Hace un tiempo publique un post con la crítica publicada en la revista Rolling Stone sobre el programa de Lanata ( http://www.taringa.net/posts/noticias/14717046/Programa-de-Lanata-segun-RollingStone_.html ), este mes leyendo la revista Los Inrockuptibles encuentro una crítica al mismo programa escrita por Juan José Becerra, asi que sumo otro post con otra visión sobre el mismo programa.
Espero que la disfruten.


Vende humo



TV
En tiempos de furia canalizada cacerola mediante, el programa televisivo de Jorge Lanata cumple y dignifica la lírica conservadora: Periodismo para todos es una máquina de meter fichas “progresista” para darle a algunos el gusto de correr a alguien por izquierda a fuerza de un par de slogans repetidos monográficamente. / Por Juan José Becerra


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El programa Periodismo para todos es una performance televisiva monográfica (tiene un solo tema: el kirchnerismo, sistemáticamente glosado como un Mal), y misionera (su misión es destruir “moralmente” el Mal que postula) y no es de Jorge Lanata. Porque Jorge Lanata ya no es un autor, lo que en el periodismo gráfico en el que se inició y fue una gloria se conoce como una firma, sino un actor protagónico que representa –con un tono de hastío que lo deja al borde del cinismo– el drama de la actualidad política.

Lanata surfea una enorme ola más o menos transparente que deja ver lo que la mueve: la agenda de un poder que no es el suyo (él no es esa ola, ni siquiera es la tabla) y que, al complicarse la tarea de presentar la agenda tal como es –impresentable–, necesita de un traductor, alguien que convierta la lengua inconfesable de ese poder en un idioma engañoso, popular y llevadero. El talento de Lanata para la simplificación y el aforismo, recursos que hicieron de las viejas tapas de Página/12 verdaderos territorios de sentido concentrado, sigue basándose en dos grandes pilares de la comunicación (y la publicidad): el lugar común y la insistencia. Lo que Lanata ofrenda a buena parte de su público es un repertorio, una especie de greatest hits que no en vano la industria del entretenimiento musical llama lista de “temas”.



El propósito del programa de Lanata es nítido. Consiste en reunir el odio disperso de un gobierno que sabe hacerse odiar mediante odios separados.


El programa es aburrido, predecible, reiterativo, violentísimo en sus imitaciones del perfil presidencial (donde CFK es exclusivamente una loca mala), pésimo en la elaboración de un humor lleno de remates malogrados (de cada diez remates de chistes, sean pronunciados por Lanata o por los imitadores, el público apenas se ríe de uno o dos), pero cumple con la función de darle letra a los argentinos conservadores o reaccionarios que no la tienen (la izquierda opositora, en cambio, siempre tuvo letra propia). Esa letra con la que Periodismo para todos riega el campo opositor independiente para que florezca una primavera árabe, no es una letra argumental. Es una letra rápida, epigráfica, útil para contragolpear en las conversaciones de entrecasa. ¿Asignación Universal por Hijo?; ¡Vandenbroele!; ¿Reforma jubilatoria?; ¡Louis Vuitton!; ¿6% del PBI para la educación?; ¡La Cámpora! Ese menú de rayos paralizantes, alimentados por una memoria descriptiva un poco psicótica, solo recuerda en cada segundo de programa lo peor del gobierno sin siquiera tomarse un respiro (la totalidad del Universo se reduce a Lo Peor del Gobierno, como si no hubiera otro nivel de realidad en la vida de 40 millones personas).

Lanata es el contenidista de una lírica conservadora que ha decidido, por vergüenza o afán de evolución, disfrazarse un poco. Pero ocurre que la lírica no se canaliza bien, por lo que su presión interna la hace fugar hacia su degeneración. Entonces, cuando los espectadores de Periodismo para todos actúan, el retén del pudor verbal –el menú Lanata– se descontrola: ¿A.U.H.? ¡Negros de mierda, que vayan a trabajar! A lo que se le agrega el sentimiento, asfixiante y terminal, de estar viviendo en una dictadura.

