La agencia espacial estadounidense, NASA, dice que su robot todoterreno más avanzado está programado para posarse en la superficie de Marte el próximo lunes, después de viajar durante dos años


Un argentino responsable de la misión a Marte del Curiosity


Como ya anunció Noticias del Mundo el pasado 29 de Julio, la Nasa ha anunciado que el Robot Curiosity llegará a Marte el próximo lunes.

Se espera que Curiosity toque suelo en el Monte Gale, donde los científicos creen que estaba depositada el agua de ríos que desaparecieron hace mucho tiempo.

John Grotzinger, un portavoz de la NASA, dijo que espera que la investigación responda muchas preguntas, entre ellas cómo Marte se volvió tan seco cuando se cree que alguna vez fue mucho más parecido a la Tierra.

Los corresponsales describen la misión como una de las más audaces que se han intentado.

Un argentino es responsable de que la misión a Marte tenga éxito.

Miguel San Martín recuerda bien el momento en el que supo que quería ser un ingeniero espacial: "Fue en una fría noche de invierno, en 1976, mirando el cielo en la chacra de mi familia en Río Negro, mientras escuchaba por la onda corta cómo la nave Viking llegaba a Marte".

San Martín tenía 17 años. Un año después dejaría su Argentina natal y viajaría a Estados Unidos para hacer realidad su sueño. Primero estudió electrónica y luego hizo una maestría en aeronáutica y astronáutica en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Apenas concluyó sus estudios pudo cumplir con una fantasía que tienen millones de niños en todo el mundo: ingresar a la agencia espacial estadounidense, la NASA, meca de la investigación cósmica.

Difícilmente habría podido imaginar este argentino que casi tres décadas más tarde seguiría trabajando para la NASA y sería uno de los máximos responsables del que hoy es el programa más ambicioso de la agencia: la misión Curiosity (Curiosidad) a Marte.


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El Curiosity es el vehículo explorador más grande y más sofisticado que ha construido la NASA. Pesa cerca de una tonelada y tiene el tamaño de un auto (el doble que sus antecesores, los rovers Spirit y Opportunity, enviados a la superficie marciana en 2004).

La difícil misión de San Martín es garantizar que este enorme vehículo espacial llegue hasta la superficie de Marte sin un solo rasguño, el próximo lunes a las 5.30 GMT (las 22.30 del domingo en Los Ángeles, donde estarán San Martín y el resto de su equipo del Laboratorio de Ciencia de Marte).

No es un videojuego

"Cuando se enteran de que soy responsable del guiado, navegación y control de esta misión muchos imaginan que manejo el Curiosity de forma remota, como si tuviera un joystick y jugara a un videojuego", se ríe el experto.

La realidad es mucho más compleja: debido a la distancia entre la Tierra y Marte (570 millones de kilómetros) las comunicaciones tienen un retraso de 14 minutos, por lo que controlar el amartizaje en vivo es imposible.

Por eso, San Martín diseñó un software que permite que todo el proceso sea automático.


Marte


El desafío será supremo: el Curiosity llegará a la parte más externa de la atmósfera de Marte a 20.000 kilómetros por hora, dentro de una cápsula de protección que es la más grande que ha usado la NASA y empezará a frenar con ayuda de un enorme paracaídas, también de proporciones récord.

Diez minutos antes de llegar a la superficie, el rover se desprenderá de su cápsula y seguirá el resto del camino dentro de una grúa espacial que se encargará de depositarlo, utilizando retropropulsores y un sistema de cables, sobre el planeta rojo.

"Los llamamos los siete minutos de terror: es el tiempo que tardará el descenso. La nave tiene que accionar 76 dispositivos distintos en ese tiempo para que todo salga con éxito", explicó San Martín.

Se trata de una tecnología nueva. Hasta ahora los rovers descendían con ayuda de bolsas de aire que servían como amortiguadores. Pero debido al peso del Curiosity ese sistema debió descartarse.

San Martín y su equipo crearon un nuevo sistema de navegación que permitirá que el Curiosity llegue en autopiloto hasta el lugar preciso donde deberá llevar a cabo su labor: el cráter de Gale, uno de los lugares más profundos de Marte.

Los expertos de la NASA no podrán mirar lo que está pasando durante el amartizaje, sólo tendrán dos referencias: la información codificada que les llegará desde satélites que orbitan Marte y tonos de radiofrecuencia que se activarán con las diversas acciones que se van suscitando.

Una vida dedicada a Marte

A pesar de que la primera misión de la NASA a Marte, el Viking, acaparó la atención del mundo en 1976 –e inspiró al joven San Martín- los resultados no fueron los esperados.

"Marte es el planeta más cercano a la Tierra y había mucha expectativa de que allí se encontraría vida", recuerda el ingeniero espacial.
Esa "decepción" llevó a que el mundo perdiera el interés en el planeta rojo. Pasaron más de dos décadas hasta que la NASA volvió a organizar una nueva misión: esta vez para llevar hasta Marte los vehículos rover, que -a diferencia del Viking, que era una estación fija- permitiría la exploración.

Fue así como en 1997 San Martín terminó trabajando en la misión Pathfinder, que llevó hasta Marte al primer rover, el Sojourner.

"Cuando seguí la transmisión de la primera misión a Marte de chico nunca imaginé que estaría trabajando en la siguiente misión", se emocionó.

Según el experto, lo que impulsó esas primeras misiones sigue siendo lo mismo que impulsa ahora el proyecto Curiosity: saber si alguna vez existió vida en otro planeta.


Para averiguarlo, el rover transportará el Laboratorio Científico Marte (MSL, por sus siglas en inglés), el más avanzado hasta ahora, que se encargará de estudiar si hay o hubo alguna vez condiciones para el desarrollo de la vida en Marte.

Una cuestión del azar

Los expertos creen que el cráter de Gale, el cual, si todo sale bien, el Curiosity estará recorriendo durante los próximos dos años, podría revelar muchas pistas nuevas, ya que la NASA detectó desde órbita la presencia de arcillas en ese lugar, algo que relacionan con la presencia de agua en algún momento del pasado.

Para San Martín, la evidencia que se halle dependerá en gran medida de la suerte.

"Buscar lugares propicios para la vida desde órbita es más arte que ciencia", aseguró.

"Uno planea lo mejor posible pero nunca sabe qué encontrará. El Spirit tardó años en buscar información valiosa mientras que el Opportunity apenas llegó, sacó una foto que fue todo un descubrimiento", ejemplificó.

También el descenso exitoso del Curiosity dependerá en parte del azar.

"Hemos calculado todos los riesgos posibles, incluyendo los factores que ya sabemos que no vamos a conocer, como el viento", explicó San Martín.

"Lo que me quita el sueño de noche son aquellas cosas que no sabemos que no sabemos: esos imprevistos que podrían arruinar la misión", se sinceró.

No obstante, el veterano de la NASA apuesta a que todo saldrá bien. Incluso, ya sabe en qué bar de Los Ángeles celebrará con su equipo toda la noche una vez que el Curiosity esté firmemente sobre la superficie de Marte.