Y llegó un día en el que Macri se hizo cargo

El jefe de Gobierno anunció que enviará una ley a la Legislatura para que se concrete el traspaso a partir del 1º de enero. Evitó definiciones sobre el futuro de la tarifa

EL PAÍS › LUEGO DE MESES DE NEGATIVAS, EL JEFE DE GOBIERNO ANUNCIÓ QUE ACEPTABA EL TRASPASO DEL SUBTE
Y llegó un día en el que Macri se hizo cargo


En una rueda de prensa, Macri lo justificó con críticas al gobierno nacional. Anticipó que enviará un proyecto de ley a la Legislatura, aunque no dio detalles de su contenido. Tampoco anticipó la tarifa que tendrá el servicio.

Buenos Aires
El jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, hizo el anuncio rodeado de funcionarios y legisladores que lo aplaudieron.


Por Werner Pertot

Y un martes 13 Mauricio Macri finalmente aceptó el traspaso del subte. El jefe de Gobierno dio una conferencia de prensa en la que, contra todas sus afirmaciones previas, admitió que era su responsabilidad hacerse cargo de la red de subterráneos. “No nos quedaba otra frente al autoritarismo y la negligencia del gobierno nacional”, se justificó. El líder del PRO esquivó las preguntas sobre si dispondrá un nuevo aumento de tarifa, algo que en Bolívar 1 dan por seguro. En su momento habló de 5,50 pesos. Ayer anunció que presentará un proyecto de ley ante la Legislatura, pero no dio detalles sobre si incluirá subsidios al subte y si impulsará para financiarlo la creación de nuevos impuestos a los combustibles o la suba de patentes y peajes. Se trata de alternativas que se venían discutiendo. Cerca de Macri sostuvieron que analizan también ir a la Justicia por las inversiones que le exigen al gobierno nacional.

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Macri no quiso dar detalles sobre el proyecto, pero dijo que requerirá 31 votos y pidió la colaboración de los opositores. El artículo 81 de la Constitución porteña indica que la Legislatura requiere mayoría absoluta para aprobar impuestos o autorizar la emisión de deuda. Desde la oposición porteña había expectativa ante la falta de información sobre qué contendrá ese proyecto de ley. El hermetismo con el que manejaron el anuncio –diversos funcionarios se lo negaron el lunes a este diario– se trasladó ahora a los detalles del proyecto.

En los últimos tiempos, el titular del Sbase, Juan Pablo Piccardo, y el subsecretario de Transporte, Guillermo Dietrich, estuvieron evaluando un paquete de alternativas, que incluyen subir los impuestos de patentes y la tarifa de AUSA para financiar el subte, crear un impuesto a los combustibles (que implicaría un aumento en todas las estaciones de la Ciudad) similar al que dispuso en Córdoba José Manuel de la Sota y un aumento de tarifa que está por verse. Macri sostuvo que el valor sin subsidios debería ser de 5,50 pesos. El problema es que si el valor se separa mucho del precio de los colectivos el subte se desfinanciará por la migración de pasajeros. En el proyecto de ley, también estarían interviniendo algunos legisladores PRO como Martín Ocampo.

Un año bajo la tierra

La disputa entre el gobierno nacional y el de la Ciudad por el traspaso de los subtes lleva casi un año. A fines de 2011, Cristina Fernández de Kirchner anunció que iba a traspasar la red de subterráneos, a lo que Macri respondió que necesitaban tiempo. En enero firmaron un acta-acuerdo por la que se transfirieron la potestad de fiscalización y control y la tarifaria. Macri la aplicó para subir el precio del pasaje de 1,10 a 2,50. Tras la tragedia de Once, en la que murieron 51 personas, rechazó el traspaso y los dos gobiernos se cruzaron denuncias judiciales. En agosto, el conflicto se trasladó a las paritarias y la disputa llevó al paro más largo en la historia del subte porteño.

Durante todo el año, Macri y sus funcionarios negaron que la Ciudad tuviera relación alguna con el subte. Le atribuyeron todos los problemas de desfinanciación y de infraestructura al gobierno nacional que, a su vez, planteó que el subte ya estaba en manos de la Ciudad. Ayer el jefe de Gobierno buscó cubrir la contradicción con críticas al kirchnerismo. Le reclamó los avales para endeudarse y dejó en claro que no renunciará a su exigencia de 10 mil millones de pesos en inversiones, por lo que podría ir a la Justicia. En la gestión PRO sostenían que no hay negociación con el gobierno nacional. Y que les avisaron del anuncio de Macri poco antes de que lo vieran por televisión.

La sorpresa fue la misma para parte de los legisladores macristas. Comandados por Cristian Ritondo, acababan de salir de una reunión con los metrodelegados en la que les anticiparon la medida cuando les llegó la noticia del anuncio y partieron raudos al palacio de Gobierno, donde se reunieron diputados –Gabriela Michetti estaba en primera fila– y el gabinete en pleno para escuchar a Macri.

