El "Chapo"

El "chapo" - El narco mas peligroso del mundo



El "Chapo"


Hace dos semanas cené en un costoso restaurante, cercano a la frontera mexicana, con un hombre que salió por la tercera ruta. Él fue, hasta hace poco, una figura importante en las operaciones de paso de droga para el cártel de Sinaloa, trabajando indirectamente para el jefe, Joaquín Guzmán, el Chapo.

Vestido informalmente, usaba un pequeño tenedor para rasparle el tuétano a la espinilla de su plato de osobuco. Bromeó con que le gustaría tener una tortilla de maíz para embarrarle el tuétano, a la usanza mexicana, a la manera en que su familia lo hacía con un animal destazado.

El informante, que no quiso ser nombrado por miedo a represalias, recitó de un tirón los precios de las drogas que solía transportar. Son sorprendentemente baratas en grandes cantidades: US$6000 por kilo de Cocaína en Ciudad Juárez; US$1000 más por entregar la droga en la casa de seguridad de El Paso, al otro lado de la frontera.

Apunte otros US$1000 por llevarla en camión al interior, a Nueva

York, Baltimore, Chicago o Atlanta, donde se vende al por mayor en aproximadamente US$30 000.La mayoría de los criminales que se vuelven informantes lo hacen porque han sido arrestados y exprimidos, motivados a traicionar a sus empleadores criminales a cambio de indulgencia. Pero este hombre tenía una inusual historia que contar sobre su primer encuentro con agentes federales de EE UU. Fue su jefe, un alto administrador del cártel de Sinaloa, quien lo motivó a ayudar a los estadounidenses. Reúnete con los investigadores de EE UU, fue lo que le dijeron. Ve cómo podemos ayudarles con información.

Al momento, la enorme organización sinaloense de Guzmán estaba en medio de una guerra salvaje, tratando de aplastar al cártel de Vicente Carrillo Fuentes, conocido como el VCF. Y el cártel de Sinaloa quería pasarles información sobre sus enemigos a los agentes estadounidenses. El narcotraficante me dijo cómo, actuando con la aprobación total de su cártel, se dio una vuelta por la oficina del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE UU (ICE, por sus siglas en inglés) para una cita con investigadores federales. Pasó por un detector de metales y frente al retrato del presidente estadounidense en la pared, luego a una habitación con un espejo de una vista. Los agentes con los que se entrevistó fueron muy corteses. Le sorprendió lo que ellos tenían que decir. “Uno de los agentes del ICE dijo que estaban aquí para ayudar [al cártel de Sinaloa]. Y para joder al cártel de Vicente Carrillo. Perdón por el lenguaje. Eso es exactamente lo que dijeron”. Así empezó otro pequeño capítulo en uno de los aspectos más secretos de la guerra contra las drogas: una amplia operación de las fuerzas del Chapo Guzmán para manipular a las fuerzas de la ley estadounidenses para su propio beneficio.

El Chapo cuyo apodo se deriva de chaparro, por su 1.55 de estatura es un fugitivo de 54 años de edad que ha aparecido en la lista Forbes de multimillonarios por tres años seguidos. Y es un antihéroe cuyas hazañas criminales son tan asombrosas como brutales. A 10 años de su escape de una prisión mexicana, son muchos quienes creen, tanto en las fuerzas de la ley mexicanas como en las estadounidenses, que vive en Sinaloa, no muy lejos de donde nació. Cada año Guzmán se ha hecho más rico, y el cártel que dirige ha endurecido su control sobre el narcotráfico mundial. Hace un mes, el Departamento del Tesoro de EE UU lo nombró el “narcotraficante más poderoso del mundo”. La estrategia mayor de Guzmán ha sido derribar a sus rivales y convertir a su cártel en la fuerza criminal dominante al sur de la frontera. Una de sus tácticas para conseguir eso ha sido colocar a sus tenientes traficantes como informantes de la DEA y el ICE. Según algunas fuentes y registros de la Corte, ha proveído cuidadosamente información a los estadounidenses. Ahora, según se ha enterado Newsweek, hay una investigación federal sobre cómo los agentes del ICE manejaron a algunos de los informantes de Sinaloa cerca de la frontera.

Las implicaciones dan que pensar: el cártel de Sinaloa “está embaucando a las agencias de EE UU para que combatan a sus enemigos”, dice el profesor Tony Payan, de la Universidad de Texas, en El Paso, quien estudia las guerras de cárteles en Ciudad Juárez. “Típico material de contrainteligencia. Es astuto. Es muy astuto”.

