LA SALUD MENTAL DE LA PRESIDENTA: UN HECHO DESTITUYENTE


Blogueros K alertan sobre la operación “Cristina está loca”



Cristina está loca: Blogueros K lo desmienten



Supuestamente, la alarma de “alerta” la dieron los medios este fin de semana. Lo cierto es que el posible desequilibrio psíquico de la Presidenta salió a la luz pública incluso antes de que Cristina Fernández de Kirchner llegara a la primera magistratura, y desde el propio seno del kirchnerismo.

El 18 de noviembre de 2006, Revista Noticias publicó en su tapa: “Cristina Kirchner: ¿Está bajo tratamiento psiquiátrico?”. Allí, la publicación trató de develar las razones de ausencias prolongadas y repentinos cambios de ánimo de la entonces Primera Dama. Según lo que fuentes cercanas a Cristina le confesaron a esa revista —incluido el psiquiatra que la trató— esta se encontraba bajo tratamiento por trastorno bipolar.

A partir de ese momento, los medios comenzaron poner especial atención a la salud mental de la Jefa de Estado, incluso ella hizo mención a esa vigilancia en varios discursos. Sin embargo, para varios de los blogueros kirchneristas encargados de defender al Gobierno, en los últimos días se ha desatado la “Operación (mediática) Cristina está loca”.



Análisis “insalubres”



Hace dos semanas que la salud de la Presidenta es protagonista de diversos análisis políticos. Comenzó Alfredo Leuco, el domingo 24 de junio en Perfil, con su columna denominada “El límite de la realidad”. “La Presidenta exhibe con frecuencia su inestabilidad emocional. Es una mujer inteligente que viene sufriendo demasiado. No sólo por la muerte de su mentor, esposo y jefe político. También porque la medicación para afrontar la falta de tiroides la hace pasar de ciclos de alta a baja tensión y por momentos la inflamación de su rostro (como se vio cuando repudió el golpe de Estado en Paraguay) la pone de muy mal humor”, indicó el periodista.

Seis días después, Lueco continuó con “Pistas de desmesuras”. “(Cristina Kirchner) definió psicoanalíticamente como una ‘negación’ no recordar el nombre de la glándula tiroides y hasta pareció pasarle a Moyano la factura por lo ‘estimulado’ que estaba pese a haber sufrido un dolor similar al de ella con la muerte de su hijo Emiliano. Los pronunciados picos y caídas emocionales y el aislamiento cargado de mal humor descolocan a los pocos funcionarios que hablan con ella”, remarcó Leuco nuevamente en Perfil.

El 29 de junio, Darío Gallo escribió una columna (también para Perfil) sobre la “Preocupación por la salud de la Presidenta”. “Si se observan los últimos discursos de la Presidenta hay rostros preocupados a su alrededor…”. “… Quienes cada vez más notan cómo la Presidenta parece sentir el esfuerzo y no lo puede ocultar con maquillaje. Quienes la tratan seguido, incluso los ministros que no la ven todos los días, han comenzado a preocuparse. En especial, porque han creído que cierto desarreglo no habitual en ella o algunas dispersiones en sus cada vez más extensos discursos es producto de la presión que ejerce sobre ella la crisis”, remarcó el exdirector de Libre.

El 30 de junio, Nelson Castro remarcó en ese mismo diario que “El ‘Aló Presidenta’ del martes dejó a muchos muy preocupados. Allí se la vio a Cristina desencajada y dejando al desnudo no sólo su falta de contacto con muchos aspectos de la realidad sino también las falencias del ‘modelo’”.

El mismo día, Fontevecchia hizo énfasis en la “Evanescencia emocional”, de la Presidenta. “Hay un gen misógino en la sociedad argentina con el que la Presidenta tiene que convivir. Ser loca es la acusación paradigmática para las mujeres (la Inquisición quemaba brujas, no brujos). Pero a los prejuicios, Cristina aporta sus propias acciones con una verborragia cada vez más extendida y una gestualidad facial crecientemente llamativa. La lucha contra los años crea rictus artificiales pero la Presidenta tiene algunas expresiones que no parecen surgir de la superficie del cuerpo, sino reflejar cuestiones más hondas del orden de las creencias y los deseos”, remarcó el CEO de Perfil.

El 1 de julio, Carlos Pagni en La Nación: “La Presidenta, bajo el imperio de las emociones”. “El martes pasado, el foco de la política se posó sobre un factor que gravita cada vez más en la escena oficial: la emotividad de la Presidenta. En el discurso de ese mediodía apareció una Cristina Kirchner salida de su eje. Con argumentos incorrectos, desbordada, comunicó decisiones gravísimas mientras intentaba reprimir el llanto y disimular la ira. Si en Angola fue llamativa por lo eufórica, esta vez sorprendió por lo ansiosa y depresiva”, precisó Pagni.

El mismo día, Eduardo Van Der Kooy en Clarín: “Al kichnerismo no hay que pretender entenderlo sólo desde la política. La psiquiatría es también una buena fuente de orientación”.



Conspiraciones locas



“Siempre digo que los que han luchado mucho, o se van antes o estamos más deteriorados por alguna u otra manera, o porque tal vez las cosas nos impactan de una manera, sufrimos, sentimos, nos importa lo que nos pasa alrededor, no es que nos importa lo que nos pasa únicamente a nosotros”, dijo Cristina el pasado lunes en un acto en Casa Rosada, tal vez respondiendo los diarios del fin de semana y admitiendo un innegable cansancio.

