Los verdaderos culpables de Cromañon están libres


Dirá la historia que a 11 años de aquel fatídico día, cuando la Justicia Social argentina se vio en jaque por una crisis monstruosa, se cometió un nuevo acto que la afectó directamente. La Cámara de Casación Penal resolvió que, de manera inmediata, se detenga a los condenados por la tragedia de República Cromañón.

¿Aníbal Ibarra, Rafael Levy, el jefe de la Policía, de Bomberos? Perdonen, pero si esto no fuera tan trágico es para reírse. La Justicia juzgó como únicos responsables de la Tragedia –así se traduce de las condenas- a los músicos de Callejeros (banda ya disuelta), el gerenciador del boliche, Omar Chabán, el Manager de la banda, Diego Argarañaz, y los ex funcionarios porteños Fabiana Fizbin (cuatro años), a Ana María Fernández (tres y medio) y Gustavo Torres (tres y nueve meses). Además, subió de seis a ocho años la cárcel para el ex subcomisario Carlos Rubén Díaz.

¿Ibarra? En la Legislatura porteña, criticando a Mauricio Macri, un tipo que arma pequeños Cromañón semana a semana (Beara, el derrumbe de Mitre, etc). El muerto, riéndose del degollado, ponele. ¿Rafael Levy? Bueno, Levy debe estar panza arriba en una playa paradisíaca.

Lo triste no es eso –que ya de por sí es bastante chocante- lo triste es que la gran mayoría de los que “festejan” este fallo no tienen ni la más puta idea de quien es Rafael Levy, un hijo de puta diplomado. Levy es el verdadero dueño del circo. Dueño de República Cromañón y el hotel lindero –principal razón por la cual las puertas que daban hacía allí estaba con candado, para no mezclar a los “negritos” con la gente que estaba en el hotel-. Levy se las ingenió para que la “Justicia” juzgará que él, dueño del lugar y de todo lo que rodeaba prácticamente, ni siquiera haya sido juzgado como debía.


Es que, aunque parezca que no, República Cromañón coció en las entrañas de este largo, desgastante, ridículo y nefasto proceso judicial un caldo de cultivo aún más negro que el humo que quemó los pulmones de algunas de las 194 víctimas fatales.

Los “Ingredientes” son varios y variados: Padres comprados, que vendieron su “dolor” por un departamento, un auto o dinero. Sobrevivientes juzgados por sobrevivir, músicos perseguidos, casi lapidados, por intentar seguir viviendo y tocando, sin tener en cuenta dos hechos tan crudos como reales: ellos también son sobrevivientes y la Justiciano había expedido ningún falló que les prohibiera seguir tocando.

En medio de todo ese tire y afloje, esa batalla de miserias entre víctimas –acá no hubo victimarios, eh- había personas. Personas que sufrían, mientras los encargados de hacer “justicia” con ese sufrimiento elucubraban un fallo ridículo y la opinión pública, motivada por estos padre$ dolorido$, los únicos que tuvieron micrófono y televisión en vivo y en directo de sus lágrimas, viraba el foco hacia las únicas cabezas visibles, los únicos culpables, los que, para la mayoría, armaron Cromañón, lo pensaron fríamente y lo llevaron a cabo: Patricio Rogelio Santos Fontanet y Omar Chabán. Del resto, políticos, funcionarios, inspectores municipales y empresarios nadie se acordó o bien hicieron que se olviden. Se hicieron los boludos, bah. Bien los boludos se hicieron.

Cromañón fue un trabajo fino, muy fino. Un continúo bombardeo para “elegir” a los culpables, limpiar de culpas a los que convenía limpiar y, de paso, ir alimentando el olvido. Para que de esos más de cientos de miles del 30 de diciembre de 2005, se vaya minando el campo, preparando todo para dejarlo ir, soltar el recuerdo que una noche, tremendamente calurosa, en la cual la negligencia, la estupidez, la hija putez y la corrupción de nuestra clase dirigente y de los hombres de traje y corbata, mató a 194 personas en Cromañón. Pero es más sencillo, más “vendible” y mucho más conveniente decir que el causante de todo fue el rock o la música o una mezcla de ambas. En este país, John Lennon hubiese tenido culpa que lo mataron y Mark David Chapman sería una víctima de él…

A los sobrevivientes los –nos- dejaron solos. Solos como aquel Don Quijote que batallaba contra los Molinos de Vientos. Contra los padres que hostigaban, los medios que malinformaban, la opinión pública, campeona en eso de opinar per se y la casi exigencia de sentirse responsable y/o culpable por seguir respirando. En ese lugar también quedaron los padres que de verdad siguen sufriendo por lo que allí pasó. Esos que hicieron del silencio y el ostracismo el tributo más puro a sus hijos que ya no están. También víctimas de la tragedia.

