

Reducto emblemático de la Costanera, Pachá pasó de ser un enclave menemista en los primeros 90 a un espacio que funcionó como matriz de la música electrónica en Argentina.
Club de culto, su historia es también la de la noche porteña en los últimos quince años.

Si un grupo de brasileños decide venirse a vivir a Buenos Aires por un club de música electrónica, es que algo pasa ahí adentro. Si casi todos los sábados a la noche se agotan las entradas de la discoteca, toque quien toque, es que alguna cosa debe estar pasando en su interior. Si prácticamente cada sábado, a las tres de la mañana, un agente de prefectura tiene que ordenarle a un centenar de jóvenes que deben volverse a casa porque el local agotó su capacidad, es que alguna cosa muuy curiosa o muuy interesante para los jóvenes debe estar ocurriendo puertas adentro. Y si todo eso ocurre durante varios años, es que la oferta de ese local resulta un fenómeno del ocio nocturno al que, sin duda, hay prestarle atención.
¿Y qué rayos es lo que causó semejante furor en Pachá? Los habitués de la discoteca, los de antes y los de ahora, aseguran y reaseguran que el club fue (y es) mucho más que un simple boliche de punchi- punchi, un local para encarar minas o donde abundan los borrachos de fernet y los rugbiers que se creen unos machotes bárbaros. Ellos juran por su madre y por todos sus santos que, en Rafael Obligado y Pampa, está el mismísimo Paraíso. Sí, que ahí justo hay una puerta a una nueva dimensión. Una Ibiza donde los discípulos se mueven al son de los discos que pincha el gurú, hasta que el sol baña de éxtasis a los bailarines junto al Río de la Plata .
Dicen que es un "templo espiritual" que marcó sus adolescencias con unos sonidos que unos hombres llamados deejays parieron al presionar botones de plástico frente a pantallas de colores y cajas que exhalan aire caliente a rabiar.
Fue a fines de los 90 que la música electrónica comenzó a provocar una ola de fanatismo de unos cuantos metros de altura. Esta movida, marca registrada de la globalización, le lavó el rostro con agua caliente a un importante segmento de la noche argentina. Y está presente de lunes a domingo: miles de coches de la Capital y de la provincia tienen sellado en el vidrio trasero una calco con las tres esferas que simbolizan las fiestas Cream, una noción de fiesta de corte inglés que ahora convoca cada año, en los festivales Creamfields, a 60 mil personas en la Costanera Sur o en el Autódromo gálvez. La radio a bordo también tiene casi una docena de posibles sintonías electrónicas, desde Metrodance, X4 o KSK hasta estaciones de barrio en Villa Ortúzar. Sí, de lunes a domingo: en la web de Buenos Aliens (la pionera en el país) o en Clubber, entre tantísimas, todas las vísperas se anuncian fiestas de beats en toda el área metropolitana.
Uno de los grandes patrocinadores de este fenómeno social fue Pachá, la marca disco más afamada del mundo. Con sucursales, gorritos y prendedores all around the world, la insignia de las dos cerezas surgió a raíz de otra movida, la hippie, durante el destape de Sitges, en Cataluña, en 1967. Seis años después, las melenas y las axilas peludas de Ibiza tuvieron su propio Pachá, un título honorífico de los sultanes otomanos cuya semántica luego derivó en lujuria y opulencia.
Este año, el Pachá de acá, el de Buenos Aires, celebra 15 temporadas de fiestas en la Costanera norte. Ya desde su génesis fijó la estética, los conceptos y los rituales de un incipiente segmento de la noche argentina. Por más que suene a publicidad camuflada, fue Pachá la que atrajo a la crem de la crem argentina a su exclusivo sector de los very important people. Desde Diego Maradona con guillermo Cóppola (en su fase de súper amigotes), Charly garcía, Julio Bocca, Soda Stéreo y modelos (casi todas). hasta Madonna montó una fiesta privada apenas abrió la disco (después de su show en River) y Chris Martín, cantante de Coldplay, pidió ser mesero de las diosas argentinas en el VIP el año pasado.
La cabina de Pachá enamoró artistas y disc jockeys de la noche más reputados del planeta antes que ninguna otra en toda América Latina. Fatboy Slim, el británico que superpobló una playita de Mar de Plata con más de cien mil personas en 2006, ya había hecho explotar la pista de Pachá unos cuantas temporadas antes. A su vez, es el local de ocio nocturno en la Argentina que cosechó más elogios en el exterior -fue el club número uno del mundo para la prestigiosa DJ Magazine inglesa entre 2002 y 2003, y top ten durante una década-, así como miles de turistas extranjeros, que marcaron con lapicera la Lonely Planet, se tomaron el 160, el 37 o un taxi con la calco de Cream y se metieron de cabeza en la discoteca.
Según ellos mismos confiesan, ni en sus mejores poluciones nocturnas habían imaginado un club de música electrónica tan estruendoso y europeo a más de diez mil kilómetros de sus hogares.