Periodismo para todos es una máquina de meter fichas “progresista” en las conciencias conservadoras para que se den el gusto de correr a alguien por izquierda. En ese laboratorio ya hizo su experimento el professor Hugo Biolcatti, haciendo las veces de defensor de los inmigrantes paraguayos y bolivianos. La transmisión de ese ABC, mezcla de inoculación publicitaria de contenidos “socialistas” y toques de ironías gruesas, viajando en la voz canchera de Lanata (su legendario registro cloacal ablandado por las interpelaciones en segunda persona del singular, tic extraído del realismo sucio) es lo más eficaz del programa. Pero sus informes, salvo excepciones, no tienen densidad informativa y apuntan menos a la novedad (¿qué novedad puede haber si en este país se sabe todo de todos?) que a reforzar las zonas de debilidad del gobierno. Un viaje a Angola para “probar” que Guillermo Moreno no habla bien portugués; dos viajes a Santa Cruz para “probar” que CFK tiene un hotel y que su hijo no abre la inmobiliaria familiar antes de las 10 A.M.; una “investigación” ¡tomada de un blog! sobre cómo un pelotudo kirchnerista –que los hay a patadas– recomienda tips para discutir con los opositores; un viaje a Venezuela para postular nuestro futuro chavista bajo el lema “Recuerdos del futuro”.



El talento de Lanata para la simplificación y el aforismo, recursos que hicieron de las viejas tapas de Página/12 verdaderos territorios de sentido concentrado, sigue basándose en dos grandes pilares de la comunicación (y la publicidad): el lugar común y la insistencia.


El propósito del programa de Lanata es nítido. Consiste en reunir el odio disperso de un gobierno que sabe hacerse odiar mediante odios separados. Durante dos horas no se descansa. El monólogo de inicio es, por así decirlo, una dosis de ataque contra los actos del gobierno y contra las supersticiones que se desprenden de esos actos. El choque es indiscriminado. En ese baile confuso, el propio Lanata no supo discriminar (¡él, que hizo mil tapas de diarios y puede oler la carne podrida a la distancia en la que lo hace un cóndor!) el fraseo de CFK sobre quiénes tienen que tenerle miedo. ¿Cómo no vio, siendo que era tan burda, la separación entre lo que dijo CFK y lo que dijeron que dijo? No le interesó aclarar los tantos porque el malentendido (“sólo hay que temerle a Dios, y un poquito a mí”) podía producir, como produjo, un slogan movilizante. Dejar correr o directamente hacer circular el malentendido creado por ¿quién?: un nuevo clásico de Lanata, esta vez más poderoso –y peligroso– que sus tapas de Página/12.

Sin embargo, lo más extraordinario de Periodismo para todos es lo que sucede el día después. Haciendo caso omiso a su propia condición, la del programa de “periodismo” político más producido de la historia de la televisión y qué más ha insultado a un presidente, se lanzan denuncias de persecución: “censuraron a Lanata”, “Lanata hackeado”, “P.P.P. no se puede ver en Tal Lugar”, etc. El efecto de prohibición sobre el periodista con mayor cantidad de bocas de expendio de la Argentina queda paradójicamente instalado. A cambio, para regocijar a nuestro corazón clandestino, volvemos a verlo a Lanata en el canal Metro, en los comentarios de las radios, en los noticieros, en las tapas de los diarios on line; y cuando queremos abrir nuestra cuenta de correo y lo primero que vemos, antes de que las últimas fotos del culo de Jennifer López en no sé cuál alfombra roja, es la imagen de Lanata acompañado de los “dijo Lanata”, “Lanata le contestó a CFK” y “Lanata censurado”. Está claro que él no monta esas operaciones, pero no serían lo que son si no pasaran “a través” de él.