“Las drogas son malas, pero la guerra contra las drogas es peor”; Ex policías de EU a favor de legalizar las drogas

Nunca he probado la mariguana y si levantan la prohibición tampoco lo haría; pero estoy convencido que se debe legalizar para acabar con la violencia: Stephen Downing, ex jefe de la policía de Los Ángeles.

“Las drogas son malas, pero la guerra contra las drogas es

Chicago, Illinois.- Escoltando al contingente de caravaneros que van cruzando por las calles del popular barrio latino “La Villita”, viene una camioneta Lincoln Navigator rotulada con logos y los colores blanco y negro utilizados en las patrullas de policía.

Es el día 23 de la Caravana en Estados Unidos y la segunda jornada de actividades aquí en Chicago que inició con una conferencia y círculos de paz entre víctimas de ambos lados de la frontera en el Museo Nacional de Arte Mexicano, y terminará con la marcha de seis kilómetros y medio desde territorio hispano hasta West Garfield Park, un sector habitado en su mayoría por afroamericanos.

Por el “quemacocos” de la camioneta-patrulla que viene a la vanguardia de la marcha, sale un hombre -que minutos antes caminaba en la manifestación- con una camisa negra que en la espalda tiene la frase: “Los policías dicen legalícenla. Pregúntame por qué”.

Ese hombre es James Gierach, un ex fiscal de la procuraduría estatal de Illinois y actual integrante de ‘Law Enforcement Against Prohibition’ (Aplicadores de la Ley Contra la Prohibición, LEAP), una organización de ex policías, detectives, fiscales, abogados y jueces dedicados a promover el fin de la guerra contra las drogas decretada por el ex presidente Richard Nixon en 1971.

“Las drogas son malas, pero la guerra contra las drogas es peor”, va gritando desde el techo del “Leap-mobile”, una y otra vez, el ex fiscal especializado en persecución de presuntos traficantes de narcóticos.

Los insistentes gritos de Gierach y las consignas lanzadas al aire por los manifestantes de esta marcha por la paz, comienzan a llamar la atención de los habitantes del barrio afroamericano Lawndale. Se acercan a las esquinas, bailan al son de los tambores, otros posan para la foto, y unos pocos repiten el coro: No more drug war (No más guerra contra las drogas); Kirsten Moller, de Global Exchange, se acerca a los curiosos para comentarles los motivos de la marcha e invitarlos a unirse, sin embargo, la curiosidad de los vecinos no se traduce en adhesión a la protesta que cada vez está más cerca de la Iglesia Bautista Mount Pilgrim, su destino final.

Al volante del vehículo de LEAP, viene Stephen Downing, jefe retirado de la unidad anti narcóticos del departamento de policía de Los Ángeles; 20 años de experiencia en el combate a las drogas en zonas de alto riesgo como South Central y Compton, permiten a este hombre afirmar que las armas y las prisiones no son la respuesta adecuada para reducir el consumo de estupefacientes.

Downing recuerda cómo al inicio de la guerra contra las drogas, impulsada por Nixon y continuada por los posteriores inquilinos de la Casa Blanca, convocaba con orgullo las conferencias para enseñar a los medios los decomisos de armas, drogas y presuntos traficantes detenidos en redadas y cateos. En esas primeras redadas, dice, los decomisos eran de un par de pistolas, dos sospechosos, y no más de cinco kilos de droga. Mediante la guerra y los recursos para combatir a las drogas se incrementaron, agrega, los decomisos, el número de detenidos y la cantidad de drogas y armas seguía aumentando.

“El objetivo de Nixon era cortarle la cabeza a la víbora de las drogas; pero descubrí que no estábamos peleando con una víbora, estábamos peleando con una estrella de mar: la cortas a la mitad y se convierte en dos estrellas; la cortas en cuatro, y se transforma en ocho, y así sigue, porque con el comercio de drogas en el mercado negro, mucho dinero está en juego, así que siempre habrá alguien que le entre”.

Otro hecho determinante que motivó a Downing a pelear para derogar la prohibición de las drogas fue el asesinato de unos de sus agentes encubiertos que intentaba detener a un pequeño traficante de estupefacientes: “No vale la pena arriesgar la vida de policías para evitar que un consumidor compre un poco de droga”, dice Downing, y en sus ojos se observa el dolor que provoca el recuerdo de ese agente caído.

Para Downing la prohibición de las drogas es un “hoyo negro” que succiona recursos y vidas humanas, sin siquiera reducir el consumo, la violencia ni el tráfico ilegal de enervantes; por tanto, el ex jefe de la policía angelina cree que ya es tiempo de implementar una política alternativa para regular el uso y consumo de drogas de acuerdo a las leyes de mercado, con programas educativos y de rehabilitación.

“Puede ser que aumente el consumo, pero si somos capaces de reducir la violencia en nuestra sociedad, si regulamos y controlamos, si educamos, sería mejor que continuar teniendo un mercado negro; como sea, en países donde han tenido diferentes niveles de descriminalización de drogas, no ha habido un gran aumento del consumo”.

Downing afirma no tener interés en consumir ningún tipo de droga más allá de un par de “martinis”, pero dice que sueña con ser testigo de la derogación de la prohibición de las drogas antes de morir.

“Quiero ser optimista: tomó casi cien años aprobar la enmienda para prohibir el alcohol, pero en trece años se dieron cuenta de su error, porque no hubo tanta violencia en Estados Unidos como en esa etapa; sobre el consumo, nunca en mi vida he fumado un cigarro de mariguana y si la legalizan, tampoco lo haría. Pero reconozco que somos un país de libertades individuales, y si tienes 21 años y eres un adulto, creo que puedes ser responsable con tus decisiones individuales”.

Después de más dos horas de caminata, la marcha ha llegado a la Iglesia Bautista donde el reverendo Marshall Hatch le recuerda a los caravaneros que “siempre son largas las caminatas por la justicia, la dignidad y la paz”.

Por fuera de la Iglesia, Stephen Downing desciende de la “patrulla” de LEAP y hace un balance sobre la importancia de los objetivos y el mensaje de ésta caravana que la organización de ex policías y agentes del sistema de justicia viene acompañando desde el 12 de agosto en San Diego, California.

“Entendemos lo que Javier (Sicilia) dice sobre los peligros de la guerra contra las drogas y sus efectos en la sociedad, nosotros lo respaldamos y luchamos por eso; Javier es un verdadero poeta que puede usar el lenguaje para hacer que nazca la verdad; la mayoría de los americanos viven en una burbuja de confort y leen sobre 60 mil o 70 mil muertos en México y, en general, lo ven como una estadística; pero lo que Javier y las víctimas están haciendo es darle voz y una cara a esas estadísticas, al dolor, y ojalá eso sirva para que inicie, de una vez, el final de esta guerra fallida contra las drogas”.