Aquellos años de Danza Feliz
La marca de los empresarios Carlos Diedrich y Carlos Blumenfeld agarró en octubre de 1993 la posta de las discos El Cielo (del fallecido Poli Armentano) y Age of Communication y nunca la soltó. El contexto también ayudó, claro. hay que recordar la Costanera plagada de los tópicos menemistas más faranduleros: los trajes y esmoquins made in Milán, las novedosas 4x4, los Porsche, Ferrari y BMW conducidos por la oligarquía argentina.
Carilindas y carilindos bronceados en pleno invierno en la puerta de Ski Ranch y Pizza Banana. Pero a pocos metros, junto a los piletones de Coconor, el ecosistema tradicional de la zona se desestabilizó.
Fabio Carlucci, alias Big Fabio (staff de DJ´s de Metrodance, FM 95.1), fue bailarín de la pista de Pachá en sus inicios, y algunos años después cumplió el sueño del pibe -y el de muchos pibes- cuando subió a las bandejas y mezcló vinilos, objetos de museo resucitados y reciclados por la música electrónica.
Como uno de los portavoces de esa tribu fundacional, Big Fabio recuerda: "Eramos 500 jóvenes, no más, que nos conocíamos bien las caras y nos movíamos juntos. Todo comenzó como un evento social, algo snob, moderno y glamoroso, como era la zona. Y de pronto aparecía gente con antenitas, rollers, así, sin más...
Fue un destape novedoso, hasta para los gays".
El dj y productor precisa que "se trataba de otro tipo de discoteca, que no sabía de borracheras, pibes tranzando en los sillones o grupitos sacándose fotos". Los chicos de Jugate Conmigo polulaban por ahí, al igual que la muy jovencita modelo Déborah del Corral, que, según Fabio, no se despegaba de la cabina. Ella representaba a los transgresores de la época. "Era trasgresor en muchos sentidos, no sólo en lo sexual", prosigue Big Fabio, que relata la edad antigua de Pachá como su juventud más dorada. Y eso que justamente él, un
deejay, reconoce que "todavía no existía una comunicación con el dj y la cabina. Aunque se esperaba que la hubiera".
Cultura de club, se lo llamó tiempo después.
El público debía ir notablemente vestido. Si hasta había cuatro cacheos. "Fue el apogeo del control de admisión. Igual, aparecía gente lookeada sin qué nadie diga por qué. Se cambió la onda", agrega Fabio.
Walter Buchholz es otro testigo bien cercano de las primeras "noches de Pachá", como ahora las rotula la nostalgia del lugar. Como encargado de la puesta en escena de la discoteca, estuvo desde abril de 1994, noche tras noche con una bandeja de discos y una compactera de CD de distancia de pesos pesados de la electrónica mundial, como el inglés Paul Oakenfold (ídolo de la hinchada en Argentina y figura que transformó la escena en Ibiza a finales de los 80), el francés Laurent garnier o los estadounidenses Dany Tenaglia, Jeff Mills y Carl Cox, padres del tecno en Detroit y nueva York, donde, de acuerdo a los expertos, nació el dance electrónico hace 25 años.
"En el Club Pachá (primer piso) te recibía un metre y te acompañaba a tu mesa... Era bien exclusivo y al estilo mediterráneo, como el Pachá de Ibiza. Todo blanco. Y eso no existía acá. Todos los boliches eran grises o negros", describe el iluminador, sonidista y escenógrafo con la camiseta del lugar puesta y sudada. Sobre todo, sudada. Walter ha pegado cada salto (es fana de la electrónica, imagínense) y ha visto cada cosa que puede escribir una enciclopedia de la noche porteña.
Los boliches La Morocha y Divino Buenos Ayres miraban de reojo a este monstruo costero que importaba los últimos sonidos. Y eso que en el país las grandes discotecas tenían una vida relativamente corta después de la dictadura. Cemento, del empresario Omar Chabán, data de 1985, mientras que el primer espacio sustancialmente electrónico en el país abrió en marzo de 1988. Era una disco gay (el primer colectivo volcado al género) de Barrio norte y tenía el sugestivo nombre de Bunker.

