Los chicos raros, “tragas” e impresentables salieron del ghetto y hoy son el cerebro detrás de los consumos juveniles. El caso extremo del asesino de Denver.
El viernes 20 de julio, un muchacho de 24 años, ex estudiante de medicina, entró disfrazado de Bane, el villano de la película “Batman: El Caballero Oscuro asciende” a un cine de la pequeña localidad de Aurora (dato “nerd”: el nombre de la localidad es también el nombre de un personaje de la Marvel Comics, competencia de DC Comics dueña de la franquicia Batman) en Colorado y produjo una masacre civil a las que los estadounidenses están, lamentablemente, acostumbrados (ver nota de la página 110).

La noticia que podría quedar como parte de la crónica policial, excede el encasillamiento y se extiende a un fenómeno que viene experimentando la cultura popular desde hace por lo menos una década: el ascenso de los “nerds”. Esto es: el derramamiento de toda una subcultura que hasta hace pocas décadas había sido considerada inferior y menospreciada por extravagante e infantil hacia el “mainstream” (“corriente principal”) cultural. Pero, y acá es donde el dato de la masacre en la función de cine cobra más sentido, en el último semestre los estudios de Hollywood han apostado casi todas sus fichas a adaptaciones al cine de cómics (alimento espiritual básico de cualquier “nerd”): “Los vengadores”, “El asombroso hombre araña” y ahora, el capítulo final de la trilogía de Nolan sobre el encapotado de Ciudad Gótica. Estas películas han sido (los estudios esperan que lo sean) las más taquilleras no solo del año sino posiblemente de la historia