Turquía advirtió este martes que responderá a cualquier violación de su frontera por parte de Siria, donde la represión de la revuelta contra el régimen y los combates cerca de Damasco dejaron casi 90 muertos, obligando a la ONU a mantener suspendida su misión de observación.
En Bruselas, la OTAN, reunida con carácter de urgencia a petición de Turquía, declaró que el derribo de un avión de combate turco el viernes por parte de Siria fue un incidente "inaceptable".
La Alianza manifestó "su apoyo y solidaridad" a Ankara, sin mencionar la eventualidad de una intervención militar.
El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, afirmó que el F-4 Phantom turco fue abatido mientras se entrenaba en el espacio internacional, y no en el espacio aéreo sirio, como sostiene Damasco.
En un discurso ante los diputados de su partido Justicia y Desarrollo (AKP, islamista), Erdogan dijo que Turquía replicará "con determinación" a cualquier violación de su frontera y calificó de "dictador sanguinario" al presidente sirio Bashar al Asad.
"Cualquier elemento militar procedente de Siria que represente un riesgo y un peligro de seguridad para la frontera turca será considerado un objetivo" militar, afirmó.
"Este último acontecimiento muestra que el régimen de Asad se convirtió en una amenaza abierta y cercana tanto para la seguridad de Turquía como para su propio pueblo", dijo Erdogan refiriéndose al derribo del avión.
Turquía responderá "en tiempo oportuno" y con "determinación", insistió el primer ministro.
Ante la escalada de la violencia en Siria, Rusia, aliado suyo, aceptó participar en una reunión internacional sobre el conflicto en el país árabe, prevista en principio el 30 de junio en Ginebra.
En un intento por calmar la situación, Rusia consideró que el derribo del caza turco no debe considerarse "una provocación o un acto intencionado", ni debe conducir a "una desestabilización de la situación".
El ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, consideró que Irán, también aliado de Damasco, debe ser invitado a la reunión sobre la crisis siria prevista en Ginebra.
La reunión fue promovida por el emisario internacional Kofi Annan, cuyo plan de paz en seis puntos ha fracasado desde su instauración el 12 de abril. Desde Ginebra, la ONU advirtió no obstante que no había recibido la confirmación de la celebración del encuentro.
Ante la continuación de la represión del régimen y los combates entre las tropas gubernamentales y los desertores del ejército, la ONU decidió mantener suspendida su misión de observación, prevista dentro del plan de Annan.
Los cerca de 300 observadores dejaron de monitorear la situación en el país el 16 de junio al recrudecerse los ataques de las fuerzas del régimen de Bashar al Asad contra la oposición.
Nasser al Qidwa, adjunto de Annan, dijo que de momento no hay "ningún diálogo político" en Siria, sino una militarización creciente de la violencia.
Este martes al menos 85 personas, en su mayoría civiles, murieron en todo el país, 25 de ellas en los combates entre el ejército y los rebeldes a ocho kilómetros de la capital, alrededor de las posiciones de la Guardia Republicana, anunció el opositor Observatorio Sirio de Derechos Humanos.
La Guardia Republicana es un cuerpo de élite encargado de la seguridad de la capital siria y sus suburbios.
La agencia oficial Sana afirmó que "decenas de terroristas" habían muerto en los combates cerca de Damasco, y que otros fueron detenidos.
El gobierno de Asad no reconoce la amplitud del movimiento opositor, al que tacha de "terrorista". Desde el inicio de la revuelta antirrégimen el 15 de marzo de 2011, más de 15.000 personas han muerto, según el OSDH, con sede en Londres.