Siga el baile, siga el baile
"Hasta ese momento se pensaba que ir a Pachá estaba bien porque era una marca de Ibiza, porque estaba en la Costanera y porque había gente farandulera. Pero no terminaba de cerrar una buena noche", prosigue Fabio en el relato. Las primeras dos temporadas fueron experimentales, hasta que el progressive house procedente de los galpones industriales del norte empezaron a cuajar entre la gente. El dj empezaba a ser visto con cariño, dejaba de ser un simple tipo que ponía un temita después de otro y punto. "Mezclar" discos comenzaba a ser una tarea respetada y entendida como central en este nuevo esquema de fiesta. La música electrónica iniciaba su juego psicodélico con las percepciones: alteraba las nociones de tacto, tiempo y espacio. Si a eso había que sumarle los efectos desinhibidores y orgásmicos de las nuevas drogas de diseño y la liberalización sexual, el coctail experimental era muy novedoso.
A partir de 1995 ya se le empiezan a poner nombres a esta revolución nocturna. Un visionario del género, Martín gontad, comenzó a organizar las fiestas Guest Dance Tour (precedentes de las Cream). El nombre de la cita era toda una insinuación: un invitado extranjero. El deejay vernáculo que subía el volumen y la temperatura de la sala era hernán Cattaneo, quien había vencido a Dj Deró, unos meses antes, para hacerse con la residencia del club. ni gontad ni Cattaneo imaginaban en ese momento que estaban dando a luz una movida que cambió la vida nocturna de muchísima gente. Es que la juventud empezó a trasnochar con más frecuencia y más libertades. Los padres aflojaban con el "nena, a las cuatro te quiero ver de vuelta" y la bonanza de la clase media-alta del uno a uno también jugó su papel,no obstante, Pachá seguía siendo top. "La música avanzada fue una apuesta continúa y atrajo a las élites. Iban todas las modelos, todos muy bien empilchados", recuerda Alejandro Lacroix, DJ y conductor en Metrodance y del programa Naita, de Canal 13. "no tenías que ir a Londres para escuchar la mejor música. Estaba en Buenos Aires, en la Costanera, acá. Increíble", agrega. Tras su regreso de Miami como VJ de MTV, fue un auténtico clubber de la discoteca a finales de los 90, "durante el apogeo", según dice. En 1998, cuando las fiestas de los sábados en Pachá pasaron a llamarse Clubland, la disco terminó de despegarse de la onda ostentosa de la Costanera para convertirse en un club de prestigio mundial. Las masivas raves "grooves" de Parque Sarmiento, surgidas un año antes, fueron una nueva fuente de inquietos noctámbulos.
En noviembre de 1998, la multinacional Camel contrató al deejay galés Alexander Coe, conocido en el mundillo como Sasha. Se vendieron 900 entradas, algo inédito. "Desde ese noche, Pachá no paró nunca más", apunta Fabio, cada vez más efusivo.
La atmósfera en el dancefloor, la pista central, y en la terraza, frente al río, ya era prácticamente underground, o under, a secas. El champán se relevó por la botella de agua (las sesiones duraban hasta ocho horas) y el traje se reemplazó por la musculosa o una remera bien cara, pero cómoda. Los zapatos, demasiado complicados. Mejor zapatillas.
Y sin falta, unos anteojos de sol en un ambiente de por sí oscuro. Así se amplió un poco -sólo un poco- la clase del público. Claro que quien se atrevía a entrar, lo hacía a un círculo muy costoso y prejuicioso. En algunos grupos decidían a quiénes le revelaban el secretito de Pachá y a quiénes no.
El rito para algunos comenzaba el sábado a la tarde, en la Bond Street o en la galería Jardín, en Florida. A los locales de música Chopin haguen llegaba lo último de lo último en vinilo o en CD. También vendían las anticipadas, a 10 o 15 pesos (hoy no baja de $40 y se venden nada menos que por Ticketek, como la Copa Davis). Luego, una buena siesta y, sobre las 12, mínimo, se juntaban a tomar algo. La caravana no partía antes de las tres. En navidad o a fin de año, a las cinco todavía se veía gente ingresando. Eran otros tiempos: Prefectura y la Municipalidad autorizaban fiestas hasta más tarde. En la terraza, cuando el sol bañaba las caras que llevaban siete horas agitándose, familias y ancianos con cara de dormidos salían a hacer su domingo por la Costanera y se encontraban con unas secuencias repetitivas e insólitas. La contra-postal no terminaba ahí. En el estacionamiento se improvisaba una rave con los buffles de los coches saturados y de ahí la marcha se dirigía a un after o a una fiestita en la quinta hasta que cayera el sol.
"Era una verdadera fiesta, donde la gente se juntaba a festejar que terminó la semana", continúa Fabio.
Mariano del Águila, periodista especializado en cultura joven, fue otra observador nato de la atmósfera hedonista que delineó a esa comunión: "Bailar la música que te gusta, con gente que también te gusta, en un lugar muy especial y presenciando ese momento particular, que es el paso del día a la noche, ya pueden cargar a cierto lugar de mística. Muchas amistades y noviazgos empezaron en ese club. Y también, por supuesto, se terminaron. Pachá fue un tótem".