Dudas con la tarifa

Con una expresión dura, Macri inició la conferencia con una retahíla de cuestionamientos al gobierno nacional, al que culpó por el fracaso de las negociaciones. “Había una voluntad de castigar a los que no votaron al oficialismo”, insistió el líder de PRO, quien aseguró que el paro fue “estimulado por el gobierno nacional”. Hizo público que encargó una auditoría al Metro de Barcelona, que seguramente el macrismo difundirá en los próximos días para apuntalar su estrategia. “El subte funciona mal, como parte de una mala gestión del gobierno nacional. Después de la tragedia de Once, la Presidenta no hizo una autocrítica sobre la corrupción y la falta de inversión”, afirmó Macri. Y dijo que el informe español confirma “el proceso de deterioro acelerado, especialmente de la línea A”. La empresa Metrovías le insistió al gobierno porteño durante buena parte de este año para que transfiriera los fondos nacionales con los que podía arreglar formaciones. Finalmente, un fallo de la Justicia obligó a los macristas a aceptar ese dinero.

“El gobierno nacional no tiene ningún interés en negociar. No tiene problema en poner a la gente como carne de cañón –dijo Macri al llegar al momento más complejo de su discurso, cuando debía admitir que aceptaría el subte–. Hemos llegado a la conclusión de que si no nos hacemos cargo del subte, lo que viene va a ser peor.” “La Presidenta está dispuesta a que, con una nueva paritaria, el subte se pare para siempre”, dijo Macri, que pasó por alto que no está resuelta ni siquiera la paritaria actual.

“He decidido que debemos iniciar el proceso para hacernos cargo del subte”, anunció, ante los aplausos de sus funcionarios. Relató que enviará un proyecto de ley a la Legislatura que, según dijo, todavía no terminaron de escribir. Luego se escabulló ante las preguntas sobre el aumento de tarifas: “Es un tema muy complejo, no nos apresuremos”, afirmó.

“Vamos a ser muy exigentes con la concesionaria y con los gremios, que no son los dueños del subte”, anunció Macri los nuevos conflictos que vendrán. La empresa del Grupo Roggio aseguró que tomará el traspaso con “actitud positiva” y recordó que el subte es seguro, a diferencia de lo que dice Macri. El metrodelegado Roberto Pianelli consideró que la decisión la tendría que haber tomado en enero de este año (ver página 4).
EL PAÍS › OPINIÓN
Tarde, pero impreciso


Por Mario Wainfeld

El jefe de Gobierno, Mauricio Macri, anunció que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) se hará cargo de los subtes. Asume tales obligaciones con retardo, a más de diez meses de rubricar un acta-acuerdo con el Estado nacional en el que asumía el mismo compromiso, de forma inmediata. Macri enviará un proyecto de ley a la Legislatura, en la que no tiene mayoría propia. Nada es seguro en este mundo, pero parece que contará con los apoyos necesarios.

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Imagen: Bernardino Ávila


Fiel a su estilo, “Mauricio” abundó en reproches al Gobierno y en alusiones genéricas a “la gente”. Trató de capitalizar en provecho propio la manifestación del jueves pasado. Amarreteó todo tipo de precisiones, empezando por qué tiene pensado hacer con las tarifas, montante de las inversiones que aspira a concretar y varios etcéteras. Nada dijo en su breve presentación: gambeteó las preguntas alusivas de los periodistas. Les explicó que el tema es complejo y que la ley debe ganar consenso de otras fuerzas en la Legislatura. Ese tramo es veraz, lo que no hubiera obstado a que Macri definiera en detalle cuál será su proyecto, que eventualmente deberá pasar por el tira y afloja de toda tratativa.

Sin agotar la problemática, esa ley (u otras futuras que la redondeen) debe agregar a su aspecto principal una ampliación del Presupuesto de 2013 que no asigna una chirola al subte. Y también la autorización a buscar financiación externa, que Macri deslizó reclamando desde ya el necesario aval del Estado nacional.

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Los años se hacen largos, en el recuerdo de las personas de a pie y aun en el de un cronista, forzadamente más atento a esas cuestiones. Da la impresión de que el acta-acuerdo se hubiera firmado juntamente con el Pacto de San José de Flores o, por la parte baja, el siglo pasado. Sucedió, sin embargo, el 3 de enero. El convenio es indeciblemente conciso. Su parte dispositiva se reduce a cinco artículos, que no suman más de treinta renglones. Más pobre que escueto, si se quiere. Pero no deja resquicio a dudas respecto de las obligaciones contraídas por el gobierno de Macri. El artículo primero es inequívoco: “La Ciudad ratifica en este acto la decisión de aceptar la transferencia de la Red de Subterráneos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”. Por si hiciera falta, el artículo segundo añade: “En consecuencia, la Ciudad asume a partir de la firma del presente el control y fiscalización en su totalidad así como el íntegro ejercicio de fijar las tarifas del servicio, incluyendo la facultad de establecerlas por decisión unilateral”. “En este acto”, “desde la firma del presente”... no cabe ninguna interpretación alternativa.

