Animal Planet dice que las sirenas existen


La discusión de siempre se reflotó hace poco, con la publicación de un programa serio en un famoso canal. Hasta el Gobierno de los EEUU tuvo que salir a fijar posición.

Para muchos de nosotros no hay misterio alguno: las sirenas, esas criaturas de cuerpo humanoide y cola de pez que aparecen en relatos o en pinturas de antiguas culturas, forman parte de la fauna imaginaria de la humanidad.

Animal Planet dice que las sirenas existen


Aún así, una reciente emisión de Animal Planet, el canal de Discovery Communications, sembró la duda: el pasado 27 de Mayo dedicó un programa al tema en un formato símil documental.

Para dar a la polémica una legitimidad que parece difícil de aceptar, el programa recreó escenas de una colonia de sirenas y tritones que, según el guión de Charlie Foley, hace miles de años usaban a los delfines como mascotas y vivían en manadas protegiéndose unas a otras del acecho de unos temibles escualos gigantes.

Como el pretendido documental fue emitido por un canal que suele presentar temas de genuino valor científico, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de los EE.UU. recibió numerosas consultas sobre la existencia de tales criaturas, sobre las cuales sólo hay vestigios artísticos y mitológicos. "No se han encontrado pruebas de humanoides acuáticos", contestó, tajante, la NOAA.

Para algunos, la reacción del organismo científico norteamericano puede parecer desmesurada: debe haber pocas tareas tan insatisfactorias —y aparentemente improductivas— como desmentir la existencia de seres cuya realidad nunca fue documentada. Pero también hay que atender a cuestiones de contexto.

En el último tiempo, por ejemplo, una controversia en torno a presuntos registros en video de sirenas llamó la atención de los aficionados a los misterios (e ingresó en varias escuelas a través de docentes receptivos a la posibilidad de su existencia) cuando aparecieron en la web imágenes, a la postre trucadas, de mujeres con cola de pez, realizadas por bromistas, experimentadores o charlatanes.

Charlie Foley, el productor de Animal Planet que escribió el libreto del documental, defendió su derecho a especular gracias a la existencia de tales criaturas marinas en culturas tan diferentes como la griega, la china y la vikinga, o el hallazgo de pinturas rupestres que parecen reflejar el aspecto que éstas poseían, en lo que podría ser una curiosa confusión entre representaciones fantásticas propias de un trabajo artístico, y un registro realista tipo cámara fotográfica.

En el documental, titulado "Sirenas: el cuerpo hallado", Foley se pregunta: "Así como hay animales que se desplazaron de la tierra hacia el mar ¿podría haber sucedido lo mismo con los seres humanos? ¿Y si hubiera algo de eso?".

Para evaluar la calidad de la evidencia en Animal Planet, tal vez basta agregar que las "mascotas de compañía" que aparecen junto a las sirenas son el bigfoot, el chupacabras, y los vampiros (curiosamente, no los gnomos, los fantasmas o las hadas). Foley despeja aún más el panorama cuando, para defenderse de la acusación de falta de evidencias, opta por denunciar una conspiración. Es que, para el director de Animal Planet, "no hay que descartar que un gobierno en las sombras haya ocultado o destruido pruebas".

Si el complot que denuncia Foley es real, las cosas quedarían más o menos donde empezaron: la falta de evidencias no permite asegurar la existencia de nada que valga la pena reconstruir digitalmente, a menos que estemos ante una animación que pretende entretener y de ninguna manera defender la existencia material de sirena alguna.

En cualquier caso, no deja de ser llamativo que la situación haya obligado a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica a pronunciarse sobre el fantasmático asunto. "No se han encontrado pruebas de humanoides acuáticos. ¿Por qué, entonces, ocupan el inconsciente colectivo de casi todos los pueblos marinos? Es mejor dejar la respuesta a esa pregunta a historiadores, filósofos y antropólogos", propone la NOAA.

Es dable reconocer que biólogos, genetistas y zoólogos interesados en la vida de las sirenas no tienen mucho material para examinar. Sí disponen de abundante información los científicos sociales, quienes —si desean embarcarse en semejante estudio— pueden nutrirse de los antecedentes en materia de fenómenos de naturaleza escurridiza reunidos en áreas tan diversas como la parapsicología, la criptozoología o la ufología.



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