Radio, Internet y la Popularizacion
El vínculo entre la música y el público iniciaba un proceso de íntimo acercamiento. Las descargas de Internet fueron una revolución copernicana en el ambiente. Napster y Audiogalaxy ofrecían sesiones grabadas en vivo y temas en cuestión de minutos. El colmo de este boom lo constituían los tecnoadictos, quienes escuchaban sonidos desde su disco rígido incluso antes de que sonaran en la discoteca. Años después ya fue el paroxismo, puesto que eran ellos los mismos que presionaban botones de plástico frente a pantallas de colores y cajas que exhalan aire caliente a rabiar.
Las explosiones, marca de la casa, y las "agachaditas" de todos los bailarines de la sala principal cuando bajaba el ritmo de la música ganaron fama en todo el planeta. Sergio Presciutti, (a) DJ SOLO y diseñador de interiores, recuerda esa sinergia tan peculiar en la pista, que, como todo, no duró para siempre.
"Existía una conciencia de solidaridad, respeto e interrelación.
Sin embargo, con el tiempo y la popularización de la electrónica, la escala de valores fue cambiando", revela.
"Pachá se fue adaptando a los nuevos modos de la sociedad.
Se fue liberando, haciéndose más hogareño e informal", relata Walter Buchholz.
Así fue como los chicles, las cremas de menta que manoseaban cuatro o cinco a la vez y las emblemáticas botellitas de plástico usurparon definitivamente la sala. Pachá y la noche porteña entraron en una nueva fase a partir de 2001, con la salida de la FM Metro, en abril, y con la realización de la primera
Creamfields, en un embarrado Jockey Club de San Isidro, donde hubo sólo 15 mil personas. "El ambiente se transformó en más festivalero. La gente exigía que siempre explotara la música. La discoteca no es eso: se propone un viaje de un máximo de seis horas con una introducción, nudo y desenlace," explica Big Fabio.
Pese a todo, siguió siendo un modelo exitoso. ni la crisis de 2001 detuvo esta locomotora electrónica. "En el país no se vendía un solo coche y esto explotaba cada fin de semana. Era una isla", en palabras de Walter Buchholz. Para él, una fina planificación semanal sobre la puesta en escena, siempre renovada también fue vital en la historia de Pachá.
Las discos Mint, Big One, niceto y Crobar entraron en el mercado con cartel internacional y un exhaustivo trabajo de RR.PP., pero nunca pudieron arrebatarle a Pachá el liderazgo en la tabla de posiciones. La disco de la Costanera sobrevivió a la hipercomercialización y a todos los que se vinieron. Desde 2002, nescafé, Pepsi y heineken comenzaron a patrocinar grandes fiestas electro. Así como las compañías 2net Producciones (Creamfields), de Martín gontad, Surface (Moonpark) y Think group (SAC, Versus Sessions) organizan cada mes y medio un evento de envergadura.
Sin embargo, la clientela siguió fiel a las dos cerezas.
Y hay otros tantos motivos. Los jóvenes se hicieron más precoces todavía. Los sobrevivientes de la clase media y los hijos de los representantes de una clase alta más alta empezaron a salir más y a gastar más. Del VIP ni hablar. En esta década y media, nunca dejó de ser "EL VIP DE PAChÁ", en mayúscula, para el exquisito paladar del patriciado argentino y del Cono sur. De hecho, el sector exclusivo actual dobla en superficie al original.
Con tanta energía acumulada en tantas horas, durante tantos años, los parlantes parecen seguir vibrando en la semana.
Como en la Bombonera, la disco "late" hasta cuando no hay nadie. "Es uno de los clubes de música en los que más nos gusta tocar en el mundo. Por la efusividad y la expresividad de los argentinos, por toda esa atmósfera. Es como una cancha de fútbol, pero con música y baile", sentenció en una de sus visitas el DJ holandés Sander Kleinenberg, un enamorado de los helados artesanales de Buenos Aires.
Los brasileños ya se volvieron a San Pablo con unas cuantas historias trasnochadas que contar. Y a pesar de la muchedumbre acalorada de adentro, en la puerta seguirá habiendo gente que se cagará de frío por llegar tarde a la fiesta. Tendrán que imaginarse la vuelta a casa, quizás a bordo de un taxi con la calco de Cream, ese algo, cada noche diferente, que habrá pasado entre las paredes blancas.


Por Diego Gueler (Revista C (Critica))




Bueno, amantes de la musica electronica, espero verlos los sabados por ahi, no pueden dejar de ir, la verdad el ambiente nuevo que se ha generado, ha sido el volver a las raices, al templo en su mejor epoca!

Espero comentarios y los intentare mantener al tanto de las nuevas fechas a los interesados, pongan el post en favoritos.


Les dejo tambien mi playlist con mis temas favoritos de musica electronica!