HUMBERTO LOYA-CASTRO, UN encantador y erudito abogado mexicano que sirvió como asesor de Guzmán, tal vez sea su agente más interesante. Se volvió un informante clave de la DEA durante la última década. Un exfuncionario de la DEA describe a Loya Castro como “astuto, agudo. Era extremadamente carismático”. Sus pistas llevaron a arrestos, incautaciones y titulares. Sin embargo, muchas de estas victorias de las fuerzas de la ley también fueron triunfos para el cártel de Sinaloa.

Loya Castro fue acusado por Estados Unidos, en 1995, junto con Guzmán. Por entonces, el abogado era conocido por el alias de Licenciado Pérez. Los cargos dicen que “protegió las drogas y el dinero de la organización de Guzmán en México al pagarle dinero a las autoridades mexicanas” y “se aseguraba de que si miembros claves de la organización eran arrestados, no permanecieran bajo custodia”.

Al momento de su acusación, el Chapo Guzmán dirigía su operación de Sinaloa desde una prisión mexicana. Estar tras las rejas no fue un obstáculo para el capo de la droga, quien trataba la cárcel como un castillo privado donde los guardias carcelarios correteaban como sus sirvientes. Cinco años después de la acusación, cuando Guzmán todavía estaba encerrado, Loya Castro se acercó a funcionarios estadounidenses, ofreciendo darles información. Para apreciar su valor potencial, imagine que el líder de Corea del Norte o Irán tuviera un abogado que ofreciera volverse un agente encubierto de EE UU. Como compadre del jefe de Sinaloa, Loya Castro tenía información con la que la mayoría de los investigadores sólo podía fantasear.

Después de que Guzmán escapó de prisión, en 2001, Loya Castro siguió proveyendo información a los agentes de EE UU. En 2005 lo hizo formal, firmando los papeles que lo convirtieron en informante oficial y confidencial de la DEA. Dado que era un fugitivo de la justicia, enfrentando una orden de aprehensión pendiente, un comité especial de la DEA tuvo que firmar por toda la operación. Fue un espía productivo, entregando lo que parecía información cada vez más vital, principalmente sobre los enemigos del cártel de Sinaloa. El agente de la DEA asignado a él era un investigador relativamente nuevo llamado Manuel Castanon. Este había pasado cinco años trabajando para la Patrulla Fronteriza de EE UU, luego se unió a la DEA, en 1999. Fue asignado a una fuerza especial con base en las afueras de San Diego, una unidad que no se enfocaba en el cártel de Sinaloa. Más bien, Castanon y su grupo tenían la tarea de combatir a uno de los rivales más íntimos de Guzmán, el cártel de Tijuana, encabezado por los notoriamente brutales hermanos Arellano Félix.

El cártel de Tijuana era pequeño, pero importante porque controlaba las vitales rutas contrabandistas a través de Baja California y San Diego. Tanto la DEA como el Chapo Guzmán tenían interés en desaparecerlo.

Un día, Loya Castro llamó a Castanon para convocar una reunión urgente. En una sesión informativa con funcionarios de la DEA, Loya Castro les advirtió de una grave amenaza a sus agentes por parte de uno de los enemigos del Chapo. Les explicó que cenaba con un exfuncionario mexicano cuando el radio Nextel de este sonó. Quien llamaba era un miembro del asediado cártel de Tijuana, que a continuación perfiló una serie de planes ilegales. Loya Castro pudo oír toda la conversación como si lo hubiera puesto en altavoz. El cártel de Tijuana iba a contratar a un francotirador entrenado, de apodo el Monstruo, dijo Loya Castro, para dispararles a los agentes de la DEA y asustarlos para que abandonasen Tijuana (un cable de WikiLeaks describe el incidente, y aun cuando Loya Castro no es nombrado en él, Newsweek se ha enterado de que él fue la fuente confidencial llamada

“CS-01-013562”).

El efecto pretendido de tal advertencia era casi seguramente que la DEA se enfocase en los rivales de Guzmán. Aparentemente funcionó: el cártel de Tijuana ha sido desmantelado en su mayoría, y el Chapo Guzmán se ha apoderado de un territorio lucrativo. Todo el tiempo, Loya Castro aparentemente insistió ante sus agentes designados que él tenía a Guzmán en el bolsillo. Guzmán, dijo él, se engañaba al pensar que Loya Castro le era leal. “Lo que nos planteaba”, dice David Gaddis, un exalto funcionario de la DEA que supervisaba las operaciones en México, Centroamérica y Canadá, era que ‘dada mi posición, el Chapo tiene una confianza absoluta e incondicional en quién soy y qué hago’. “Sí pienso que él le decía al Chapo: ‘Oye, me estoy reuniendo con estos tipos’”, dice Gaddis a Newsweek, “y el Chapo le permitió hacerlo”.