El 30 de diciembre de 2012 se cumplirán 8 años de la mayor tragedia no natural dela República Argentina. Así, con letras catástrofe, como le gusta a los medios. ¿Qué cambió? Nada, aunque para la señora con ruleros festeje que Pato esté preso sea la Justicia más preciada y el símbolo de que, en este país, la Justicia tarda pero llega. ¿Qué dirá Susana Trimarco de ese pensamiento, no? Lo de la Justicia de Tucumán indignó, este fallo también indigna.


Indigna a los que sobrevivieron a las llamas y el humo negro de aquella noche, indigna a los padres que eligieron acompañar a los sobrevivientes y no lapidarlos, indigna a aquel que sabe, de verdad, qué hay dentro de Cromañón, el dolor y el “dolor”. Debería indignarnos a todos por igual. Se cortó la cadena de responsabilidades, se metió en cana a los “perejiles” mientras que los peces gordos ocupan cargos políticos o ni siquiera se les conoce la cara. Indigna. Duele. Molesta. Perturba. Da ganas de mandar todo a la concha de su madre.

Lo peor de todo es la cantidad de gente que cree que esto es la Justicia. Que con esto la sociedad argentina salda su deuda con Cromañón, que con esto nunca más va a pasar nada en este país, que mágicamente todos van a controlar a nuestros hijos –y sus hijos y los hijos de sus hijos- y que nada más pasará.

Bueno, vale recordarles que acá pasó Beara, acá pasó el derrumbe de Bartolomé Mitre, acá se murieron 51 personas en Once, acá siguen apagando los aires acondicionados para vender más alcohol en los boliches. Acá, en Argentina. Y todo fue después del 30 de diciembre de 2004. Acá nada se aprende, todo se transforma. Ya pasaron 8 años, hay otra generación que va a recitales, que sale de noche, que va a bailar y que viaja en subte. Bueno, esa generación está tan desprotegida como aquella que sufrió un golpe de knockout a sus sueños e inocencia aquella noche.

La Cámara de Casación hizo la fácil. Hizo lo que el circo romano le pedía. Le bajó el pulgar a los “Callejeros” y a Chabán. De los funcionarios casi nadie sabe el nombre, mucho menos que Fabiana Fizbin tiene vínculo directo con Aníbal y Vilma Ibarra, además de Alberto Fernández. A nadie le importa. Esos son apellidos pesados y no hay que tocarlos. Que no se les ocurra… Ya están los “perejiles” ¿Para qué seguir agitando el avispero?.

No habrá jamás Justicia para República Cromañón. 194 almas arrancadas porque sí no encontrarán jamás Justicia, porque los que pasó fue tan pero tan injusto que no existe Justicia terrenal capaz de remediarlo. Mucho menos lo harán con este fallo selectivo y facilista. Nadie dice que ni los músicos, ni Chabán ni los condenados estén bien o mal condenados, sólo que faltan muchos platos en esa mesa. El garrón se lo comen entre unos pocos, mientras afuera, los más responsables y culpables, siguen con su vida como si nada.

Habrá que ver si Dios lo deja dormir a Ibarra, o a Levy, dónde quiera que esté. De esa Justicia no se salva nadie.La JusticiaDivina, la que te juzga sin ver qué tanta plata tenés en el banco o que cargo político ocupás.La Justicia que realmente será la que determine el castigo para quienes perpretaron esta terrible e inenarrable tragedia. Acá, en la tierra, por ahora, sólo hay “Casi Justicia Social”. Quién diría que ese nombre sería premonitorio, ¿no?.

Ah, los que están chochos no se olviden de levantar la copa y brindar por este logro: Pato Fontanet, Callejeros y Omar Chabán presos. Albricias. Argentina ya es un país mejor. Entre brindis y brindis, abrazo y abrazo, festejo y festejo, háganse un favor, busquen en Google: Rafael Levy. Todavía pueden arrepentirse de lo que creen. Y sino, que Dios los ayude.

Javier Garcia



Comentarios absurdos y mal intencionados serán borrados