Los atracones de alcohol en menores dañan el cerebro en un período único en cuanto al desarrollo de este órgano y ocasionan trastornos de la memoria y el aprendizaje.

Dos expertos estadounidenses, Aaron M. White, de la Universidad de Duke, y la profesora de la Universidad de California Susan F. Tapert, fueron los encargados de concretar esta afirmación. Así, White y Tapert señalaron dos áreas cerebrales especialmente vulnerables a los excesos de alcohol en los adolescentes: los lóbulos frontales y el hipocampo.

Los primeros son responsables, entre otras tareas, de la toma de decisiones y del control de los impulsos, mientras que del hipocampo dependen la formación de la memoria y el aprendizaje. "Los grandes bebedores adolescentes muestran volúmenes reducidos del hipocampo y de los lóbulos frontales", además de anormalidades en la respuesta cerebral a tareas cognitivas al compararlos con jóvenes no bebedores con un perfil sociodemográfico similar, según la especialista.

Tapert citó, entre otros, un estudio realizado a jóvenes de 15 y 16 años. Unos eran bebedores ocasionales frente a otro grupo de grandes bebedores. Los resultados fueron reveladores: los grandes bebedores retuvieron un 10% menos de información del material verbal y no verbal que se les había facilitado.

Además, según White, el exceso de alcohol en menores bloquea la plasticidad del cerebro —es decir, la capacidad de cambio con la experiencia— "más que cualquier otra droga".