Los cortes de luz a plazas, monumentos y edificios públicos volvieron a poner en evidencia la incapacidad y desidia del macrismo a la hora de gobernar

Macri: sin luces para gobernar

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Macri salió con notable retraso a reavivar la polémica por los cortes de luz a plazas y monumentos. Seguramente los focus groups arrojaron un resultado desastroso y por ello tuvo que salir él mismo a la palestra recurriendo, como simpre, al remanido eje de la victimización.

El problema del macrismo en su segundo mandato es que deja pasar, una a una, las oportunidades de mostrarle no sólo a los porteños sino al conjunto del país que tiene aptitud de gobernante, esto es decisión para tomar los temas de gestión tal como vienen y resolverlos, pues, al fin y al cabo, en eso consiste la acción de gobierno. Uno no gobierna solamente las cosas que le gustan, generalmente consume los días en problemas indeseados, renegando por lo bajo contra la ingratitud del ser gobernador. Pero así son las cosas en la realidad: los gobiernos tienen que mantener y si es posible mejorar lo que anda bien, solucionar lo que anda mal, crear lo que falta y hacer todo lo que tengan a mano para aminorar los costos de lo que no tiene solución.

Si en el primer período la sociedad le perdonó muchas falencias porque recién llegaba a la gestión, en el segundo mandato el piso de exigencia sube y ya no hay tanta predisposición para escuchar las excusas reiteradas y esa costumbre de responsabilizar siempre a otros por las falencias propias. En el caso de la luz, el macrismo volvió a demostrar su más absoluta falta de sentido de gobierno. Tensó la cuerda hasta que se quedó con media ciudad a oscuras y recién ahí, cuando imaginó a los CGP cerrados por falta de luz y a miles de ciudadanos impedidos de realizar trámites básicos, reconoció la deuda con las empresas y arregló un plan de pagos.

Si Macri quiere discutir con el gobierno nacional la disposición de quitarle subsidios, tiene todo el derecho de hacerlo, pero al mismo tiempo tiene el deber de garantizar que haya luz en las plazas, en los monumentos y en los edificios públicos. Son dos acciones que van paralelas y cualquier intendente lo sabe desde el día que asume. Mientras se querella, se garantiza el servicio -en este caso la energía eléctrica- y si luego se gana el pleito, pues se recuperará el dinero que se pagó, pero sin haberle complicado la vida a "los vecinos".

Es acá donde el macrismo empieza a mostrar su faz más endeble. Algo que era sospechado por una porción de la sociedad ahora empieza a ser una evidencia incontrastable para todos los porteños: El macrismo no sabe gobernar ni le interesa aprender a hacerlo. No siente la gestión, no tiene sensibilidad, no le importa lo público, por eso deja pasar las oportunidades de mostrarse como una contraparte capaz de gestionar con otra mirada, pero gestionar al fin, como por ejemplo con los subtes, donde tuvo la gran ocasión para tomar el toro por las astas y mostrar un accionar positivo precisamente en el área más floja que ha tenido el kirchnerismo y la dejó pasar, pagando, además, un muy alto costo político.