Pocas veces un relevamiento trae a la mente tantos ejemplos en pocos segundos como una encuesta única en su tipo realizada en seis ciudades del país cuyos resultados revelan que uno de cada dos automovilistas ya están con los nervios alterados antes de salir a manejar.
Los ejemplos abundan a un par de cuadras de la Casa Rosada. Cuando se intenta salir a la avenida Ingeniero Huergo por el último tramo de la calle Juan D. Perón y el semáforo cambia a rojo, sólo los más arriesgados se atreven a acercarse a la senda peatonal para liderar la fila en el carril central a la espera de la luz verde que concede el giro a la izquierda por Huergo. Es una ubicación privilegiada para ser blanco del enojo de los automovilistas que "suben" al Centro por la otra mano de Perón y pasan por alto la doble línea amarilla que les indica por dónde circular.

Claro que ese enojo, que se materializa en señas, insultos, bocinazos o maniobras "correctivas" riesgosas, es común en otras calles, autopistas y rutas del país. Además de mostrar que alrededor del 52% de los conductores maneja con síntomas de irritación, el índice creado por un investigador de Córdoba para medir la ira al volante revela que casi un 20% conduce con un nivel de irascibilidad demasiado alto como para reaccionar de manera adecuada ante el menor imprevisto. Tenga o no razón.

Conductas como vociferar, insultar y/o hacer señas a otros conductores; tocar bocina para indicarle a otro automovilista que hizo algo que nos disgusta; utilizar las luces para indicar una maniobra incorrecta, o pelearse físicamente con un tercero por un problema de tránsito son las conductas agresivas más comunes. Justamente por eso fueron las elegidas para aplicar el índice de ira al conducir (IRA), que desarrolló el doctor Aldo Merlino, que desde hace seis años estudia cómo nos comportamos los argentinos al volante.

Y el grado de irritabilidad que tiene una persona, según pudo comprobar Merlino, estaría asociado con la predisposición individual a no cumplir las normas de tránsito y agredir a otros conductores y transeúntes. "Los resultados nos muestran una triste realidad: la irascibilidad está muy presente en las calles, por lo menos en las grandes ciudades de la Argentina", explicó a LA NACION por vía telefónica desde Córdoba el investigador, que actualmente dirige la Secretaría de Investigación de la Universidad Siglo 21.

Y agregó: "No hemos encontrado estudios como éste en la literatura publicada". Además, con la ayuda de Gabriel Escanés, pudo cruzar estos resultados con los de otra encuesta para saber cuán probable es que un conductor cometa una infracción y cuán negativa cree que son las consecuencias de infringir una norma de tránsito, como chocar o que le hagan una multa. Con otro índice, llamado de probabilidad de infracción (IPI), ambos encontraron que es mediano o altamente probable que más de la mitad de los conductores cometan una infracción.

"Si esto lo combinamos con los resultados del IRA, el caos es absoluto -indicó Merlino-. Esto refleja la realidad: los problemas que tenemos los argentinos para cumplir la norma en general. Lo que pasa es que en el tránsito se ve mucho más. Esto es porque la conducción es una situación que me pone en interacción con los otros. El problema complejo que vemos es de convivencia. Entonces, cuando hay que ceder derechos que se creen propios por los del otro, aparece el problema."

GRANDES CIUDADES

Ambas encuestas se realizaron en una muestra representativa de la población de entre 18 y 70 años de las grandes ciudades. El equipo entrevistó a 812 conductores de la ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Tucumán, Corrientes y Chubut. Una parte de los resultados fueron presentados en varios congresos, incluido el internacional de investigación cualitativa de Chicago.

Aunque las mujeres manifestaron manejar más tensas que los hombres, según una escala del 0 al 10, la explicación de esa sensación no varió entre hombres y mujeres: el 48% de los participantes lo atribuyó a que "la gente maneja mal y no respeta las normas" y el 26% dijo que es "porque hay demasiados vehículos". El resto se dividió entre otros motivos, como las malas condiciones de la red vial, la inseguridad, la falta de control o la necesidad de circular por "el centro" de la ciudad.


La convivencia entre peatones y automovilistas es ríspida en las calles de Buenos Aires. Foto: Marcelo Gómez
Por otro lado, sólo uno de cada diez conductores es autocrítico; los nueve restantes aseguran ser más cumplidores de las normas y más prudentes, aunque conceden ser tanto o menos habilidosos que los demás. "En prudencia, la mayoría se califica con un 8,5, pero al resto le asigna un 3,7 en promedio. Es decir que si todos no calificamos bien a nosotros mismos y mal a los otros, algo está equivocado -reflexionó Merlino-. Y en el nivel de cumplimiento de las normas sucede lo mismo: la mayoría se autocalifica con casi 9 puntos y califica a los otros con 4. Acá hay un problema de autopercepción porque el nivel de falta de cumplimiento de la norma es altísimo: casi el 70% viola el límite de velocidad en la ruta, por ejemplo, a la vez que no se perciben consecuencias por el incumplimiento de las normas."

Ahora bien, al indagar sobre la irascibilidad al volante, el 64% le hace señas con las luces al automóvil que está adelante y no conduce como le parece adecuado, mientras que el 50,5% usa la bocina de manera "correctiva" con otro conductor. Otros (el 36%) recurren a los insultos o los gestos para responderle a otro conductor y un 3,7% llega a la pelea física. Esto revela que el 51,5% maneja con un estado de irascibilidad entre medio y alto, mientras que el 48,5% dice hacerlo con un bajo nivel de propensión a la ira. Y mientras las mujeres manejan más tensas, los hombres lo hacen más irascibles.

La buena noticia es que existe una minoría de "cumplidores", que manejan con responsabilidad y serenos a pesar de este escenario tan adverso. El resto muestra "un pronóstico muy malo -opinó Merlino-. Las campañas de comunicación se hacen con buena voluntad, pero evidentemente son ineficientes. Después de haber hablado con los conductores y conocer sus argumentos, parecería imposible revertirlo. Se dice que si se analiza cómo funciona el tránsito, se podría decodificar el funcionamiento de una sociedad... Claro que es una hipótesis"