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Pepsi Music 2012, primera jornada: chicas, chicas, chicas

Pepsi Music 2012, primera jornada: chicas, chicas, chicas

Garbage, Gossip, Best Coast y más: tras la cancelación de Kasabian, la fecha de apertura del festival tuvo lugar en Costanera Sur con un line-up dominado por las voces femeninas

Pepsi Music 2012, primera jornada: chicas, chicas, chicas

A último momento, el giro no tan inesperado hizo válida la visualización de una línea conectora. Sin Kasabian en la grilla del Pepsi Music 2012 debido a la enfermedad de Sergio Pizzorno, las bandas más importantes convocadas pasaron a poner en evidencia un hecho tan -por suerte, a esta altura- naturalizado como verdadero y destacable. Si pudiéramos despojar al término de toda sospecha de misoginia y estigma reduccionista, entonces se podría decir que las protagonistas de la noche fueron tres (en realidad más, si consideramos la temprana tarea de Barbi Recanati al frente de Utopians abriendo el escenario principal y dando nacimiento a este hilo conductor inmediatamente continuado por Deborah de Corral) minitas del rock. Tres voces femeninas, tres mujeres al mando de tres proyectos completamente distintos pero a la vez representativos de diversos períodos de las últimas décadas de la historia de la música.

Claro que la relevancia histórica de Garbage, el peso de su celebrada vuelta a las pistas tras siete años de silencio, y más de una década y media de hits todo terreno fueron argumentos más que suficientes para que la banda se ganase cerrar la noche. "Supervixen", "I Think I'm Paranoid" , "Queer" y "Stupid Girl" implicaron un viaje inmediato en el tiempo, al período 1995-1998, durante la primera media hora de su set. Envuelta en una capa negra, Shirley Manson confirmó que el tiempo puede seguir pasando, pero ella seguirá siendo mitad vampiresa, mitad dominatriz. Ella y sus compañeros de banda saben también que su figura es el centro de atención, por lo que mientras Duke Erikson y Steve Marker se mantienen estoicos en sus lugares, será ella la encargada de terminar de comprarse a un público que esperó diecisiete años pero no acusa rencor alguno por la demora. Y aun escondido detrás de una mampara acrílica que resguarda su batería, Butch Vig hace sentir el peso de su propia historia en cada golpe.

Pero la nostalgia no impide registrar el presente. Pasado un repaso centrado en sus dos primeros discos (su debut homónimo y Version 2.0), Garbage pone a las canciones de su reciente Not Your Kind Of People a la altura de sus luminarias más notables. La apuesta es arriesgada, y Manson la lleva a cabo con resultados dispares, sea en el elogio sincero a Barbi Recanati antes de "The One", o bien en su innecesario (y fallido) intento de entonar unos versos de "Don't Cry For Me, Argentina" en la antesala de "Control". El efecto inmediato de los hits compensa todo: "Special", "Cherry Lips", "Push It" y una versión creciente de "Only Happy When It Rains" dejan las cosas en su justo lugar. Sin una gran puesta en escena (un telón negro tapó las pantallas de fondo de escenario para dar lugar a un juego de luces y sombras), Garbage apunta a la sutileza conceptual: así como la noche arrancó con la primera canción de su primer disco, el final llegó de la mano de "You Look So Fine", encargada de cerrar su segundo álbum, un detalle quizás poco perceptible para el escucha ocasional, pero que terminó de darle sentido a casi dos horas de alternancia entre la historia y el presente, sin recurrir a la nostalgia.

GOSSIP
Todos, los que estaban sufriendo por la ausencia de Kasabian y los que ya padecían la ansiedad por la llegada de Garbage también, pensaron lo mismo: uno de los beneficios diferenciales de esta grilla del festival anual estaba representado por la posibilidad de ver, por fin, en vivo a la grandiosa Beth Ditto. De comprobar su efectividad escénica. De sentir esa ferocidad vocal, de ver ese despliegue de carisma y confianza interpretativa de los que el mundo habla. Y la llegada de Gossip al tablado secundario significó principalmente eso: la certeza de que la cantante reconocida por su presencia exuberante y su histrionismo arrasador es todo eso y más. Llega en patas y alegre; lee simpática un texto a través del que se disculpa por haber cancelado en el pasado y cierra con un "te quiero"; mete chistes durante la totalidad del show; se acerca al público saludando con ternura e ironiza los guiños demagógicos; teatraliza cada gag, cada salida hilarante ("Vamos a tocar todos covers de Kasabian", "Dicen que son el mejor público del mundo, ¿escucharon eso?", "Estamos Argenfuckingtina"; "Salud, bitches"; se mueve poseída, tira pasos. Y, sobre todo, pone en evidencia los matices de la potencia de su voz, una voz que no necesita de tanto artilugio corporal ni encanto para resultar atrapante pero los usa y se eleva gracias a ellos.

