Las enfermedades no entienden de tiempos, burocracia ni trabas a las importaciones.



Todos los días, a Micaela Bernad, de 14 años, le deben inyectar una dosis de Filgrastim. Desde que nació, la medicación le permitió sobrellevar el síndrome de Kostmann, una patología rara para el mundo de la medicina y que deteriora el sistema inmunológico.
Micaela cursa el noveno año y, gracias a los cuidados de su familia, mantiene una vida como todas las adolescentes. Sin embargo, por estos días su salud está sometida a las restricciones a las importaciones que impuso el secretario de Comercio, Guillermo Moreno.



Soledad García del Río, su madre, está angustiada y empezó a exigir soluciones. “Es una inyección diaria. El IPS cubre el 100% del costo, pero ahora no nos entregaron el pedido. Averigé si había en otras farmacias y me dijeron que no. En Jujuy, tampoco. Seguimos preguntando en todos lados y nos enteramos de que algunos de los insumos que utilizan los laboratorios provienen del exterior. Entonces no hay...”, relató.

“No existe otra alternativa, es el único tratamiento”, se lamentó Soledad. Al poco tiempo de nacer, a Micaela le diagnosticaron el síndrome de Kostmann. Por la enfermedad, en sus sistema inmunológico escasean los neutrófilos (un tipo de glóbulo blanco). “Así te enfermás de cualquier cosa y te morís”, se conmovió la mamá.
“El remedio, que además lo reciben los enfermos de cáncer, le levanta artificialmente los neutrófilos. Ante la ausencia de esa barrera, cualquier bacteria ingresa. Si mi hija empieza con tos, fiebre o se lastima, tengo que tomar las medidas necesarias. La llevó al médico y le tienen que hacer un recuento de neutrófilos en la sangre”. Soledad recuerda que Micaela tuvo varias recaídas, pero siempre pudo salir adelante.

Preocupación

En estos 14 años, el IPS le entregó en forma gratuita las cajas de Filgrastim. Pero la solicitud que la familia Bernad envió el 15 de este mes sigue sin contestación.
Suena el teléfono y Soledad frena la entrevista. La llaman para decirle que no hay dosis. Se preocupa más. “Si es un problema de importación, está mi hija en el medio”, manifestó.
El miércoles, junto a su esposo Claudio Bernad, envió una carta documento a la obra social provincial para que exponga los motivos del faltante del medicamento.
En su casa le quedan algunas dosis, pero entró en cuenta regresiva. En 2007, la familia Bernad había presentado un amparo ante la Justicia porque se había interrumpido la entrega. Fue la única vez que tuvieron problemas, pero se solucionó en el corto plazo.
“Desde aquella vez, siempre tengo un stock de reserva, pero no puedo esperar más tiempo”, reforzó.
En el mercado, la cantidad de ampollas necesarias para un mes demanda $25 mil. El Tribuno intentó comunicarse con algunos laboratorios para averiguar los motivos de la escasez de Filgrastim, aunque no hubo respuestas. “¿Cómo estará la situación de los enfermos oncológicos que deben recibir este medicamento”, reflexionó Soledad.