Sin embargo, estos últimos análisis, acorde a los defensores del modelo desde la blogósfera, son parte de una operación para desestabilizar a la Presidenta, ya que podrían ser la herramienta para un probable juicio político producto del “efecto Lugo”, pese a que los números en el Congreso nacional no son aptos para semejante hipótesis.

“Trato de no creer en las conspiraciones”, cuenta el blog del periodista oficialista Nicolás Tereschuk, que —pese a los insistentes pedidos de explicación de varios tuiteros a su cuenta @escriba— aún no explica la razón por la cual prestó (o presta) servicios en la Jefatura de Gabinete de Ministros.

“Lo que creo que pasa en realidad, como lo venimos analizando hace un tiempo, es que este se ha convertido en un país de locos. Y que además está lleno de locos como nosotros, que queremos que a este gobierno le vaya muy bien. Junten gente, muchachos. Porque para subirnos a todos a la ambulancia les va a costar”, avisa el escriba.

En el blog del recientemente ridiculizado por sus colegas en 678, Lucas Carrasco, afirma: “La derecha o, su parentela pobre, el progresismo sin sujeto, intenta, a los manotazos, una nueva estrategia: fundar las causales, al modo de Paraguay, para un juicio político, confiada en que la economía se deteriore llegando, el kirchnerismo, debilitado a las elecciones legislativas de 2013. Hacia ahí apunta la cuestión de que Cristina está loca. Pero sorprende la sistematicidad, que puede o no obedecer a directivas -con lo cual estamos ante una táctica que podría derivar en una estrategia- con que ciertos mensajes se hacen sentido común en el reducto más cerrado e idiota de los opositores”, indica el expanelista de Duro De Domar.

“Varios blogs, sin ninguna coordinación entre nosotros salimos a responder a esta operación que se titula ‘Cristina está loca’, afirmó en su programa radial el bloguero Gerardo Fernández en comunicación con su colega Abelardo Vitale, quien dijo: “Empiezan a haber determinados llamados de alerta sobre todo para nosotros que defendemos a este gobierno, nos obliga a estar muy atentos y a volver a pensar en lo que significa la correlación de fuerzas para el sostenimiento de un proyecto político.”

Hay que destacar que Revista Noticias volvió a poner a la salud mental de la ahora Presidenta en tapa, cuando la candidatura a su primera presidencia ya estaba asegurada. “El propio psiquiatra de la Primera Dama le explicó a esta revista que el cuadro de Cristina no revestía de la gravedad de otros. ‘Una cosa es la manía y otra, lo que llamamos hipomanía, que es algo más leve. Son aquellos pacientes bipolares que en la etapa de la euforia por ahí hablan demasiado, son el centro de atención, se llevan todo por delante, tienen gestos histriónicos y gastos desmedidos... Y luego, cuando se deprimen, les cuesta levantarse, se aíslan, se retraen, le huyen a los compromisos sociales”, publicó ese semanario en julio de 2007.

“Los cambios de humor de la candidata presidencial son bien conocidos por su entorno: desapariciones de escena de varias semanas, faltazos al Senado y discursos irritados que la perjudican en las encuestas”, contaba Noticias hace cinco años.

“Como aquel que pronunció en vivo por Canal 7 hace un año, cuando defendió los polémicos superpoderes del Gobierno y criticó con nombre y apellido a los periodistas que no le caían en gracia. Tras esa exposición furiosa, y contraproducente en las mediciones de imagen, la senadora se refugió una semana entera en Río Gallegos, deprimida.”

Luego, la revista recordó: “Tras la portada de esta revista en noviembre pasado, que reveló el cuadro psiquiátrico de la Primera Dama, ella desapareció de escena durante casi un mes. Durante diciembre protagonizó sólo cinco días de exposición pública, en enero bajó a uno, en febrero contabilizó seis apariciones, y desde marzo repuntó por sus giras de "instalación internacional", como las llaman en la Casa Rosada: un promedio de diez días de exposición por mes. Lo curioso son algunos baches durante este tiempo: no se la vio durante la segunda quincena de enero ni la primera de marzo y abril, como si cada tanto necesitara dos semanas sabáticas.”

Si bien la salud anímica de Cristina está en tela de juicio antes de ocupar un cargo en el Ejecutivo —y previo a que el Gobierno rompiera el idilio con el Grupo Clarín (señalado como principal orquestador de las operaciones mediáticas desestabilizadoras)—, ¿pueden las últimas actitudes de la Presidenta dejarse fuera de discusión cuando sus propios allegados mencionan sentirse preocupados?

En los últimos días, la mandataria criticó en un discurso público a un jubilado que se quejó por no poder comprar unos pocos dólares para regalarles a sus nietos. Exigió que la Gendarmería no actúe en los conflictos de las provincias, mientras que retó a la Justicia para que la procese si no estaba de acuerdo con su decisión. Con voz quebrada declaró duelo nacional por los siete gendarmes muertos en un accidente de tránsito y culpó a las protestas sindicales por esas pérdidas. Olvidó el nombre de la glándula tiroides que le fue extraída hace poco tiempo, cuando se informó públicamente que un cáncer la aquejaba. Durante 12 minutos sostuvo una muñeca de sí misma en el marco del acto —que comenzó llorando— de entrega de los primeros DNI a transexuales y travestis, justo cuando en la localidad de Cañuelas se desataba una pueblada con motivo del asesinato de dos comerciantes.

Ahora, el “golpe de choque intelectual” ha salido a anunciar la operación sobre la psiquis de la Presidenta. Nada descarta que pronto, tales aseveraciones salgan de la boca de la propia Cristina, quien últimamente y a falta de oposición política, anda muy interesada en buscar hechos destituyentes.