"Love Long Distance" abre el repertorio seguido de "8th Wonder", ambos de Music for Men, el disco de quiebre editado en 2009. Lógico. Y lógico que "Heavy Cross", otro de los hits de esa obra clave del garage-dance rock de fines de la década pasada (producido por Rick Rubin), cierre su show con Ditto ya internándose en las profundidades del campo. El pulso funky marcado por la viola de Brace Paine, las influencias disco, el electropop: la imposibilidad de catalogar inequívocamente a la banda yanqui es parte de esa identidad que completa los raptos soul de Beth (como en "Listen Up!", que comenzó mashapeando "Bad Romance" de Lady Gaga) y la agresividad de sus gritos tan precisos como desgarradores (como al inicio de "Standing in the Way of Control", que mezcló "Smells Like Teen Spirit". A pesar de que en "Perfect World" (single algo oscuro de A Joyful Noise, el disco editado este año), terminara embanderada entre los colores del orgullo gay, gentileza de un miembro del público, la pequeña muestra de su poder dejaba claro que la efectividad del hechizo va más allá de los principios, su sexualidad y el discurso, los rótulos y las tendencias de moda: había que verla en vivo nomás.

ANTES
La tercera voz internacional femenina de la noche (la primera en orden temporal, la última en orden de relevancia relativa en el seleccionado de bandas de la jornada) fue la de Bethany Cosentino. Antes de la salida de su tocaya al escenario enfrentado, la californiana de solo 25 años, también de negro, lideró ese ya no tan incipiente proyecto llamado Best Coast. Bastante tímida, secundada por su compañero Bobb Bruno, poseído entre los rasgueos soleados de su viola, la pequeña Beth se armó de sus "lalás" y "uhúhs", de la dulzura de su tono y la ingenuidad de sus palabras para coquetear entre los extremos bipolares de la sensibilidad de su rock retro y lo fi. Del beat punky y surf hubo "Let´s Go Home" (de su reciente segundo disco, producido por Jon Brion), "Something in the Way" y su primer gran hit "Boyfriend" y de la balada pop melancólica hubo "No One Like You" y "Our Deal". En el medio, "I Want To" y el juego in crescendo en la misma pieza.

Repasar en maneras iguales una discografía escueta pero ecléctica es una tarea ambiciosa, pero The Maccabees acepta el riesgo. Con sólo tres discos editados en los últimos cinco años, la banda londinense apuesta por entregar una dosis pareja de cada uno de ellos. Como quien baraja un mazo para mezclar los naipes, el grupo de Londres comienza y cierra su recorrido en su reciente Given to the Wild, intercalando con canciones de su debut Colour It In y su sucesor Wall of Arms. La mezcla hace que del post punk rabioso y desprolijo de "X-Ray" y "First Love" se llegue sin preaviso a climas de baile sufrido en "Child" y "Go", y a medida que pasan las canciones, el vocalista Orlando Weeks van del desparpajo adolescente de sus primeros pasos al dramatismo épico patentado por Win Butler de Arcade Fire. La intensidad crece en "No Kind Words" y "Love You Better", y así Maccabees lucha por lo imposible, o al menos lo utópico: crear una atmósfera espesa y envolvente en un espacio abierto. El saldo final es más que positivo, pero deja la sensación de que en un show puertas adentro la experiencia hubiera sido bastante más efectiva.

A poco de la presentación del primer volumen de su disco de covers, A Song is a Song, Richard Coleman volvió al modo banda para despedir la tarde de la primera jornada festivalera. Jinete de sombrero y camisa a cuadros, el ex 7 Delfines montó un corto set que incluyó el hit "Normal" de Siberia Country Club y "Dios nos libre", compuesto con Gustavo Cerati (que también participó de aquel tema) para su Ahí vamos. El cierre esperado, con la versión de "Héroes" que popularizó junto a Fricción, trajo al escenario al infaltable de los festivales argentinos (porque increíblemente en esta edición no toca Massacre, mi amor), Walas. El autoproclamado Beth Ditto nacional no se bancó la abstinencia y cantó a dos voces el clásico castellanizado de Bowie para después, obvio, presenciar el show de la verdadera Beth Ditto.

2 comentarios - Pepsi Music 2012, primera jornada: chicas, chicas, chicas

@Aerografista19 -7
pensaba que hablaban de motley crue... pero lo unico que veo es... mierda, mierda, mierda...