El sideral aumento del boleto decretado por el macrismo poco tiempo después fue un rotundo principio de ejecución, sólo admisible si lo decidía quien tenía a su cargo el servicio. Pero “Mauricio” se echó atrás, mascullando quejas y victimizándose. Los medios dominantes, para variar, lo arroparon. Ningunearon, sin mayor elegancia, la palabra escrita. Se valieron de subterfugios de lenguaje: “A Macri le tiraron el subte por la cabeza”, “fue obligado”. Curiosos republicanos los que moran en estas pampas: se llenan la boca exigiendo institucionalidad y apego a las normas... salvo cuando quien las vulnera lleva su propia camiseta, la amarilla.

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La pulseada con el gobierno nacional podría, hipotéticamente, haberse judicializado. La Corte Suprema es competente, de movida, en tales pleitos que enfrentan una provincia (con matices, la Ciudad Autónoma lo es) y la Nación. Ninguna de las dos partes lo hizo, para relativo alivio de los jueces del tribunal, que bastantes cuestiones políticas delicadas tienen que abordar, incluyendo los juicios de Santa Fe y Córdoba contra la Nación.

El kirchnerismo llevó el tema al Congreso nacional, que votó favorablemente el traspaso. La norma no tiene imperio en la CABA; su finalidad fue más bien agitar el sentimiento federal de las provincias contra el centralismo. El tópico no habrá sido pasión de multitudes, pero algo habrá magullado las pretensiones presidenciales de Macri su afán de defender un exclusivismo de los porteños.

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Para los usuarios del subte fue un año difícil. La suba del pasaje produjo una parcial emigración de usuarios al colectivo. Los conflictos sindicales dejaron demasiadas veces sin servicio a laburantes de Capital y el conurbano, que también lo usan masivamente. Hubo huelgas por plazos record. Las tratativas son pentapartistas: la empresa Metrovías (que se oculta tras los matorrales pero existe), los dos gobiernos enfrentados, la Unión de Tranviarios Automotor y el Sindicato de Trabajadores del Subte (que eso son a esta altura los originariamente apodados “metrodelegados”). Es un esquema endiablado, como tal funcionó.

Es de esperar que, al emprolijarse el esquema, algo pueda mejorar. Dependerá de la destreza de Macri para hacerse cargo de algo, toda una novedad en su gestión. Un rato antes del anuncio, el diputado PRO Cristian Ritondo se reunió con alguno de los “muchachos” del sindicato del subte, les comentó la movida y les pidió cooperación en el futuro. La respuesta fue coherente y previsible: la habrá mientras se respeten los derechos de los trabajadores. No será sencillo ese porvenir, todo un desafío para el jefe de Gobierno.

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Días atrás una muchedumbre se movilizó al Obelisco. Lo hizo sorteando pilas de basura y aspirando un hedor fétido. Los participantes tuvieron suerte: no llovió ese día y pudieron zafar de moverse a través de una ciudad inundada.

El anuncio llega pocas horas después de esa enésima demostración de ineficiencia del macrismo y de una marcha que le propone una base social a la cual interpelar en 2013 y 2015.

Tras un año entero en el que no tiene nada que mostrar en materia de realizaciones, llegará el 2013, con sus elecciones de medio término. Macri se ha establecido como referente y presidenciable opositor, condición de las que se escabulló en 2007 y 2011. Pero le queda mucho por hacer, en su territorio y en la Nación. Seguramente tomar, tarde pero impreciso, el comando del subte remite a ese cuadro de situación. Bien mirado, desde la perspectiva de sus propios intereses es asombroso que no lo hubiera hecho antes.

Hacerse cargo tiene sus riesgos, la molicie y la infancia de Antonia tienen sus encantos... pero el jefe de Gobierno está forzado a espabilarse y tomar algún toro por las astas. El rezongo, la narrativa familiar tocan su techo, aun con la amigable paciencia de los medios.

El 2013 podría servirle a Macri de trampolín a la escena nacional o a una pileta más o menos vacía, según pinte. La Ciudad debe renovar sus tres senadores nacionales. El PRO no tiene ninguno. Quedará muy en falsa escuadra si no gana las dos bancas de mayoría en el único distrito que gobierna y uno de los muy pocos donde cuenta con fuerza propia. Convencer a los ciudadanos de aquende y allende la avenida General Paz acaso valga el esfuerzo de salir de la pereza.

Para los usuarios puede ser una buena nueva que se comience a definir una situación que los damnifica. Depende en buena medida de la gestión capitalina, que hasta ahora sólo ha brillado por su ausencia.

“¿Y el boleto?”, preguntará el lector concernido, “¿cuánto va a costar?”. No le pidan peras al olmo, ni información certera a Macri.