Nuestro país, visto como un paraíso para jefes narco y sus familias



Argentina, paraíso para jefes narco y sus familias


Escapan de Colombia perseguidos por la policía, la justicia y sus enemigos. El destino elegido para alejarse del foco del conflicto es la Argentina, donde importantes jefes narcos viven sin esconderse y con lujos similares a los de empresarios de primera línea. Pero no vienen al país para olvidarse de los negocios espurios, sino para expandir sus rutas, sus contactos y "blanquear" el dinero en emprendimientos legales.

"La Argentina es una plaza atractiva para los capos narco, sobre todo, porque se alejan de la zona de conflicto, y pueden instalarse y vivir con comodidades junto con sus familias. Para ellos es como un paraíso", afirmó a LA NACION un fiscal que investigó inversiones millonarias en el país de ciudadanos colombianos acusados de narcotráfico.

Henry de Jesús López Londoño, alias "Mi Sangre", fue el último en sumarse a la lista de presuntos jefes narco en ser descubiertos en el país. Fue detenido el martes pasado en la playa de estacionamiento de un restaurante de Pilar en su auto KIA Cerato, último modelo.

El secretario de Seguridad, Sergio Berni, definió a "Mi Sangre" como "el narcocriminal más buscado del mundo". Fuentes de la Policía Nacional de Colombia sostuvieron que López Londoño era el mayor proveedor de cocaína del temible cartel mexicano Los Zetas y uno de los principales financistas de Los Urabeños, una banda narcocriminal que controla el tráfico de drogas a través de la región de Urabá y parte del Caribe.

Como otros compatriotas sospechados de tener vínculos con el narcotráfico, "Mi Sangre" eligió la ciudad pueblo de Nordelta, en Tigre, para que su familia viviera. Él, por cuestiones de seguridad y contrainteligencia, se movía entre una estancia de Exaltación de la Cruz y un country de Pilar. "Los narcos colombianos se instalan e invierten en lujosos departamentos y amplias casas situadas en countries y toda está unido por una línea imaginaria que va desde Puerto Madero hasta Nordelta", graficó un fiscal que investiga a presuntos narcos colombianos.

La hipótesis de los investigadores es que al país sólo llegan las cabezas de las organizaciones narco.

"Varios narcos están fuera de Colombia y con el apoyo de las autoridades de cada país los estamos identificando para lograr su captura donde estén", dijo a LA NACION una alta fuente de la oficina de Interpol Colombia.

"Sabemos que hay otras personas al margen de la ley en todo el Cono Sur y buscando contactos en esos países", explicó.

Es que, según revelaron las fuentes, los jefes narco colombianos dejan a las estructuras medias de sus organizaciones en su país y buscan aquí personas sin antecedentes penales para poder moverse con impunidad. "Están instalándose en varios países y buscando «limpios» en requerimientos judiciales para el manejo y control de las operaciones narco."

Una vez en la Argentina, lejos de la justicia colombiana, los narcotraficantes no se olvidan del negocio. Al contrario, aprovechan su estadía para expandirlo más allá de Colombia y sus clásicas rutas. "Lo que quieren es ganar el mercado local argentino. Hay un gran interés por ese mercado", dijo a LA NACION uno de los investigadores colombianos, encargado de seguirles el rastro a los narcos fugitivos de su país.

Según la fuente, con el dinero de la venta de drogas en el mercado local los narcos buscan financiamiento para las rutas hacia Europa y Estados Unidos.

Las ganancias, producto de la venta de drogas en el mercado local y desde aquí al exterior -explicaron las fuentes consultas-, luego son invertidas en compraventa de propiedades, automóviles, emprendimientos hoteleros y empresas proveedoras de servicios a nivel internacional.

Así pasó en la investigación denominada Operativo Luis XV, en la que además de secuestrar 280 kilos de cocaína ocultos en muebles listos para ser enviados a Europa, la Superintendencia de Drogas Peligrosas, al mando del comisario inspector Néstor Roncaglia, y la Gendarmería Nacional desarticularon una banda de narcotraficantes colombianos que lavó activos en el país por 50.000.000 de dólares y había invertido en propiedades en Puerto Madero y en Nordelta, en campos, en automóviles de alta gama y empresas de distintos rubros.