El material de Loya Castro fue tan rico —tan útil en varios casos que en 2008 el delegado de la Procuraduría General de EE UU en San Diego hizo que se desechase la acusación en su contra. Y la inteligencia siguió llegando. En diciembre de 2009, en una operación pregonada por todo el mundo, la Marina mexicana rodeó y mató a Arturo Beltrán Leyva, uno de los principales capos de la droga que se había escindido del grupo de Sinaloa. En el pueblo natal de Guzmán, en Sinaloa, los residentes dispararon sus pistolas al aire para celebrar, según El último narco, el libro de Malcolm Beith sobre Guzmán. Se dice que los estadounidenses proveyeron la inteligencia que llevó a la muerte de Beltrán. Ellos incluso coordinaron las intercepciones de señales que le permitieron a la Marina mexicana movilizarse, según una fuente que estuvo involucrada. Una fuente cercana a la dirigencia del cártel dice que la inteligencia de la operación también provino de Loya Castro. En esencia, parece que él ayudó a los estadounidenses a llevarse un triunfo personal, a la vez que mataba a uno de los peores enemigos de su amo.

Para este momento, algunos en la dirección de la DEA empezaban a hacer preguntas. Se suponía que el principal objetivo de la DEA era el Chapo Guzmán, y Loya Castro no hacía algo en absoluto a ese respecto. Gaddis, quien dejó la agencia en 2011, dice que habló con los agentes asignados a Loya Castro y los presionó para que obtuviesen información que llevase a Guzmán. Las conversaciones se desarrollaron así, recuerda Gaddis: “Quiero que ustedes, muchachos, le suban al calor y empiecen a trabajarlo más y más efectivamente contra el tipo No. 1”. Pero según Gaddis, “eso nunca rindió frutos”.

Un doble y triple juego es un peligro en cualquier operación espía, algo de lo que uno debe cuidarse. “Uno no debe permitir que el informante lo controle”, dice John Fernandes, un veterano por 27 años de la DEA cuyo último trabajo fue dirigir la división de San Diego. “Esto no significa que ellos no lo intentarán. La manipulación es parte de la vida”. Aun así, sostiene Fernandes, en general “la DEA hace un trabajo excepcional al aplicar estándares rigurosos”. Gaddis dice que Loya Castro ocasionalmente sí proveyó inteligencia sobre el cártel de Sinaloa, pero no sobre sus principales bandas. Y por lo menos un intercambio interno de la DEA citado en documentos de la corte indica que él principalmente proveyó inteligencia sobre la oposición al cártel de Sinaloa. Gaddis, quien ahora dirige una compañía de seguridad llamada G-Global Protection Solutions, dice que creía que Loya Castro era un “doble agente” que la DEA usó contra Guzmán, pero ahora está convencido de que era más bien un “triple agente”.1

EN ENERO, YO iba en el asiento trasero de una camioneta de la Policía Municipal de Ciudad Juárez, una Ford F-150 de cabina doble, para ver cómo la policía patrulla una de las ciudades más peligrosas del mundo. El negocio de la droga, como los bienes raíces, se trata principalmente de la ubicación, y Ciudad Juárez es la Park Avenue del narcotráfico. Es la puerta por la que la mariguana, la cocaína y las anfetaminas de calidad industrial se mueven a través de la frontera y se cargan en camionetas que viajan al oeste o el este de EE UU por la carretera I-10, o al norte por la I-85. La magnitud de la brutalidad en Ciudad Juárez ha sido obscena: decapitaciones, masacres, cuerpos abandonados en barriles de petróleo. Pero ahora la ciudad está más tranquila. Durante el patrullaje policiaco solo unas cuantas personas andaban por allí. Las prostitutas posaban en las entradas a lo largo de aceras vacías, siguiendo con la cabeza a la camioneta policial mientras pasábamos, con las luces roja y azul encendidas.

El Chapo Guzmán hizo su jugada para arrancarle el control de Ciudad Juárez al cártel local hace aproximadamente seis años, y lo hizo con ayuda. Al final contrató a Manuel Fierro Méndez, capitán de la policía local, quien ha sido sentenciado a 27 años en una prisión de EE UU. Fierro Méndez fue uno de los informantes que Guzmán plantó en las fuerzas de la ley de EE UU. Sabemos esto porque Fierro Méndez después testificaría en una corte federal de EE UU, como testigo de la Fiscalía, que fue enviado por el cártel a la oficina del ICE en El Paso para dar inteligencia específica sobre los hombres que Guzmán trataba de eliminar.

