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Las fuerzas armadas libanesas debieron intervenir en los enfrentamientos religiosos que en los últimos días dieron muerte a nueve personas en la ciudad de Trípoli.

Dos días de violencia sectaria provocaron, en Trípoli, que tropas del ejército libanés se hicieran presentes en la ciudad, a fin de evitar que nuevos choques tengan lugar. Fuentes de salud indicaron que los combates entre sunnitas y chiítas provocaron la muerte de nueve personas. Esta es la segunda vez que el gobierno en Beirut debió enviar a las Fuerzas Armadas a dicha ciudad con el objetivo de contener los enfrentamientos sectarios.

Una serie de disparos pudieron registrarse antes que los soldados se apostaran en la ciudad, así como también intercambios de granadas entre sunnitas y alauíes, en unos enfrentamientos que llevaban ya dos días de duración y que terminaron con las vidas de nueve personas e hirieron a otras 68. El temor a ser alcanzados por las armas tanto de unos como de otros provocó que muchos residentes de ambos distritos abandonaran sus hogares.

Las tropas gubernamentales, con el soporte de vehículos blindados, tomaron posiciones entre los distritos sunnita y alauí -los alauíes constituyen una secta minoritaria aliada del partido-milicia chiíta Hezbalá-, para prevenir nuevos enfrentamientos entre ambas partes. Era la segunda vez que los soldados se desplegaban por la ciudad en pocos meses -el ejército es la única institución que se percibe como neutral-. El pasado 23 de junio ya debieron patrullar la ciudad para poner fin a la violencia. Estos incidentes se suman a la cadena de episodios que arrastra la lucha por el poder entre los partidos con simpatías pro-occidentales, como el de Hariri, y los que miran hacia Siria e Irán, como Hezbalá. Estas luchas mantienen el país fuertemente dividido.

En los últimos dos meses, al menos 22 personas han muerto en la ciudad, de mayoría sunnita, en los enfrentamientos sectarios. Líbano se encuentra inmerso en una de sus peores crisis desde la guerra civil (1975-1990). En principio, la formación de un Gobierno de unidad hace unas semanas y el nombramiento de un nuevo presidente del país, Michel Suleiman, debían haber puesto el conflicto en vías de ser solucionado, pero un documento del gobierno, crítico con Hezbalá, volvió a incrementar la tensión en la sociedad libanesa.