“Usted estaba en una misión del Chapo para proveer información, ¿es correcto?”, le preguntaron en la corte en 2010. “Sí”, respondió él. Fierro Méndez dijo que él era como un “portavoz”, pasándole información del Chapo al ICE, “información que, obviamente, obtendríamos de los niveles superiores”. “¿El cártel de Sinaloa trataba de usar al ICE para eliminar a sus rivales en La Línea?”, le preguntó un fiscal. “Así es”, respondió Fierro Martínez. “¿Y el Chapo Guzmán estaba consciente de ello?”, se le preguntó al fin. “Es correcto”, dijo el exoficial de policía. No obstante, él dejó en claro que el cártel estrictamente le prohibió que proveyese algo sobre el cártel de Sinaloa. “¿Usted tenía permitido dar información sobre el Chapo?”. “No estaba permitido”, dijo el policía corrupto, “y no me lo preguntaron”. En otras palabras, según él testificó, los agentes del ICE con los que habló nunca le solicitaron que proveyese inteligencia sobre el jefe de su propia organización criminal.

Tal información sí llevó a redadas importantes contra narcotraficantes, lo cual ayuda a explicar por qué los agentes estadounidenses estaban tan ansiosos de seguir el juego. Sin embargo, los costos son claros. “Ahora el cártel de Sinaloa entiende cómo trabajamos, quiénes son nuestros agentes y qué queremos”, dice Payan, de la Universidad de Texas. “Nos están usando, y al final, ese cártel en particular va a salir de esto muy fuerte. El cártel de Sinaloa no solo está prácticamente intocado, sino que está ampliado... No tiene ninguna competencia mexicana. En casa es el rey”.

En total, por lo menos cinco figuras importantes del cártel de Sinaloa entraron a pie a la oficina del ICE en El Paso para transmitir información sobre el cártel de Juárez. Ellos proveyeron pistas sobre almacenes, rutas de drogas y asesinatos. Dieron información sobre a quiénes sobornaban sus enemigos y cuáles eran sus organigramas. Y ahora, como dice Payan, “el cártel de Juárez prácticamente ha quedado convertido en cenizas, y en gran medida esto se logró con inteligencia provista por el cártel de Sinaloa”. Un fiscal federal con oficinas en San Antonio, quien procesó casos en contra de algunos miembros del cártel de Sinaloa, incluidos los que ayudaron al ICE, coincide en ese punto. Le pregunté si la campaña de información del Chapo Guzmán ayudó al cártel de Sinaloa a apoderarse de Juárez. “Lo hizo”, dijo él. “De eso se trató todo esto: dada la intensidad de la lucha, ellos trataban de explotar cualquier cosa a su alcance para llevarse la mejor mano”.

En un caso actualmente en marcha en una corte federal en Chicago, los abogados de una alta figura del cártel de Sinaloa sostienen que la relación de la DEA con el abogado de Guzmán fue prácticamente una conspiración para darle al cártel de Sinaloa rienda suelta. Al argumentar enfrente del juez, un abogado insistió en que “el tal Loya no es un informante normal. Es un agente. Es un agente del cártel de Sinaloa”. En entrevista telefónica, Castanon, de la DEA, se negó a discutir el caso de Loya Castro. Las oficinas centrales de la DEA también dijero nque no podían comentar. David Gaddis, el funcionario de la DEA que supervisó las operaciones en México, no cuestiona que el cártel de Sinaloa tal vez haya engañado a la DEA, pero dice que nunca hubo un acuerdo de cooperación: “Negaré categóricamente que en algún momento la DEA protegiese el comportamiento del Chapo Guzmán”.

Con una investigación en marcha por el ICE sobre el comportamiento de sus agentes en Ciudad Juárez, más detalles podrían surgir pronto. Ninguna historia de espías es simple. Tampoco lo son las guerras entre los cárteles mexicanos. Aun cuando la violencia inconmensurable todavía estalla en gran parte de México, Ciudad Juárez está en cierta forma tranquila. Entonces, ¿una victoria brutal de Sinaloa sobre sus rivales lograda, al parecer, con la ayuda inconsciente de agentes de EE UU trajo una pausa en la violencia en esta aterrorizada ciudad fronteriza? Si es así, pocos creen que dure.

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